jueves, 23 de junio de 2016

LA ABSURDA E INFANTIL REBELDÍA JUVENIL

“La estupidez es un problema feo. Siempre me ha fascinado la estupidez del ser humano. La mía propia, por descontado; pero también todas aquellas clases de actitudes necias y errores detestables que echan a perder tantas horas de nuestra vida cotidiana, generando no poca angustia. Es habitual que atribuyamos la culpa de las malas decisiones a la perversidad intencionada, el egoísmo, la astucia pérfida, la megalomanía, etcétera. Y ahí están, desde luego, en cantidades asombrosas. Pero cualquier estudio atento de la historia, al igual que la observación de los hechos actuales, nos conduce hasta una conclusión invariable: la principal fuente única de errores terribles es la pura y simple estupidez.

Aun así, es evidente que la estupidez existe y nos rodea con una intensidad muy superior a la que se apunta en nuestras peores pesadillas. En realidad, la necedad mueve el mundo, hecho claramente demostrado por la forma en la que el mundo se mueve y cómo la estupidez humana causa la mayoría de nuestros problemas. Incluso las personas inteligentes pueden ser muy estúpidas”.   (Lucien Jerphagnon)


COMENTARIO

Un amigo mío que tenía unos hijos rebeldes me decía que la estupidez humana se concentraba fundamentalmente en los adolescentes. Yo le dije: “entonces todos hemos sido estúpidos” y él me contestó: “y lo peor es que otros continúan siéndolo aunque hayan pasado los años”

Al margen de las opiniones o interpretaciones que puedan hacerse con respecto a la realidad de la estupidez humana, en los ambientes educativos se debe poner el acento en la situación de inmadurez por la que pasan la mayoría de adolescentes con una rebeldía, que ellos mismos calificarían, con el paso de los años, de estúpida. Es bueno advertirles esto para que puedan corregirse a tiempo y eviten los desatinos que hacen sufrir a los padres y a las personas que los quieren. 

La estupidez más clamorosa es la desobediencia irresponsable al buen consejo que reciben, el “no me da la gana de hacerlo” “yo soy libre y hago lo que quiero” dicho así sin ninguna razón objetiva resulta una ridícula estupidez porque ellos mismos se perjudican.  Si un adolescente supera esta etapa y empieza a obedecer a los consejos que son para su propio bien da un salto increíble en la calidad de su vida y siente que ha conquistado la libertad. Resulta fatal y penoso cuando un joven no consigue madurar y vive encerrado en la esclavitud de una terquedad ridícula. 

Hoy, lamentablemente, hay personas que llegan a los 40 años, y hasta más, sin haber logrado la cordura y la sensatez de una persona mayor. Es un problema de educación.


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