LA ABSURDA E
INFANTIL REBELDÍA JUVENIL
“La estupidez es un problema feo. Siempre me ha fascinado la
estupidez del ser humano. La mía propia, por descontado; pero también todas
aquellas clases de actitudes necias y errores detestables que echan a perder
tantas horas de nuestra vida cotidiana, generando no poca angustia. Es habitual
que atribuyamos la culpa de las malas decisiones a la perversidad intencionada,
el egoísmo, la astucia pérfida, la megalomanía, etcétera. Y ahí están, desde
luego, en cantidades asombrosas. Pero cualquier estudio atento de la historia,
al igual que la observación de los hechos actuales, nos conduce hasta una
conclusión invariable: la principal fuente única de errores terribles es la
pura y simple estupidez.
Aun así, es evidente que la estupidez existe y nos rodea con una
intensidad muy superior a la que se apunta en nuestras peores pesadillas. En
realidad, la necedad mueve el mundo, hecho claramente demostrado por la forma
en la que el mundo se mueve y cómo la estupidez humana causa la mayoría de
nuestros problemas. Incluso las personas inteligentes pueden ser muy estúpidas”.
(Lucien Jerphagnon)
COMENTARIO
Un amigo mío que tenía unos hijos rebeldes me decía que la
estupidez humana se concentraba fundamentalmente en los adolescentes. Yo le
dije: “entonces todos hemos sido
estúpidos” y él me contestó: “y lo
peor es que otros continúan siéndolo aunque hayan pasado los años”
Al margen
de las opiniones o interpretaciones que puedan hacerse con respecto a la
realidad de la estupidez humana, en los ambientes educativos se debe poner el
acento en la situación de inmadurez por la que pasan la mayoría de adolescentes
con una rebeldía, que ellos mismos calificarían, con el paso de los años, de estúpida. Es bueno advertirles esto para
que puedan corregirse a tiempo y eviten los desatinos que hacen sufrir a los
padres y a las personas que los quieren.
La estupidez más clamorosa es la
desobediencia irresponsable al buen consejo que reciben, el “no me da la gana de hacerlo” “yo soy libre
y hago lo que quiero” dicho así sin ninguna razón objetiva resulta una
ridícula estupidez porque ellos mismos se perjudican. Si un adolescente supera esta etapa y empieza
a obedecer a los consejos que son para su propio bien da un salto increíble en
la calidad de su vida y siente que ha conquistado la libertad. Resulta fatal y
penoso cuando un joven no consigue madurar y vive encerrado en la esclavitud de
una terquedad ridícula.
Hoy, lamentablemente, hay personas que llegan a los 40
años, y hasta más, sin haber logrado
la cordura y la sensatez de una persona mayor. Es un problema de educación.
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