ECUMENISMO DE LUCHA CONTRA LA GUERRA SUCIA
“Para el
liberalismo contemporáneo el papel de la Iglesia en las noticias es
generalmente el de una institución que coacciona, oprime e impone, mientras que
del otro lado están las personas vulnerables y los grupos de víctimas de
distinto tipo…La ética de la autonomía, imperante en la cultura de Occidente,
se opone frontalmente a que la religión tenga voz en la vida pública: la
religión debería ser un asunto privado…se dice a los católicos que la Iglesia
no tiene derecho de “imponer” sus creencias ni de “entrometerse” en política….Las
izquierdas políticas rechazan la oposición de la Iglesia a las iniciativas para
reconocer y amparar los derechos reproductivos…en cambio ven con buenos ojos
sus esfuerzos por acabar con la pena de muerte…Las derechas políticas asienten
cuando la Iglesia trabaja para que se proteja la libertad religiosa, pero no
están contentos cuando se critica el capitalismo de mercado o cuando defiende
el derecho de los inmigrantes….” (Austen Ivereigh y Yago de la Cierva, “Como defender la fe” pp.
15-26)
COMENTARIO
La Iglesia ha
caminado desde su fundación con el signo de contradicción. Ha sido perseguida
en todas las épocas de la historia. Han sido pocos y excepcionales los períodos
de esplendor. Desde niños nos han enseñado, en
el catecismo elemental, el sufrimiento de Cristo en la cruz, acompañado de
miles de mártires a lo largo de la historia y de innumerables santos que dieron
su vida al servicio de la Iglesia por el bien y la salvación de las almas.
La presencia del
mal ha sido también constante a lo largo de la historia. El hombre, el ser más inteligente de la creación, ha
sido también el más brutal a la hora de destruir y de hacer daño. ¿Qué hay en
el hombre que lo vuelve el peor animal? La Iglesia nos enseña con la Sagrada
Escritura, el libro más importante del
mundo, que existe el pecado y que éste anida dentro del hombre y que la
manera de erradicarlo es acudiendo a Jesucristo, que está en la Iglesia con los
sacramentos. La Iglesia está para salvar a los hombres del mal y llevarlos a
buen puerto. Esa es la misión de Jesucristo y de la Iglesia en todos los
tiempos.
A través de la
Iglesia aprendemos que existe el demonio, el príncipe del mal y de la mentira.
Quien piense que la Iglesia amenaza con el miedo para que los débiles mentales
obedezcan como corderitos, puede padecer de una gran ignorancia religiosa, o de
alguna limitación mental, que siempre es
corregible, también podría tratarse de una persona que ha dejado que las fuerzas del mal penetren en
su alma y se notará en su vida y costumbres, por un odio inexplicable contra la
religión, la Iglesia y los cristianos, que se ha visto en todas las épocas y
también ahora.
Hoy por para
defenderse de los ataques a la familia y a la vida, orquestados por entidades financieras de gran poder en el mundo, que
están amparadas por programas de gobiernos y por las grandes empresas del poder
mediático, la Iglesia organiza,
desde hace unos años, una marcha para defender la vida, y la de Lima es una de
las más grandes del mundo. Últimamente se han unido para defender los valores
de la familia otras confesiones cristianas con marchas similares. Estás
iniciativas son históricas y a la vez están significando un progreso en el
ecumenismo para lograr, cuando Dios
quiera, la unidad entre todos los cristianos.
Gracias a Dios, el
sentido común que impera en los que asisten a las marchas, y el de la mayoría
de personas sensatas, que viven de acuerdo a los valores de la familia, son una
fuerza muy grande, que está logrando, (en algunos países ya lo logró), ganar batallas importantes para que no se introduzcan
ideologías que atenten contra la estabilidad de los hogares y que son un grave
peligro para la sociedad.
No hay más que
observar la gran diferencia que existe entre las personas de una familia
tradicional, que siempre se ha
considerado normal, y lo que ahora
se quiere inventar con la llamada ideología de género, que presenta “modelos”
de vida confusos y problemáticos, con una secuela de vivencias que dejan mucho
que desear, por las consecuencias que están apareciendo, de una originalidad
antiestética y antinatural que da pena. El exceso de artificialidad de estas
posturas no calza con la antropología del ser humano. Es como quererse poner, por rebeldía, un zapato en la cabeza y
decir que es un sombrero. Son planteamientos absurdos y ridículos, que aunque no tienen futuro por su
inconsistencia, están haciendo mucho daño a la población.
Se puede engañar
por un tiempo, pero no siempre. Igual que el comunismo, que engaño una
temporada y después cayó, sucederá con esta ideología que no tiene sustento
científico y mucho menos moral. Es una pérdida de tiempo con un costo muy
elevado de vidas rotas que habrá que recomponer.
Mientras todo esto
ocurre, ¡vamos a unirnos más todos los que defendemos la vida y los valores del
cristianismo!, porque de ese modo encontraremos las luces necesarias para
caminar con seguridad en medio de las tinieblas de un mundo mentiroso y sucio. (P. Manuel Tamayo)
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