¿Se puede ser feliz sin Dios?
“Me pregunto a
menudo cuál es la paz que puede habitar en el corazón del hombre que rechaza a
Dios…Sin Dios el hombre está desgarrado, angustiado, intranquilo, agitado, y no
puede lograr el descanso interior… La existencia moderna es una vida apuntalada
y totalmente edificada sobre el ruido, el artificio y el trágico rechazo de
Dios….Dios está en el fondo del hombre, en las regiones silenciosas de su ser…(Robert Sarah, “La fuerza del
silencio” p. 292-293).
“Considera lo más hermoso y grande de la
tierra..., lo que place al entendimiento y a las otras potencias..., y lo que
es recreo de la carne y de los sentidos...
Y el mundo, y los otros mundos, que brillan en la noche: el Universo entero. —Y eso, junto con todas las locuras del corazón satisfechas..., nada vale, es nada y menos que nada, al lado de ¡este Dios mío! —¡tuyo!— tesoro infinito, margarita preciosísima, humillado, hecho esclavo, anonadado con forma de siervo en el portal donde quiso nacer, en el taller de José, en la Pasión y en la muerte ignominiosa... y en la locura de Amor de la Sagrada Eucaristía” (San Josemaría Escrivá, “Camino” n. 432).
Y el mundo, y los otros mundos, que brillan en la noche: el Universo entero. —Y eso, junto con todas las locuras del corazón satisfechas..., nada vale, es nada y menos que nada, al lado de ¡este Dios mío! —¡tuyo!— tesoro infinito, margarita preciosísima, humillado, hecho esclavo, anonadado con forma de siervo en el portal donde quiso nacer, en el taller de José, en la Pasión y en la muerte ignominiosa... y en la locura de Amor de la Sagrada Eucaristía” (San Josemaría Escrivá, “Camino” n. 432).
“¡Qué poco es una vida para ofrecerla a
Dios!... (San Josemaría Escrivá, “Camino” n. 420).
“El amor no se impone: no puede imponerse. Y,
como Dios es amor infinito, su respeto y delicadeza nos desconciertan…Hay un
mandamiento divino que nos ordena a amarle…” (Robert Sarah, “La
fuerza del silencio” p. 338)
COMENTARIO
El que cree que Dios existe no puede pensar que
se puede ser feliz sin Dios. No va con la lógica, sería un contra sentido y
mucho más cuando ese Dios de la fe nos pide que le amemos sobre todas las
cosas. El primer mandamiento ya es la prueba clara de que no se puede ser feliz
sin Dios.
Y ¿a qué se debe la felicidad del gentil?, del
hombre que no conoce a Dios. La respuesta es muy sencilla, se debe a la gracia
o protección que Dios da por el mérito de los santos o de las personas cercanas
que saben amar y crean un espacio de amor.
El ambiente de felicidad que crea el que ama a
Dios es una gran protección para el que no ha hecho méritos todavía. Es algo
semejante a un niño en casa de sus padres. Un niño vive feliz por todo lo que
recibe de sus padres.
Pero Dios quiere nuestros méritos, precisamente
porque nos ama. Somos felices cuando correspondemos con el esfuerzo personal.
Los demás nos pueden dar un ambiente de felicidad donde todo parece fácil,
puede haber momentos de bonanza durante la juventud pero si no se corresponde
al amor con amor se pierde la paz y la alegría.
El que dice que es feliz sin Dios apenas se da
cuenta que es Dios el que lo sostiene y se le debe advertir para que salda de
esa frescura, porque si no lo hace
maltratará lo que ha recibido y luego lo perderá.
Muchos fueron que felices en el pasado al
alejarse de Dios lo perdieron todo, algunos lo recuerdan con nostalgia y ponen
al pie de sus fotos antiguas: “cuando todo era felicidad”. (P. Manuel Tamayo)
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