EL REGALO DIVINO DE UNA SANA “TIMIDEZ”
“El
temor del Señor es el principio
de la sabiduría; los necios desprecian la sabiduría y la instrucción”. (Proverbios 1,
7).
“El don del temor a
Dios es la disposición común que el Espíritu Santo pone en el alma para que se
porte con respeto delante de la majestad de Dios y para que, sometiéndose a su
voluntad, se aleje de todo lo que pueda desagradarle. El primer paso en el
camino de Dios, es la huida del mal, que es lo que consigue este don y lo que
le hace ser la base y el fundamento de todos los demás. Por el temor se llega
al sublime don de la sabiduría. Se empieza a gustar de Dios cuando se le
empieza a temer, y la sabiduría perfecciona recíprocamente este temor. El gusto
de Dios hace que nuestro temor sea amoroso, puro y libre de todo interés
personal”. (Católico,
net)
“No
se trata de un miedo, ni distancia, sino el humilde reconocimiento de la
infinita grandeza del Creador. Es temor a ofender a Dios, reconociendo la
propia debilidad. Sobre todo: temor filial, que es el amor a Dios. El alma se
preocupa de no disgustarlo, de "permanecer" y de crecer en la caridad”
(cfr
Jn 15, 4-7).
La
Santísima Virgen ante el anuncio del mensaje del ángel se conturbó… (Lc 1, 29).
COMENTARIO
La timidez en sí es
calificada como algo que hay que superar, como una carencia de virtud. Puede
ser también una manifestación de soberbia: esconderse y no intervenir por temor
al qué dirán.
Sin embargo existe
un don del Espíritu Santo que se llama temor de Dios. La Biblia en el libro de
los Proverbios dice: “El temor de Dios es
el principio de la sabiduría”. Cuando el hombre pone un pequeño esfuerzo
por acercarse a Dios nota que el Señor está muy cerca de él protegiéndolo. Las
protecciones de Dios son constantes y gratuitas. Lo único que pide el Señor es
un seguimiento, que en otras palabras quiere decir vivir con el espíritu del
evangelio. Este modo de vivir es armonioso y es el que mejor encaja en el ser
humano.
Los hombres puede
aprender muchas cosas en su vida, existen verdaderos genios que han
desarrollado capacidades admirables. Por encima de las mejores capacidades que
puedan desarrollar los seres humanos está la acción de Dios sobre cada persona.
Esta acción que cuenta con el “permiso”
del hombre que deja que Dios intervenga en su vida, le abre los mejores
horizontes y le otorga una paz de unas dimensiones distintas. El hombre se
siente sorprendido y agradecido de la enorme seguridad que siente teniendo a
Dios al lado.
Ser consciente de
esa grandeza va unida a un estado de sana “timidez”
que podría traducirse en una prudencia para no desvariar ni tener coqueteos con
lo frívolo y vulgar. Esa valiosa timidez otorga una suerte de prestigio, frente a los demás, de una persona
sencilla y sin ambiciones egoístas. No se siente nunca el “dueño de la pelota” ni cae, por el otro extremo, en ánimos
pusilánimes, ni en cobardías que lo frenan para hacer el bien.
Su valiosa timidez lo deja en libertad para no ser
elegido en empresas que lo comprometan en tareas que exigen comportamientos de
enfrentamientos constantes, o una cierta complicidad forzada para guardar una
lealtad a procedimientos que defienden intereses de un grupo.
Al no tener esa
actitud guerrera en sus
manifestaciones y no querer sumarse a complicidades para quedar bien, se
convierte en una persona de mucha fortaleza para defender lo que es más bueno,
con una conducta fina, abierta y llena de comprensión que es un gran acierto
para las relaciones humanas. Se convierte así en el mejor interlocutor para
resolver los conflictos entre las personas y muchas cosas más. (P. Manuel Tamayo).
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