¿QUÉ HACER PARA SER MUY BUENO?
“El proceso de
auto-aceptación de la fragilidad humana constituye un primer y elemental paso
para el crecimiento de todo ser humano. No obstante, este proceso no siempre
encuentra su apoyo en los valores culturales, que a veces tienden a desviar la
autorealización en términos de poder, fama, dinero…reduciendo lo humano a una
sola dimensión”. (Tony Mifsud, SJ, “Una espiritualidad desde la fragilidad” p.
47).
“Nadie te ha dicho que seas menos de lo que
eres, sino que reconozcas como eres; solo al aceptar lo que eres puedes
comenzar a ser mejor de lo que eres; no olvides que al dártelas de perfecto vas
pregonando tu primer defecto. No importa que tengas miedo, sino que lo vivas
allí donde lo tengas que vivir. Y no huyendo: mejor ser cojo en el camino que
buen corredor fuera de él” (Carlos Díaz, La felicidad que hay en la fragilidad, p. 35).
“La gracia no
sustituye ni prescinde de la condición humana sino que construye sobre ella…
Aceptarse tal como uno es y no como debería ser es fundamental. Pensarse a
partir de un superyó o de un yo ideal es comenzar desde lo que uno no es. Lo
que se desea ser es una meta, pero el camino para llegar a ella es aceptar la
propia realidad… Un individuo que entiende su valor como persona humana no se
engaña a sí mismo buscando ser lo que no es, ni se destruye a sí mismo mediante
al auto-desprecio. El primer paso para poder conocerse es aproximarse sin
juzgarse. Mirarse sin evaluarse. El afán de juzgarse puede impedir una mirada
honesta de sí mismo ya que corre el peligro de mirar desde el deber y no desde
lo que realmente soy. En la medida en que uno va conociéndose a sí mismo su
comprensión para los demás crecerá” (Tony Mifsud, SJ, “Una espiritualidad desde la fragilidad” p. p.
48-49).
“Quien no se conoce
a sí mismo proyectará necesariamente sobre Dios sus apasionados deseos y sus
necesidades reprimidas. Convierte su encuentro con la divinidad en una simple e
ingenua proyección de sus propios deseos…El buen conocimiento de sí mismo lo
liberará de ilusiones falsas y abrirá sus ojos a una visión clara y libre de la
realidad…” (Tony
Mifsud, SJ, “Una espiritualidad desde la fragilidad” p. 49).
COMENTARIO
La humildad es la
verdad y es una virtud que hay que cuidarla y quererla con toda el alma, para
no vivir de una manera mentirosa, que
podría ser también arrogante y estúpida, con gazmoñerías ridículas dentro de una sociedad muchas veces electrizada por corrientes que producen
constantes cortos circuitos, y a la larga la caída de las torres más altas.
¡Cuantos se han
venido abajo por no haber construido bien su vida con cimientos sólidos y
seguros! La vida se construye de acuerdo a la verdad y luchando por la unidad
de las personas en los ámbitos familiares y laborales. Nadie nació por
equivocación, todos tienen un papel que cumplir en la vida. A cada uno le
corresponde enterarse cuál es su sitio, para estar en ese lugar y no en otro.
Vemos claramente
que hoy algunas ideologías, modas y
costumbres, pueden influir negativamente en el crecimiento y progreso de
las personas.
La sociedad
contemporánea está llena de voluntaristas que aspiran, con un afán desorbitado, ocupar los mejores puestos para tener
éxito. Alguien les vendió la idea de que el éxito consistía en tener el poder
del dinero o de la fama, y que eso se obtenía a través de una lucha denodada y
competitiva, que los colocaría en un pódium
por encima de los demás, para ser un verdadero líder, emprendedor y ejecutivo, pero egoísta, y en algunos casos cruel.
La aspiración de
poder suele malear al hombre que luego,
al adquirir un mando, terminará
buscando su propia gloria sintiéndose dueño de situaciones, para imponer sus
modos y procedimientos y conseguir que los demás hagan como él quiere.
Hay otros que
buscan con ansias ocupar un puesto que no es para él, porque objetivamente no
tiene condiciones. Antiguamente se decía: “lo
que natura no da, Salamanca no presta” No se trata de una comparación entre
listos y menos listos; se trata más bien de saber para qué sirve uno y para qué
vino al mundo.
La soberbia ciega
hace mentiroso al ser humano. El que habitualmente engaña puede creerse idóneo
para ocupar los puestos que no deben ser para él (por eso oculta la verdad) y
utilizando procedimientos deshonestos para colarse
se siente capaz de llegar a la cumbre y permanecer en ella.
En el mundo, el
escándalo lo están dado algunos gobernantes que se valen el poder para el
beneficio propio sin que les preocupe la suerte de los demás. En pleno siglo
XXI existen innumerables situaciones de injusticia que están congeladas por el
abuso de unos pocos que tienen el poder.
La humildad es la verdad
y es la virtud que sitúa al hombre de acuerdo a la realidad y lo hace vivir de
un modo correcto.
Toda persona tiene
una tarea que cumplir y ésta tiene siempre una relación directa con el prójimo.
El prójimo está para que lo amemos, no para que lo juzguemos y critiquemos. El
amor a los demás debe ser la principal motivación, pero ese amor debe ser
sincero y limpio. Cuando el amor está ordenado brilla la justicia con la luz y
la energía de la caridad.
Las vulgaridades y
atrocidades que vemos hoy en ambientes libertarios,
donde todo vale porque no hay
jerarquía de valores, da por resultado una sociedad agresiva, antiestética y
bastante mediocre, donde se multiplican peleas que dejan una estela de miseria
humana constante y muy preocupante. Los
lenguajes desaforados y zafios son una prueba de ello aunque a los más jóvenes,
que no han vivido en otras épocas,
les pueda parecer de lo más normal. Todos debemos estar de acuerdo en que el
mundo necesita un cambio urgente de mentalidad y de vida.
Jesucristo vino al
mundo para poner orden y para decirle al hombre que es hijo de Dios. Funda la
Iglesia e instituye los sacramentos para que el ser humano tenga la oportunidad
de purificarse y crecer de un modo correcto con la ayuda de la gracia divina.
La necesidad de
Jesucristo y de los sacramentos es vital para un crecimiento correcto. Estas
afirmaciones no minimizan al que no tienen fe porque son la expresión de que
hay algo grandioso que puede conocer, y que es para su propio bien; también puede
serle de ayuda para salir de los laberintos y enredos de las propias
limitaciones.
Es necesario
reconocer la propia debilidad para ser libres y poder ayudar al prójimo con el
aporte de una luz clara y un corazón limpio. San Pablo, el apóstol de las
gentes, decía de un modo claro y contundente: “porque soy débil, entonces soy fuerte” (2 Cort 12,2). Dios es el que hace lo más importante, si
el hombre reconoce su propia debilidad se pone en condiciones para ser fuerte y
perseverante. Jesucristo advertía a sus mismos discípulos: “sin mi nada pueden hacer” (Juan 15,5).
Si quitamos a Dios el hombre se pelea y termina perdiéndolo todo. Cristo es el mejor modelo para acertar en la
vida siendo muy buenas personas. (P. Manuel Tamayo)
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