EL AMOR A DIOS Y LA INFORMALIDAD
“Dios es grande…yo
no emplearía la palabra familiaridad de Dios. Cuando alguien te es familiar, te
permites prácticamente todo y cuidas menos tus gestos y tus palabras. Con Dios
no podemos permitirnos ese comportamiento, aunque sea nuestro Padre…Dios es Amor.
Al Amor nos acercamos como algo sagrado, con reto y adoración….resulta
sorprendente el intento de entablar relaciones sensibles con lo divino en la
que esté ausente la veneración” (Robert Sarah, “La fuerza del silencio, pp 348-349).
“La liturgia no es lugar
para los festejos humanos, ni para las pasiones, ni para retahílas de palabras
disonantes, sino parea la sola adoración. Hoy el ruido invade demasiadas
facetas de la vida de los hombres. La Iglesia cometería un grave error si
añadiera más ruido al ruido” (Robert Sarah, “La fuerza del silencio” p. 375).
COMENTARIO
Hace unos días el
Prelado del Opus Dei, Mons. Fernando Ocariz estuvo en un encuentro con familias
en Barcelona. Una señora muy emocionada por la presencia del Prelado le dijo
que ella y muchos de los que se encontraban allí se sentían como en el cielo.
El prelado de respondió rápidamente, con mucho cariño y mucha gracia a la vez: “¿Qué idea del cielo más limitada tienes?”
El Cielo es algo
grandioso e inimaginable, está fuera y por encima de todas las categorías
humanas. El universo entero, que es espectacular, no es nada al lado del cielo.
Es el premio que Dios nos quiere dar si nos portamos bien, nos quiere tener a
su lado. Para llegar allí solo se requiere amar bien. Y el buen amor tiene un
gran nivel humano de limpieza y elegancia, se expresa con una armonía y una
belleza que alegra el corazón y lo dilata para seguir amando más hasta el
desborde, con una riqueza única que hace felices a todos.
La informalidad y
el desorden no van con ese nivel de amor. Al hombre hay que elevarlo y no
minimizarlo. La gracia que Dios alcanza es levante.
A cada uno le corresponde luchar para alcanzar el nivel de amor exigido. No
surge de la espontaneidad ni de un sentimiento melifluo.
Hoy mucha gente
quiere “bajar” a Dios a modos de trato informales que pudieran parecer de más
amor y son bastante limitados. Algunos creen que a Dios hay que ponerlo a nivel
de un trato de “patas, compadres o
chocheras” creyendo que ese “nivel” de confianza es lo máximo para tratar a
las personas que verdaderamente aprecian.
El que sabe amar
conoce bien que los niveles de amor son mucho más altos que los de las
relaciones informales y que además en esas alturas se goza de una libertad y
alegría admirables.
El hombre frente a
Dios se arrodilla y hasta se postra en señal de adoración. Esa conducta de
humildad le permite conocer bien lo que es el amor de Dios y es una motivación
para poner todos los esfuerzos y tratar de llegar a esos niveles altos de amor.
El cuidado y la elegancia de la liturgia en la Iglesia es una clara manifestación
de amor a Dios. El ruido, lo chabacano y
lo informal se convierten en impedimentos para conocer realmente a Dios y
poder amarlo sobre todas las cosas.
El que sabe amar a
Dios sabe también amar al prójimo. El prójimo necesita con urgencia del amor a
Dios de las personas que saben amar. El trato humano del que ama a Dios es
elegante, muy respetuoso y fino, sencillo y sin alardes de ningún tipo. Es el
trato que toda persona desea. (P. Manuel Tamayo)
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