EL SERVICIO Y LA AYUDA DE LA IGLESIA
“La Iglesia católica cuenta con 1,200 millones de fieles, el
17.5 por ciento de la población mundial-
en todos los continentes. Casi la mitad de ellos está en América, poco
menos de un cuarto en Europa, y un número creciente en África (16%), Asia (11%)
y Oceanía (menos de 1%). En todo el mundo hay 5,000 obispos, unos 405.000
sacerdotes, 41,000 diáconos casados, 55,000 religiosos y 700.000 religiosas. La
Iglesia dirige más de 220,000 parroquias, 5,000 hospitales, 17,500 dispensarios
médicos y 15,000 centros de mayores sin olvidar las decenas de miles de
escuelas. Con estas cifras puede presentarse sin vanagloria como una de las instituciones
de asistencia y desarrollo más grandes del mundo”. (Austen Ivereigh y Yago de la Cierva, “como
defender la fe”, Madrid, pp,31).
“Caritas internacional, la confederación de 165 organizaciones
benéficas nacionales con actividades en todos los países, fundada hace más de
60 años y con sede en Roma, estima su presupuesto anual consolidado en unos
4,500 millones de euros. En áfrica, por centrarnos en un solo continente, la
Iglesia dirige uno de cada cuatro hospitales, y en sus escuelas se educan más
de 12 millones de niños cada año. La Iglesia católica cura, enseña instruye y
está presente e la vida de millones de personas en todo el mundo. Es el mayor
actor, y el más influyente, en la sociedad civil a nivel mundial… La Iglesia es
experta en humanidad como decía San Juan Pablo II” (op. cit pp.31).
COMENTARIO
La Iglesia es la institución que ha recibido más críticas y
persecuciones cruentas a lo largo de la historia. En los tiempos actuales no se
libra de los ataques de quienes desean su destrucción y desaparición. Sin
embargo es al mismo tiempo la institución más querida y venerada, por miles y
millones de seguidores. Muchos de ellos han dado sus vidas para defender el
espíritu del evangelio, que trajo Nuestro Señor Jesucristo y que será predicado
hasta el final de los tiempos.
La Iglesia trae para todos los hombres un mensaje de paz y la esperanza de alcanzar
la felicidad en la vida eterna. Jesucristo vino a la tierra para predicar la
caridad, que es el amor a Dios y al prójimo. La prédica de Jesucristo y de sus
seguidores dentro de la Iglesia se plasma en la vida de muchos mártires y
santos que dejaron con su ejemplo un maravilloso testimonio de vida cristiana.
Las obras de la Iglesia están a la vista en todo el mundo y nadie las puede negar. Es importante conocerlas bien y no dejarse llevar por campañas difamatorias que quieren minimizarlas y no reconocerlas. (P. Manuel
Tamayo)
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