jueves, 1 de junio de 2017

ANTROPOLOGÍA DE LA RECIPROCIDAD

“La relación simultánea y asimétrica entre hombre y mujer configura una “antropología de la reciprocidad” que puede definirse como el sentido de una dinámica relacional que privilegia la solicitud por el otro…es esencialmente dialógica, un diálogo que puede llevar a la comunión, pero que presupone también una confrontación….no basta con ser dos; ni siquiera basta con estar con; es preciso el recíproco “ser para otro” La reciprocidad supera el nivel de la necesidad fisiológica…La reciprocidad se entiende cuando interesa a toda la persona y no solo a una de sus dimensiones… Disponerse al encuentro es la actitud de un espíritu a la vez emprendedor y acogedor: emprendedor, porque implica una acción sobre uno mismo en función del otro; acogedor, porque es la disponibilidad a la acción del otro sobre uno mismo. La actitud a la vez emprendedora y acogedora está encarnada en un cuerpo masculino y en uno femenino…En la recíproca disposición, emprendedora y acogedora, el hombre y la mujer experimentan, por la diferencia respecto del otro, su peculiar identidad”  (Aristide Fumagalli, “La cuestión del Gender” pp. 79-82).


COMENTARIO

La calidad de una persona se da en la calidad de sus relaciones, que tienen en cuenta las diferencias que hay entre los seres humanos. Frente a los miles de matices que habría que reconocer y conocer de las personas está la naturaleza biológica, que presenta dos sexos diferentes, el del hombre y el de la mujer.

Los sexos determinan una serie de condiciones que hacen distinto al hombre y a la mujer, en sus reacciones, percepciones, desarrollo físico y psíquico y papeles o roles específicos. En otras palabras hay cosas que son propias de los hombres y otras que son propias de las mujeres. Lo normal es que el hombre sea físicamente más fuerte que la mujer, y pueda realizar trabajos pesados, en cambio los trabajos más finos y delicados suelen hacerlos mejor las mujeres, aunque siempre hay excepciones.

En el orden de las relaciones personales es evidente que suele haber una atracción física de los hombres con respecto a las mujeres y viceversa. También suele ocurrir que las mujeres se fijan más en el hombre que es un poco mayor que ella. A la hora del matrimonio el hombre suele ser mayor que la mujer (aunque hay excepciones).

En el matrimonio el hombre descubre su complementariedad en la mujer y la mujer en el hombre. El hombre ve en la mujer alguien distinto a él en todo orden de cosas. Cuando más se conocen los esposos más cosas distintas encuentran. Si no aprendieron a quererse esas diferencias podrían ocasionar serios problemas, pero si aprendieron a quererse, encuentran en las diferencias la motivación principal del amor. Es el querer a esa persona que es distinta, si fuera igual el amor no sería tan grande.

La dinámica de la reciprocidad se alimenta del conocimiento y la valoración de las diferencias. Al verlas el hombre dice: “eso que es distinto de la esposa, me enriquece y me perfecciona” Allí está la complementariedad que abarca a toda la persona entera en sus aspectos físicos y espirituales. Al esposo le interesa todo lo de la esposa y viceversa no como un amor posesivo y celoso que controla, sino como el crisol de la libertad donde se ve a la otra persona feliz porque su amor es voluntario y lleno de fortaleza. Es un amor que se proyecta a la familia con una extensión increíble y desde allí a muchas relaciones de amistad. La reciprocidad es tremendamente productiva y tiene una luminosidad ejemplar. El cuadro de una familia numerosa y unida es el mejor testimonio que se puede ofrecer a la sociedad contemporánea. Los padres con su amor siembran en sus hijos la semilla de la fidelidad que luego dará sus frutos con la correspondencia de ellos, “amor con amor se paga” 

Todo hombre necesita de una mujer (una madre, una hermana, etc.) y toda mujer necesita de un hombre (un padre, un hermano, etc.) Son necesarios y complementarios los hombres y las mujeres. Son iguales en dignidad pero distintos para sus funciones y en los modos de ver la vida. El reconocimiento de esas diferencias es libertad para los dos y una gran motivación para la unidad en el amor.


La ideología de género produce desigualdades y conflictos graves entre los hombres y las mujeres que están escondidos, para colmo, dentro de una propaganda que pide a gritos igualdad de trato. Se podría decir que se trata de la mentira más grande del mundo, unida a una amenaza inquisidora para los que no están de acuerdo. (P. Manuel Tamayo)

No hay comentarios:

Publicar un comentario