TORRENTE DE SOLIDARIDAD ¿y
después?
“Tras el rezo del
Angelus en la plaza de San Pedro, el
Papa Francisco expresó su cercanía “a la
querida población del Perú, duramente afectada por devastadoras inundaciones.
“Rezo por las víctimas y por quienes se afanan en ofrecer socorro”, agregó.
El tenor nacional Juan Diego Flores hizo
un llamado a todos los países para que envíen su ayuda humanitaria en favor de
los damnificados. En su cuenta de Facebook, apeló “a la sensibilidad de la comunidad internacional para que haga sus
donaciones y así aliviar el sufrimiento de las personas afectadas por los
últimos desastres naturales ocurridos en el Perú”. En tanto, el cantautor
Gianmarco anunció también que volverá a grabar su tema y los fondos irán a los
damnificados. Desde el extranjero se están enviando ayudas: Ecuador envió un
avión con ayuda humanitaria para los damnificados del norte. Hoy estarían en
Lima las colaboraciones de Colombia (prestará
helicópteros para llegar a pequeños poblados), Argentina y Chile. También
han ofrecido su aporte Estados Unidos, Canadá, Unión Europea, Brasil, Paraguay,
Bolivia, Turquía y Venezuela”. (El Peruano, 20-III-2017).
COMENTARIO
Y los peruanos, ¿qué hacemos? Nunca había ocurrido en el
Perú, a nivel nacional, una tragedia como la que estamos viviendo por los
embates de una naturaleza agresiva y aparentemente despiadada y cruel.
Para muchos
encuestados, en estas circunstancias de
tragedia, la culpa no es de la naturaleza sino de los hombres que no han
sabido orientar las cosas para que las tragedias no ocurran, como lo han hecho
otros países del mundo, que tienen habitualmente climas mucho más duros.
El Papa Francisco
en la “Laudato Si” le reclama al
hombre una mejor conducta para cuidar la casa del mundo, para que ésta pueda
ser habitable y esté en capacidad de dar sus mejores recursos para todos. El
hombre que trabaja bien cuidando la naturaleza, consigue de ella las mejores
riquezas para ser repartidas entre las poblaciones en el mundo entero.
Los descuidos del
hombre, por ignorancia o dejadez, se
pagan caro. El ser humano necesita ser educado para que aprenda a vivir con la
naturaleza en sus distintas manifestaciones: cuando es pródiga alcanzando sus
recursos a miles de pobladores y cuando se desata con una furia descomunal con marejadas, tormentas, huaycos y terremotos.
Conocer bien la naturaleza es tener cultura. No hay que olvidar que el ser
humano es parte de la naturaleza.
Cuando el hombre
no tiene una buena relación con la naturaleza y por lo tanto no la conoce bien,
se producen las tragedias con muertes, damnificados y pérdidas millonarias. El
hombre que no supo prevenir para evitar estos embates, que siempre ocurren, aunque hayan pasado muchos años, se
encuentra sorprendido y atacado por su propio desorden.
Los espectáculos
dantescos que estamos viendo mueven a las lágrimas y a la indignación. Para
muchos es una mezcla de sentimientos que conducen a la solidaridad del momento:
la pena de ver sufrir al que lo ha
perdido todo, el coraje de querer sacar a alguien de un peligro, el orgullo de
sentirse voluntario cuando la tragedia apremia, la indignación por lo que no se
hizo, el resentimiento contra el que no puso suficiente esfuerzo. Las quejas y
reclamos constantes que proceden de un sentimiento de soledad o de no saber qué
hacer.
Otros, tal vez con más experiencia, tienen sentimiento
de fastidio por no haberse previsto las cosas a tiempo y una molestia interna, pensando
en que después, cuando terminen estos
momentos duros, la pasividad y el olvido vuelvan a aflorar en la mayoría de
los peruanos y se caiga en una nueva y prolongada etapa de indolencia.
El Perú necesita
la reconstrucción de los peruanos. Por un lado las obras de ingeniería
necesarias para combatir los embates: buena
infraestructura de las casas, puentes y carreteras y una educación de todos
los peruanos para que sean precavidos y más trabajadores. Haría falta una gran
cruzada para que todos los peruanos salgan de la ignorancia y de la miseria. La
ignorancia impide el desarrollo.
Hoy muchos
estamos destacando la solidaridad que está habiendo en estos momentos
difíciles. Es ejemplar y loable. En
otras ocasiones, como en los terremotos
por ejemplo, la solidaridad aparece de una manera increíble. Es como si el
peruano se despertara para hacer lo que nunca hizo. Pero cuando pasan los días
y ya no hay tragedia esa solidaridad desaparece de una manera misteriosa y
vuelve nuevamente la delincuencia, la inseguridad, la soledad, los abandonos.
Es necesario
educar la cabeza y la voluntad de las personas para que éstas no se muevan solo
por el sentimiento. Se necesitan cabezas que piensen a largo plazo. Sobran los
políticos que quieren hacer sus proyectos para lucirse ellos. Peor son los que
buscan lucrar con el dinero de los peruanos. ¡Cuánto tendrán que pagar en el juicio de Dios! Apuntemos a un país
de gente honrada que quiere el bien de todos. Esa es la esperanza de una verdadera
reconstrucción y habría que decir, usando una arenga deportiva: ¡sí se puede!
Por supuesto que
hay que escoger la esperanza antes que el pesimismo, pero la esperanza es una
virtud que tiene un fundamento en cada persona. No son frases sueltas de
entusiasmo lanzadas al aire. Es la fidelidad del que está comprometido con una
causa noble que vale la pena, como sacar adelante un país por un amor sincero a
la Patria y no a la plata. (P. Manuel Tamayo)
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