miércoles, 22 de marzo de 2017

TORRENTE DE SOLIDARIDAD ¿y después?

“Tras el rezo del Angelus en la plaza de San Pedro, el Papa Francisco expresó su cercanía “a la querida población del Perú, duramente afectada por devastadoras inundaciones. “Rezo por las víctimas y por quienes se afanan en ofrecer socorro”, agregó.  El tenor nacional Juan Diego Flores hizo un llamado a todos los países para que envíen su ayuda humanitaria en favor de los damnificados. En su cuenta de Facebook, apeló “a la sensibilidad de la comunidad internacional para que haga sus donaciones y así aliviar el sufrimiento de las personas afectadas por los últimos desastres naturales ocurridos en el Perú”. En tanto, el cantautor Gianmarco anunció también que volverá a grabar su tema y los fondos irán a los damnificados. Desde el extranjero se están enviando ayudas: Ecuador envió un avión con ayuda humanitaria para los damnificados del norte. Hoy estarían en Lima las colaboraciones de Colombia (prestará helicópteros para llegar a pequeños poblados), Argentina y Chile. También han ofrecido su aporte Estados Unidos, Canadá, Unión Europea, Brasil, Paraguay, Bolivia, Turquía y Venezuela”. (El Peruano, 20-III-2017).


COMENTARIO

Y los peruanos, ¿qué hacemos? Nunca había ocurrido en el Perú, a nivel nacional, una tragedia como la que estamos viviendo por los embates de una naturaleza agresiva y aparentemente despiadada y cruel.

Para muchos encuestados, en estas circunstancias de tragedia, la culpa no es de la naturaleza sino de los hombres que no han sabido orientar las cosas para que las tragedias no ocurran, como lo han hecho otros países del mundo, que tienen habitualmente climas mucho más duros.

El Papa Francisco en la “Laudato Si” le reclama al hombre una mejor conducta para cuidar la casa del mundo, para que ésta pueda ser habitable y esté en capacidad de dar sus mejores recursos para todos. El hombre que trabaja bien cuidando la naturaleza, consigue de ella las mejores riquezas para ser repartidas entre las poblaciones en el mundo entero.

Los descuidos del hombre, por ignorancia o dejadez, se pagan caro. El ser humano necesita ser educado para que aprenda a vivir con la naturaleza en sus distintas manifestaciones: cuando es pródiga alcanzando sus recursos a miles de pobladores y cuando se desata con una furia descomunal con marejadas, tormentas, huaycos y terremotos. Conocer bien la naturaleza es tener cultura. No hay que olvidar que el ser humano es parte de la naturaleza.

Cuando el hombre no tiene una buena relación con la naturaleza y por lo tanto no la conoce bien, se producen las tragedias con muertes, damnificados y pérdidas millonarias. El hombre que no supo prevenir para evitar estos embates, que siempre ocurren, aunque hayan pasado muchos años, se encuentra sorprendido y atacado por su propio desorden.

Los espectáculos dantescos que estamos viendo mueven a las lágrimas y a la indignación. Para muchos es una mezcla de sentimientos que conducen a la solidaridad del momento: la pena de ver sufrir al que lo ha perdido todo, el coraje de querer sacar a alguien de un peligro, el orgullo de sentirse voluntario cuando la tragedia apremia, la indignación por lo que no se hizo, el resentimiento contra el que no puso suficiente esfuerzo. Las quejas y reclamos constantes que proceden de un sentimiento de soledad o de no saber qué hacer.

Otros, tal vez con más experiencia, tienen sentimiento de fastidio por no haberse previsto las cosas a tiempo y una molestia interna, pensando en que después, cuando terminen estos momentos duros, la pasividad y el olvido vuelvan a aflorar en la mayoría de los peruanos y se caiga en una nueva y prolongada etapa de indolencia.

El Perú necesita la reconstrucción de los peruanos. Por un lado las obras de ingeniería necesarias para combatir los embates: buena infraestructura de las casas, puentes y carreteras y una educación de todos los peruanos para que sean precavidos y más trabajadores. Haría falta una gran cruzada para que todos los peruanos salgan de la ignorancia y de la miseria. La ignorancia impide el desarrollo.

Hoy muchos estamos destacando la solidaridad que está habiendo en estos momentos difíciles. Es ejemplar y loable.  En otras ocasiones, como en los terremotos por ejemplo, la solidaridad aparece de una manera increíble. Es como si el peruano se despertara para hacer lo que nunca hizo. Pero cuando pasan los días y ya no hay tragedia esa solidaridad desaparece de una manera misteriosa y vuelve nuevamente la delincuencia, la inseguridad, la soledad, los abandonos.

Es necesario educar la cabeza y la voluntad de las personas para que éstas no se muevan solo por el sentimiento. Se necesitan cabezas que piensen a largo plazo. Sobran los políticos que quieren hacer sus proyectos para lucirse ellos. Peor son los que buscan lucrar con el dinero de los peruanos. ¡Cuánto tendrán que pagar en el juicio de Dios! Apuntemos a un país de gente honrada que quiere el bien de todos. Esa es la esperanza de una verdadera reconstrucción y habría que decir, usando una arenga deportiva: ¡sí se puede!

Por supuesto que hay que escoger la esperanza antes que el pesimismo, pero la esperanza es una virtud que tiene un fundamento en cada persona. No son frases sueltas de entusiasmo lanzadas al aire. Es la fidelidad del que está comprometido con una causa noble que vale la pena, como sacar adelante un país por un amor sincero a la Patria y no a la plata. (P. Manuel Tamayo)

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