miércoles, 15 de marzo de 2017

ECUMENISMO DE LUCHA CONTRA LA GUERRA SUCIA

“Para el liberalismo contemporáneo el papel de la Iglesia en las noticias es generalmente el de una institución que coacciona, oprime e impone, mientras que del otro lado están las personas vulnerables y los grupos de víctimas de distinto tipo…La ética de la autonomía, imperante en la cultura de Occidente, se opone frontalmente a que la religión tenga voz en la vida pública: la religión debería ser un asunto privado…se dice a los católicos que la Iglesia no tiene derecho de “imponer” sus creencias ni de “entrometerse” en política….Las izquierdas políticas rechazan la oposición de la Iglesia a las iniciativas para reconocer y amparar los derechos reproductivos…en cambio ven con buenos ojos sus esfuerzos por acabar con la pena de muerte…Las derechas políticas asienten cuando la Iglesia trabaja para que se proteja la libertad religiosa, pero no están contentos cuando se critica el capitalismo de mercado o cuando defiende el derecho de los inmigrantes….” (Austen Ivereigh y Yago de la Cierva, “Como defender la fe” pp. 15-26)


COMENTARIO

La Iglesia ha caminado desde su fundación con el signo de contradicción. Ha sido perseguida en todas las épocas de la historia. Han sido pocos y excepcionales los períodos de esplendor. Desde niños nos han enseñado, en el catecismo elemental, el sufrimiento de Cristo en la cruz, acompañado de miles de mártires a lo largo de la historia y de innumerables santos que dieron su vida al servicio de la Iglesia por el bien y la salvación de las almas.

La presencia del mal ha sido también constante a lo largo de la historia. El hombre, el ser más inteligente de la creación, ha sido también el más brutal a la hora de destruir y de hacer daño. ¿Qué hay en el hombre que lo vuelve el peor animal? La Iglesia nos enseña con la Sagrada Escritura, el libro más importante del mundo, que existe el pecado y que éste anida dentro del hombre y que la manera de erradicarlo es acudiendo a Jesucristo, que está en la Iglesia con los sacramentos. La Iglesia está para salvar a los hombres del mal y llevarlos a buen puerto. Esa es la misión de Jesucristo y de la Iglesia en todos los tiempos.

A través de la Iglesia aprendemos que existe el demonio, el príncipe del mal y de la mentira. Quien piense que la Iglesia amenaza con el miedo para que los débiles mentales obedezcan como corderitos, puede padecer de una gran ignorancia religiosa, o de alguna limitación mental, que siempre es corregible, también podría tratarse de una persona que  ha dejado que las fuerzas del mal penetren en su alma y se notará en su vida y  costumbres, por un odio inexplicable contra la religión, la Iglesia y los cristianos, que se ha visto en todas las épocas y también ahora.

Hoy por para defenderse de los ataques a la familia y a la vida, orquestados por entidades financieras de gran poder en el mundo, que están amparadas por programas de gobiernos y por las grandes empresas del poder mediático, la Iglesia  organiza, desde hace unos años, una marcha para defender la vida, y la de Lima es una de las más grandes del mundo. Últimamente se han unido para defender los valores de la familia otras confesiones cristianas con marchas similares. Estás iniciativas son históricas y a la vez están significando un progreso en el ecumenismo para lograr, cuando Dios quiera, la unidad entre todos los cristianos.

Gracias a Dios, el sentido común que impera en los que asisten a las marchas, y el de la mayoría de personas sensatas, que viven de acuerdo a los valores de la familia, son una fuerza muy grande, que está logrando, (en algunos países ya lo logró), ganar batallas importantes para que no se introduzcan ideologías que atenten contra la estabilidad de los hogares y que son un grave peligro para la sociedad.

No hay más que observar la gran diferencia que existe entre las personas de una familia tradicional, que siempre se ha considerado normal,  y lo que ahora se quiere inventar con la llamada ideología de género, que presenta “modelos” de vida confusos y problemáticos, con una secuela de vivencias que dejan mucho que desear, por las consecuencias que están apareciendo, de una originalidad antiestética y antinatural que da pena. El exceso de artificialidad de estas posturas no calza con la antropología del ser humano. Es como quererse poner, por rebeldía, un zapato en la cabeza y decir que es un sombrero. Son planteamientos absurdos y ridículos, que aunque no tienen futuro por su inconsistencia, están haciendo mucho daño a la población.

Se puede engañar por un tiempo, pero no siempre. Igual que el comunismo, que engaño una temporada y después cayó, sucederá con esta ideología que no tiene sustento científico y mucho menos moral. Es una pérdida de tiempo con un costo muy elevado de vidas rotas que habrá que recomponer.


Mientras todo esto ocurre, ¡vamos a unirnos más todos los que defendemos la vida y los valores del cristianismo!, porque de ese modo encontraremos las luces necesarias para caminar con seguridad en medio de las tinieblas de un mundo mentiroso y sucio. (P. Manuel Tamayo)

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