viernes, 22 de septiembre de 2017

En: <cumfiducia.blogspot.com> hemos subido el artículo que transcribimos.
Atentamente
P. Manuel Tamayo
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EL SOBREPESO ESTRUCTURAL

“Cuando pienso en la Iglesia de Alemania, percibo una fe viva y un compromiso a favor de Dios y de los hombres que brota de los corazones. Pero por otra parte, sigue existiendo el poder de las burocracias, la teorización de la fe, la politización y la ausencia de un dinamismo vivo, que a menudo parece verse asfixiado por tanto sobrepeso estructural. (Benedicto XVI, “Ultimas conversaciones con Peter Seewald”, p. 75)

“El bien no se garantiza con estructuras…Las personas deben edificar sobre Jesucristo.” (Papa Francisco, Spe Salvi, p. 38)

“La Iglesia no necesita “burócratas” o “diligentes funcionarios” sino “misioneros apasionados” que abran el corazón al fuego del Espíritu Santo para anunciar el mensaje consolador de Jesús de modo audaz y fervoroso” (Papa Francisco, Alocución).

"Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos." (Papa Francisco, Evangelium Gaudium n. 49).

“No se puede reducir el evangelio a concebir la Iglesia como una burocracia que se autobeneficia, como tampoco esta se puede reducir a una organización dirigida, con modernos criterios empresariales, por una casta clerical” (Papa Francisco, en Colombia, setiembre 2017)
“En el Opus Dei lo importante no son los edificios sino las personas” (Mons. Fernando Ocariz, Roma, abril 2017).

“me interesan más los pájaros que la jaula” (Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer).


COMENTARIO

Cuando se pierde el sentido de la vida se pierde el sentido común y se cae en el temor y la inseguridad. Se generan situaciones originales donde las personas se aferran a  estructuras ideadas por ellos mismos como mecanismos de defensa y protección, creando una mentalidad sistemática donde los procedimientos y controles adquieren un valor preponderante.

Se produce un choque entre lo natural y una oficialidad exagerada, y muchas veces obsoleta, anclada en un pasado que ahora ya no tiene sentido y que además pretende pasar por natural lo que está enquistado en la mente de algunas personas que han hecho una costumbre con sus modos y maneras de ver la realidad, para protegerse de lo que parece novedoso.

En algunas personas, fundamentalmente mayores, puede producirse un natural rechazo por lo nuevo, con razones convincentes, cuando lo novedoso carece de experiencia y puede ser peligroso. Los argumentos de la tradición son fundamento que garantizan la direccionalidad de lo que es esencial en el ser humano.

Habiendo reconocido el valor de la Tradición, que junto con la Revelación, son  cimientos para la fe, es necesario respetar la libertad de cada persona para que puedan ser auténticos testimonios de una vida ejemplar.

Los tiempos van cambiando, como la historia lo demuestra,  y las personas tenemos que procurar que los cambios sean para mejorar. El ser humano debe estar en ascenso. Eso es lo que pretende la Iglesia por mandato de Jesucristo. La redención es para la liberación de todo lo que es malo.

La prédica de la Iglesia continúa hasta el fin de los tiempos con la misma doctrina que enseñó Jesucristo y que seguirá siendo vigente hasta el fin de los tiempos. Decía San Josemaría: “no es la doctrina la que debe adaptarse a los tiempos sino son los tiempos los que deben adaptarse a la luz del Salvador” y muchos siglos antes San Agustín decía: “¿los tiempos son malos? vivamos bien y los tiempos serán buenos, nosotros somos los tiempos”

Es necesario advertir, y el Papa Francisco lo está haciendo convenientemente, para que las personas no se aferren a los medios como si fueran fines y pongan el peso en los modos, las costumbres, o en los procedimientos y sistemas, y no en las personas, con sus circunstancias y su libertad.

Las personas no son para los sistemas sino los sistemas para las personas. El Papa Benedicto XVI advertía: “hay muchos en la Iglesia que son fieles a las estructuras eclesiales y no son fieles a Dios” Si se pierde el amor a Dios se pierde todo, las personas sistemáticas sin amor, terminan siendo crueles, se alejan del prójimo, lo maltratan, se aíslan y complican la vida de los demás. (P. Manuel Tamayo).

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