jueves, 17 de agosto de 2017

EL TIEMPO ES CORTO Y AJENO

“El hombre moderno pretende convertirse en señor de su tiempo, en el responsable único de su existencia, su futuro y su bienestar. Quiere planificar su vida y controlar su destino. Se organiza como si Dios no existiera. No tiene necesidad de Él. Sin embargo Dios invita a la confianza, a la paciencia y a un lento camino hacia la aniquilación del mal, que requiere una larga y ardua batalla” (Robert Sarah, La fuerza del silencio, p. 255).

“Hoy hay quien vive como si nunca debiera morir o como si todo acabara con la muerte; algunos se comportan considerando que el hombre es el único artífice de su destino, como si Dios no existiera, llegando a negar, en ocasiones, que haya espacio para Él en nuestro mundo. Los grandes éxitos de la técnica y de la ciencia, que han mejorado notablemente las condiciones de vida de la humanidad, no ofrecen soluciones a las preguntas más profundas del espíritu humano. Sólo la apertura al misterio de Dios, que es Amor, puede saciar la sed de verdad y de felicidad de nuestro corazón, sólo la perspectiva de la eternidad puede dar auténtico valor a los acontecimientos históricos y sobre todo al misterio de la fragilidad humana, del sufrimiento y de la muerte” (Benedicto XVI, homilía en la fiesta de la Asunción).

“Permitidme narrar un suceso de mi vida personal, ocurrido hace ya muchos años. Un día un amigo de buen corazón, pero que no tenía fe, me dijo, mientras señalaba un mapamundi: mire, de norte a sur, y de este o oeste. ¿Qué quieres que mire?, le pregunté. Su respuesta fue: el fracaso de Cristo. Tantos siglos, procurando meter en la vida de los hombres su doctrina, y vea los resultados. Me llené, en un primer momento, de tristeza: es un gran dolor, en efecto, considerar que son muchos los que aún no conocen al Señor y que, entre los que le conocen, son muchos también los que viven como si no lo conocieran. Pero esa sensación duró sólo un instante, para dejar paso al amor y al agradecimiento, porque Jesús ha querido hacer a cada hombre cooperador libre de su obra redentora. No ha fracasado: su doctrina y su vida están fecundando continuamente el mundo. La redención, por El realizada, es suficiente y sobreabundante” (San Josemaría Escrivá, homilía sobre el Espíritu Santo).
COMENTARIO
A unos les queda poco tiempo, a otros un poco más y a todos se nos va el tiempo volando. Lo decimos habitualmente en nuestros comentarios. En muy poco tiempo se llega a la final. Una de las limitaciones juveniles es pensar que hay tiempo. La limitación más grave viene cuando el hombre se cree propietario del tiempo y se convierte en un pésimo administrador del mismo.
Es muy penoso ver la pérdida de tiempo que puede llevar a la pérdida de la Vida. El hombre no ha nacido para morir sino para vivir. El que se apodera del tiempo se muere con él, en cambio el que lo aprovecha, atendiendo a su finalidad, gozará para siempre.
La ridícula sandez del hombre que se cree listo cuestionando la trascendencia, es la caricatura de la decadencia y el hundimiento de todo lo que construya. Mientras las crisis continúan los hombres protestan con un ritornello que no para nunca, como si las cosas se fueran a componer por la bulla que se arma y no por la consciencia de ser mejor para que todo vaya bien.
La solución está en manos de cada uno. Dice un viejo refrán: “mal de muchos, consuelo de tontos” Alinearse con la corriente es quedarse en la mediocridad. El tiempo hay que aprovecharlo para ganar y no perder. No hay pérdida peor en el mundo que perder la Vida eterna por bagatelas que no valen nada, aunque brillen mucho, sería como los castillos de luces artificiales que intentan llegar al Cielo y caen quemados para perderse en cenizas malolientes. (P. Manuel Tamayo)


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