miércoles, 19 de diciembre de 2018


EL POPULISMO Y LA VERACIDAD

“El populismo es una filosofía política que promueve los derechos y el poder del pueblo en su lucha contra una élite privilegiada. “Populismo” se ha convertido en un término de combate profundamente ideologizado”. (Wikipedia).

“Lo que tienen en común los líderes populistas es la estrategia política. Esta estrategia se basa en un liderazgo personalista muy fuerte, se trata de un líder que llega al poder y se mantiene ahí con base en vínculos no organizados con una masa heterogénea de seguidores. Por lo tanto, los elementos típicos del populismo son el liderazgo personalista y la falta de institucionalización del vínculo con los votantes”, (Kurt Weyland).

“Los populistas –como no tienen vínculo institucional– consideran a las otras instituciones como amenazas, como limitaciones a su poder y quieren disminuir la independencia de estas instituciones, tratan de hegemonizar el poder político. También, dado que no tienen un vínculo institucional con los seguidores, tratan de aumentar su aceptación a través de la polarización, donde nosotros (los populistas) somos “los buenos” y la oposición no es una competencia leal sino “los enemigos”. Esta idea de que la oposición está conformada por “los enemigos” acarrea una tendencia hegemónica muy fuerte, que a su vez lleva a conflictos sociales y políticos intensos porque la oposición también responde en términos intransigentes. En este sentido, la polarización destruye el pluralismo y constituye una amenaza para la democracia”, (Kurt Weyland).

“La virtud de la veracidad puede ser considerada como una parte de la justicia, pues tiene algunos rasgos comunes con esta virtud, como la alteridad, ya que su acto consiste en manifestar algo a otro. Pero, desde otro punto de vista, la veracidad difiere de la justicia en cuanto decir la verdad no constituye una deuda legal, sino moral, es decir, basada en la honestidad”, (Augusto Sarmiento en Almudi)

“Sin la verdad no sólo sería imposible la justicia en la sociedad, sino también la misma esperanza de justicia. En la medida en que en una sociedad se respeta la verdad, la persona puede esperar, cuando sea necesario, que se le haga justicia; pero si la sociedad estuviese fundada en la mentira, desaparecería toda esperanza. «Quien no respeta la verdad no puede hacer el bien. Donde no se respeta la verdad no puede crecer la libertad, la justicia y el amor. La verdad, sobre todo la sencilla, humilde y paciente verdad de la vida diaria, es el fundamento de las demás virtudes (...). Cuando la verdad no está presente, se desintegra el suelo social sobre el que nos apoyamos. De ahí que esta virtud aparentemente tan inútil sea en realidad la virtud fundamental de toda vida social”, (Augusto Sarmiento en Almudi)


COMENTARIO

En la historia de las civilizaciones podemos comprobar que el populismo poco tiene que ver con la verdad.

Es más una estrategia con arreglos, que muchas veces está llena de trampas, para convencer al pueblo a tomar las decisiones promovidas por los “líderes” de un consenso político que ha ido creciendo con el espaldarazo un poder mediático a favor.

Estos falsos líderes hacen creer a las mayorías que están defendiendo unos derechos legítimos contra el peligro de las ambiciones torcidas de unos corruptos que quieren tomar el poder. Lamentablemente muchos caen en la trampa y se creen el cuento.

Se entiende por populismo a un pueblo levantado en protesta que es atizado por un líder que pregona ideales sin que exista, en los argumentos, un fondo de verdad que lo sustente.
Es una suerte de voluntarismo colectivo que en ocasiones llega al fanatismo. El populista puede entrar fácil a la confrontación y la violencia, tiende a ser tosco y agresivo, otras veces irreverente y fácilmente incoherente.

Como se puede comprobar, algunas sociedades están manejadas por las triquiñuelas y mentiras de un líder cuentista que quiere apoyarse en el pueblo para legitimar su propuesta, ofreciendo cínicamente el oro y el moro” y así ganar adeptos en las personas débilmente instruidas.

El populismo tiene éxito cuando la verdad y el orden han sido arrinconados en una sociedad que camina con dirigentes torcidos que solo buscan el poder para seguir medrando y mangoneando para sus propios y burdos intereses.

Hay países enteros que sufren las consecuencias de una falsa democracia conducida por mequetrefes que se han convertido en verdaderos tiranos jugando a ser moralistas de un sistema de corrupción.  
Lo increíble es que en pleno siglo XXI muchos países vivan todavía bajo la bota de personajes irreverentes y nada ejemplares, como si el mundo se hubiera llenado de mafias que no se pueden derrotar y que se han enquistado en el poder per secula seculorum.

Algo habría que hacer para enseñar a razonar y a elegir lo que es realmente mejor en las personas y sistemas. Ese propósito tiene que ir necesariamente acompañado de la voluntad de combatir el mal, venga de donde venga.

Y como viene siempre de las personas, a cada uno le toca el imperioso deber de luchar para conseguir eliminar de su propia interioridad lo que está torcido y no va de acuerdo a lo que tiene que ser una persona. (P. Manuel Tamayo)

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