CONDUCTAS
EXAGERADAS QUE CONDUCEN A LA DEPRESIÓN
“Muchas veces la
angustia es expresión de un perfeccionamiento idealista y voluntarista que
puede ser motivado por el miedo a quedar mal, a hacer el ridículo, a no hacerlo
del todo bien. El miedo, en esos casos, hace referencia a unas expectativas
exageradas que hacen de la propia vida, o de las vidas que dependen de nosotros
una caminata angustiosa…Algunos intentan demostrar su propio valer entregándose
a un trabajo intenso del que esperan y exigen reconocimiento…La raíz de este
miedo es siempre el orgullo y la soberbia de no querer fallar y de tenerlo todo
bajo control…La humildad es la virtud necesaria para vivir con paz en medio de
las limitaciones o faltas propias y ajenas.”
(Tony Mifsud, sj, Una espiritualidad desde la fragilidad, p.50)
“Aceptar el perdón
es proclamar el señorío de Dios en la vida nuestra y de los demás…” (Tony Mifsud..op. cit. p. 51)
“La dulzura es un
gran camino para corregir, la severidad no” (San Francisco de Sales)
“Las reprensiones
dulces y cordiales tienen más eficacia para corregir que los enfados y los
enojos…Quedarse obsesionado con el propio pecado o con los pecados de otros es,
simplemente, una expresión de soberbia que deja encarcelado al que la tiene…La
buena noticia de Jesús no es que somos pecadores sino que somos pecadores
perdonados…Aceptar el perdón es reconocer el pecado, pero confiar totalmente en
la gracia de Dios” (Tony Mifsud..op. cit. p.52).
COMENTARIO
La letra de una
canción de los años 70 decía que muchas veces uno queda atrapado en su propia
telaraña. Esto puede ocurrir con los propios ideales cuando existe un afán grande
y desmedido de destacar a como de lugar. Querer llegar a unas metas que a la larga
resultan inalcanzables y alejadas de la realidad, podría generar un estado de
esclavitud perenne hacia una depresión severa.
Cuando en las
exigencias disciplinares de un trabajo o de una institución faltan motivos
humanos, que hagan la vida grata y benévola a las personas, el que se siente
presionado no atenderá a razones de conveniencia o a explicaciones sobre las
bondades de ese severo proceder, le puede parecer más bien que ese marcaje es como una aplanadora que lo aplasta y le quita la libertad.
Las correcciones
duras, el exceso de control y los marcajes
terminan dañando a las personas. Los más buenos para no contristar forzarán
motores con una actitud tolerante llevando en el fondo el deseo de que esa
situación cambie cuanto antes, cuando no pueden más caen en la depresión. Suele
suceder con los temperamentos anancásticos
de los que tienden al perfeccionismo.
Conocer la realidad,
tener sentido común y aceptar el perdón son condiciones esenciales para tener
paz y lograr unas buenas relaciones de amistad con las personas. Y es el
reflejo más claro de la virtud de la humildad. El humilde es el que mejor
comprende a los demás y habla siempre bien de su prójimo valorando mucho a cada
persona.
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