EL REPUDIO IDEOLÓGICO
“La libertad es
maravillosa, imprescindible, pero lo que verdaderamente hace libre al ser
humano es la verdad” (Miguel Ángel Velasco, “La luz brilla en las tinieblas”, p. 64)
“Las ideologías
modernas, con su carga utópica destructora, jamás podrán borrar, por mucho que se esfuercen, los
interrogantes y deseos de plenitud y de felicidad que habitan en el corazón de
cada ser humano” (Miguel Ángel Velasco, La luz brilla en las tinieblas, p. 65).
“Hay verdades que
no responden a consensos ni a votaciones parlamentarias, ni a mayorías ni a
minorías, que no son de derechas ni de izquierdas, ni siquiera de centro, sino
de una dimensión superior y mucho más elevada” (Miguel Ángel Velasco, La luz brilla en las tinieblas, p.67)
COMENTARIO
Las ideologías
pueden crear una mentalidad de repudio en las personas. Esto es lo que ha
ocurrido a lo largo de la historia por el influjo de corrientes antagónicas que
se pusieron en boga causando divisiones, peleas y guerras en todo el mundo.
La verdad no es una
ideología y por lo tanto no se parcializa para un determinado grupo, es para
todos igual, y en vez de causar divisiones y peleas, une a los seres humanos y consigue
que se quieran.
La peor tragedia
que le puede ocurrir al mundo es cuando crece una ideología que se opone a la
verdad. Ésta tiene dos efectos catastróficos: la creación de una mentalidad
anti verdad (repudio ideológico contra lo bueno, que es un veneno contra el
amor limpio y noble) y la creación del reino de la mentira, de lo falso y de la
trafa continua y contagiosa.
Una ideología
mentirosa es la causa eficiente del repudio y el egoísmo la causa material; o
sea si la persona ha sido educada como un “príncipe” (le han consentido todo, le dan lo que él pida, lo engríen), lo han
engañado porque se creerá más de lo que es, y además se puede decir que está
“preparado” para ser un liberal
extremista, porque querrá hacer lo que a él le da la gana y no aceptará ninguna
obligación. Y si el consenso de las mayorías responde a una ideología que
defiende esos “derechos”, surge fácil el repudio ideológico contra lo más bueno,
para defender lo más cómodo y placentero, que se convierte en una fuente más para
tener poder.
Ya ocurrió en
tiempos de Jesucristo cuando los hombres lo rechazaron, repudiando su doctrina.
Las mismas autoridades de la época lo condenaron y le dieron pena de muerte.
Como el hombre es el mismo, la historia se repite. La mentalidad social ya está
expulsando a Dios y escogiendo a Barrabás.
Es muy fácil que la
verdad se pierda en una selva de mentiras tejida con razonadas de falsos
intelectuales y seudocientíficos que miran más sus beneficios y negocios que la
verdad que todos debemos aceptar aunque nos cueste.
Los paraísos
terrenales que pintan esos escribidores liberales
son utopías que podrían formar parte de una buena colección de libros de fantasía.
Lo triste es la credulidad de millones de personas que están siendo engañadas
miserablemente y en nuestras propias narices, pensando que están en lo cierto.
El odio sembrado
estremece negativamente hasta que la intoxicación produzca la indignación
suficiente para poner de lado a Dios y a la Iglesia y en una segunda instancia
convertirse en perseguidores de quienes defienden la sublime doctrina
cristiana. (P. Manuel
Tamayo)
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