miércoles, 13 de septiembre de 2017

MISIÓN SIN RUIDO

“Para acceder a Dios, el hombre primero debe conocerse…El hombre no puede esperar conocer a Dios sin haberse encontrado a sí mismo… El silencio es un elemento necesario en la vida de cualquier hombre. Permite el recogimiento del alma. Protege al alma de la pérdida de su identidad. Previene al alma frente a la tentación de apartarse de sí misma para ocuparse de lo externo, lejos de Dios…Buscamos el silencio porque buscamos a Dios…” (Cardenal Robert Sarah, “La fuerza del silencio” pp.321-324).

“La luz no hace ruido. Si queremos acercarnos a esa fuente de luz, debemos adoptar una actitud de contemplación…Cristo nos pide que seamos luz. No nos insta a conquistar el mundo, sino a mostrar a los hombres, el camino, la verdad y la vida… La Liturgia no es lugar para festejos humanos, ni para las pasiones, ni para retahílas de palabras disonantes, sino para la sola adoración. Hoy el ruido invade demasiadas facetas de la vida de los hombres. La Iglesia cometería un grave error si añadiera más ruido al ruido…el Espíritu Santo no habla alto, como no lo hacen tampoco Jesús ni su Padre….Los mártires no respondían a los ataques defendiéndose, sino callando, viven una vida escondida con Cristo en Dios (Col 3,3).” (Cardenal Robert Sarah, op. cit.pp. 374-378).

“La Iglesia vive hoy pruebas externas e internas sin parangón. Es como si un terremoto quisiera destruir sus cimientos doctrinales y su enseñanza moral multisecular… En los países tradicionalmente cristianos la Iglesia se ve violentamente sacudida por una apostasía generalizada. ( Cardenal Robert Sarah, op. cit. pp. 378-379).


COMENTARIO

No se puede edificar sobre un pantano. Antes de construir hay que mirar bien el terreno y los que deben ver son los constructores. Quien va a edificar debe ser idóneo, más si se trata de una misión divina. Si se construye sin una base sólida esa casa se viene abajo.

Las misiones no se apoyan en los sistemas, tampoco en las planificaciones y modos de hacerla, aunque todo pueda estar pensado de acuerdo a las costumbres de la época, a las conductas específicas de cada persona, o a la indiosincracia de los lugares. Toda misión se debe apoyar en la santidad de las personas que la hacen. Lo primero que importa, y casi lo único, es la santidad de vida.

La persona piadosa que tiene un trato íntimo con Dios sabe perfectamente lo que debe hacer y hacia dónde debe apuntar para lograr la conversión de las personas. Siempre buscara como referencia, a Jesucristo con sus 30 años de vida oculta y sus tres años de vida pública. La misión de salida de Cristo la realizó después de sus 30 años de vida oculta en casa de sus padres.

La misión de los pastores que salieron de Belén fue consecuencia de haber conocido al Niño Dios y a la Sagrada familia. El haber estado en ese hogar les bastó para salir felices y anunciar la buena nueva.
La familia es el lugar principal para la educación y formación de las personas. La familia, que es la Iglesia doméstica, es la principal motivación para la misión. Desde la familia se está de salida para buscar a los que se encuentran alejados y traerlos a los caminos del Señor.

La familia no hace ruido, es respetuosa. En la casa se cultiva el ambiente de paz y alegría cuando se es consciente que Dios está en el hogar y en el corazón de nuestros seres queridos. Los padres rezadores hacen la gran misión con los hijos, y juntos, dentro de la Iglesia, son los apóstoles que predican con el ejemplo de unas relaciones humanas llenas de cariño, comprensión y perdón. En una familia cristiana se nota claramente el espíritu del evangelio.

De las familias cristianas surgen muchas vocaciones cuando los padres entienden que los hijos no son suyos sino hijos de Dios. El hijo que sale de la casa para servir a Dios no ha roto con la familia, está mucho más unido a ella en una misión que sus padres y él entienden, cuando hay un trato íntimo con Dios. Es una misión que exige del sacrificio y una total dedicación. 


En la familia cristiana hay un gran espíritu de libertad y de ágil entendimiento. No hacen falta muchas palabras, no es necesario pedir muchas explicaciones. Es todo rápido y sin ruido, con sonrisas que son reflejo de un intenso cariño de personas que se quieren y se apoyan con la oración. (P. Manuel Tamayo).

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