LA FUERZA DEL REDENTOR
“La Redención la hizo el mismo Jesucristo al ofrecerse voluntariamente a Dios Padre por medio de su pasión, muerte y resurrección, para restituir la gracia a la humanidad esclava del pecado por la desobediencia de nuestros primeros padres Adán y Eva” (Diccionario)
“Redención (del prefijo re, de nuevo, y émere, comprar), literalmente significa comprar de nuevo. Se aplica al pago para obtener de la libertad un esclavo o cauti vo, o bien para volver a adquirir o recomprar algo que se había vendido, empeñado o hipo tecado”.(Wikipedia).
“Permitidme narrar un suceso de mi vida personal, ocurrido hace ya muchos años. Un día un amigo de buen corazón, pero que no tenía fe, me dijo, mientras señalaba un mapamundi: mire, de norte a sur, y de este a oeste. ¿Qué quieres que mire?, le pregunté. Su respuesta fue: el fracaso de Cristo. Tantos siglos, procurando meter en la vida de los hombres su doctrina, y vea los resultados. Me llené, en un primer momento, de tristeza: es un gran dolor, en efecto, considerar que son muchos los que aún no conocen al Señor y que, entre los que le conocen, son muchos también los que viven como si no lo conocieran.
Pero esa sensación duró sólo un instante, para dejar paso al amor y al agradecimiento, porque Jesús ha querido hacer a cada hombre cooperador libre de su obra redentora. No ha fracasado: su doctrina y su vida están fecundando continuamente el mundo. La redención, por El realizada, es suficiente y sobreabundante”. (San Josemaría Escrivá, “Es Cristo que pasa” n. 129).
Pero esa sensación duró sólo un instante, para dejar paso al amor y al agradecimiento, porque Jesús ha querido hacer a cada hombre cooperador libre de su obra redentora. No ha fracasado: su doctrina y su vida están fecundando continuamente el mundo. La redención, por El realizada, es suficiente y sobreabundante”. (San Josemaría Escrivá, “Es Cristo que pasa” n. 129).
COMENTARIO
Si en estas Navidades nos detenemos un poco para mirar el mundo, nos llenamos de pena porque parece que todo es un fracaso: peleas, guerras, odios rivalidades, egoísmos, maltratos, murmuraciones, envidias, calumnias, mentiras, corrupción, ataques a la familia, narcotráfico, desfalcos, asaltos, robos, injusticias, terrorismo. Un mundo de depredadores que empeora con escándalos que claman al cielo y hacen sufrir a las personas.
Frente a la coyuntura actual son muchos los que se preguntan: ¿y cómo paramos todo esto?, ¿hasta dónde vamos a llegar? Algunos han“tirado la toalla” y no saben qué hacer, mientras las cosas siguen su andadura con un ritmo de “locura”, a veces frenético, donde la lógica y el sentido común han perdido la brújula.
¿Qué pasó? La respuesta no puede ser otra: se ha expulsado a Dios; primero de los corazones de cada persona, después de los hogares y al final de la sociedad.
Sin Dios, cada día que pasa, empeoran las personas y los gobernantes terminan yéndose contra Dios. “¡Cómo se amotinan las gentes y las naciones hacen planes vanos” (Sagrada Escritura, Salmo 2).
El mensaje de fondo de la Navidad: recibir a Dios que viene para librar al hombre del pecado, se ha perdido.
La prédica milenaria de la Iglesia, que es para todos los tiempos, nos anuncia que Jesús es el Mesías esperado para salvar al mundo, Él es el Salvador, el que nos rescata para que seamos libres y felices en este “valle de lágrimas”, que es la tierra, mientras nos preparamos para la felicidad eterna en el Cielo.
Muchos ya no reciben a Dios en sus corazones. Se usan los adornos y mensajes para una filantropía humana que fomenta más el egoísmo que la generosidad: la vanidad de sentirse generosos, regalando algo externo, para contentar y quedar bien, pero, muy probablemente, sin tener limpio el corazón para recibir a Dios: “si al punto de presentar tu regalo ves que tienes algo contra alguien, deja allí mismo tu regalo y vete a reconciliar primero” (Mateo, 5, 23-24).
Dios quiere que estemos limpios para que nuestros regalos no sean un “cumplido” que a la larga se pierde y todo quede igual o peor, porque en vez de ganar el amor podría ganar el egoísmo, la lejanía y después la soledad.
Los demás nos necesitan limpios para poder transmitir, desde nuestra interioridad, el regalo que siempre perdura: una vida de amor ordenada y honesta. Eso es lo que busca Dios de cada uno de nosotros y lo que buscan también, en el fondo, los demás.
Llamemos al Redentor con urgencia para que se meta en los corazones de las personas y las cambie. El mundo no necesita sistemas ni proyectos, necesita a Dios. No una idea de Dios sino el Dios real en la interioridad de cada uno. Solo así podremos arreglar las cosas, con fe, porque para Dios no hay imposibles, todo lo puede. (P. Manuel Tamayo).
FELICES FIESTAS DE Navidad y año nuevo JUNTO A JESÚS, MARÍA Y JOSÉ, LA SAGRADA FAMILIA.
¡Que el señor los llene de bendiciones!
2018 - 2019
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