LA TIRANÍA DE LOS NUEVOS “DUEÑOS” DE LA CULTURA
“Están en las
carátulas de las revistas de actualidad, los llaman desde los programas
radiales, …asisten a programas televisivos…opinan de todos los temas,… la gente
se acostumbra a ellos y termina pensando
como ellos. Sus consejos se vuelven consignas, sus recomendaciones se hacen
obligatorias y muchos adoptan sus modos de ser y de pensar, su lenguaje, para
no sentirse al margen del consenso general” (Nicolás Márquez y Agustin Laje, “El libro negro de la nueva
izquierda” p. 12)
“Hoy existen
Estados que obligan cuando quieren y porque quieren, aunque aquello no vaya en
conformidad con la ley natural; se atribuyen ser árbitros y reguladores de toda
acción…todos tienen que respetar el sello del Estado que busca organizar a la
familia con leyes como la del divorcio, la unión civil, el amor libre… Muchos Estados
se consideran dueños de la cultura…. Nada tiene valor si no es aprobado por ellos…”
(Nicolás Márquez y
Agustin Laje, “El libro negro de la nueva izquierda” p. 10)
Derecho de un padre de familia: “Solicito expresamente sea puesta a mi
disposición la pertinente información previa sobre cualquier actividad, charla,
taller o similar que afecte directamente a la educación moral del alumno en
cuestiones socialmente controvertidas, como son las relativas a educación
afectivo-sexual, la “identidad y expresión de género”, la “diversidad sexual y
afectiva”, los “diferentes modelos de familia”, etc. De este modo, podré
evaluar con anterioridad dichas actividades y prestar, si procede, mi
aceptación expresa para que el citado alumno participe en las mismas”,
(modelo
de solicitud de los colegios españoles, para que un padre puede presentar en el
colegio de su hijo).
COMENTARIO
Los
nuevos “dueños” de la cultura constituyen un cúmulo de personas liberales y
permisivas que buscan crear un consenso general para la libertad absoluta, y
mueven a las grandes mayorías a dejar los escrúpulos de tener que estar
sometidos a unas reglas morales que limitan el accionar libre de cada uno.
Apuntando
hacia una vida cómoda y placentera, estas personas quieren eliminar todo lo que
no les deja vivir como ellos quieren; rechazan los valores y costumbres de una
familia tradicional: ellos dicen que el
papá no debería mandar en su casa para no imponer las cosas, la mamá no debería
dedicarse a la maternidad para no sentirse explotada por sus propios hijos y
para que pueda salir libremente a trabajar, los niños deberían ser libres para
escoger sus opciones sexuales, las que a ellos les parezca, y deberían vestir con la ropa que ellos
decidan y nadie les debe obligar a otra cosa.
A estas personas,
que suelen pensar poco en las virtudes humanas y en los valores familiares, les
parece que podrían vivir cómodamente, aceptando todo tipo de placeres, sin
mayores exigencias ni compromisos con nadie;
se apuntan a ser independientes y autónomos, pensando que así podrían
elegir lo que le parezca sin que ninguna persona se meta en sus decisiones. No
perciben, ni por asomo, el descalabro
que se les viene.
Son los que
defienden a capa y espada la libertad absoluta, llevando habitualmente un
resentimiento contra alguien, una herida
interna, alguna desavenencia por un mal entendido, o porque alguien le calentó
la cabeza para utilizarlo en la protesta de los indignados. Se sienten
víctimas de desprecios o de maltratos.
Algunos, se sitúan en las izquierdas (gente herida que busca un
cambio), y encuentran
fácilmente, en esos ambientes de protesta y rebeldía, las arengas y el apoyo para destruir lo que puede ser un obstáculo
para su comodidad y aparente “libertad”.
En no pocos casos
la motivación principal es la envidia y entonces se suman fácilmente, y con los ojos cerrados, a proyectos de
cambio y de revolución que están en el consenso general del momento, antes era
la lucha de clases y hoy es la ideología de género.
También ocurre con
los que tienen una situación de estabilidad económica, (ellos podrían decir que son de
izquierda, porque cae bien. En la política se les llama caviares) la motivación principal podría ser el placer y la ambición de
poder.
En ambas
situaciones puede crecer el odio de la indignación contra el otro extremo donde
se encuentra el orden de las vidas coherentes, que respetan la ley natural y la
libertad de las personas para elegir, de
acuerdo con la verdad, lo que es conveniente para uno mismo, para la
familia y para la sociedad.
Lamentablemente
estamos viviendo hoy la tiranía de los nuevos “dueños” de una pseudo cultura que aprueba lo que les da
la gana y hacen propaganda, inflando el
globo, para que todo el mundo se lo crea. No tienen escrúpulos para mentir
llamando cultura a cualquier sandez
humana que apoye los argumentos que ellos proponen, y al que no esté de acuerdo
primero lo ningunean, después lo
insultan y luego terminan atacándolo.
No ven bien y llaman retrógrados y homofóbicos
a los que defienden la familia y los
valores tradicionales de la verdadera cultura.
Hoy se hace urgente
desenmascarar a esa sarta de
impostores que buscan el poder y el dinero, sin importarles para nada la
coherencia de vida, que es consecuencia de la verdad y de las virtudes que todo
ser humano debe cultivar para cumplir con su finalidad como persona. (P. Manuel Tamayo)
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