ANTROPOLOGÍA DE LA RECIPROCIDAD
“La relación
simultánea y asimétrica entre hombre y mujer configura una “antropología de la
reciprocidad” que puede definirse como el sentido de una dinámica relacional
que privilegia la solicitud por el otro…es esencialmente dialógica, un diálogo
que puede llevar a la comunión, pero que presupone también una
confrontación….no basta con ser dos; ni siquiera basta con estar con; es
preciso el recíproco “ser para otro” La reciprocidad supera el nivel de la
necesidad fisiológica…La reciprocidad se entiende cuando interesa a toda la
persona y no solo a una de sus dimensiones… Disponerse al encuentro es la
actitud de un espíritu a la vez emprendedor y acogedor: emprendedor, porque
implica una acción sobre uno mismo en función del otro; acogedor, porque es la
disponibilidad a la acción del otro sobre uno mismo. La actitud a la vez
emprendedora y acogedora está encarnada en un cuerpo masculino y en uno
femenino…En la recíproca disposición, emprendedora y acogedora, el hombre y la
mujer experimentan, por la diferencia respecto del otro, su peculiar identidad” (Aristide Fumagalli, “La cuestión del Gender”
pp. 79-82).
COMENTARIO
La calidad de una
persona se da en la calidad de sus relaciones, que tienen en cuenta las
diferencias que hay entre los seres humanos. Frente a los miles de matices que
habría que reconocer y conocer de las personas está la naturaleza biológica,
que presenta dos sexos diferentes, el del hombre y el de la mujer.
Los sexos
determinan una serie de condiciones que hacen distinto al hombre y a la mujer,
en sus reacciones, percepciones, desarrollo físico y psíquico y papeles o roles
específicos. En otras palabras hay cosas que son propias de los hombres y otras
que son propias de las mujeres. Lo normal es que el hombre sea físicamente más
fuerte que la mujer, y pueda realizar trabajos pesados, en cambio los trabajos
más finos y delicados suelen hacerlos mejor las mujeres, aunque siempre hay
excepciones.
En el orden de las
relaciones personales es evidente que suele haber una atracción física de los
hombres con respecto a las mujeres y viceversa. También suele ocurrir que las
mujeres se fijan más en el hombre que es un poco mayor que ella. A la hora del
matrimonio el hombre suele ser mayor que la mujer (aunque hay excepciones).
En el matrimonio el
hombre descubre su complementariedad en la mujer y la mujer en el hombre. El
hombre ve en la mujer alguien distinto a él en todo orden de cosas. Cuando más
se conocen los esposos más cosas distintas encuentran. Si no aprendieron a
quererse esas diferencias podrían ocasionar serios problemas, pero si
aprendieron a quererse, encuentran en las diferencias la motivación principal
del amor. Es el querer a esa persona que es distinta, si fuera igual el amor no
sería tan grande.
La dinámica de la
reciprocidad se alimenta del conocimiento y la valoración de las diferencias.
Al verlas el hombre dice: “eso que es
distinto de la esposa, me enriquece y me perfecciona” Allí está la
complementariedad que abarca a toda la persona entera en sus aspectos físicos y
espirituales. Al esposo le interesa todo lo de la esposa y viceversa no como un
amor posesivo y celoso que controla, sino como el crisol de la libertad donde
se ve a la otra persona feliz porque su amor es voluntario y lleno de
fortaleza. Es un amor que se proyecta a la familia con una extensión increíble
y desde allí a muchas relaciones de amistad. La reciprocidad es tremendamente
productiva y tiene una luminosidad ejemplar. El cuadro de una familia numerosa
y unida es el mejor testimonio que se puede ofrecer a la sociedad
contemporánea. Los padres con su amor siembran en sus hijos la semilla de la
fidelidad que luego dará sus frutos con la correspondencia de ellos, “amor con amor se paga”
Todo hombre
necesita de una mujer (una madre, una
hermana, etc.) y toda mujer necesita de un hombre (un padre, un hermano, etc.) Son necesarios y complementarios los
hombres y las mujeres. Son iguales en dignidad pero distintos para sus
funciones y en los modos de ver la vida. El reconocimiento de esas diferencias
es libertad para los dos y una gran motivación para la unidad en el amor.
La ideología de
género produce desigualdades y conflictos graves entre los hombres y las
mujeres que están escondidos, para colmo,
dentro de una propaganda que pide a gritos igualdad de trato. Se podría decir
que se trata de la mentira más grande del mundo, unida a una amenaza
inquisidora para los que no están de acuerdo. (P. Manuel Tamayo)
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