LA ERA DE LOS MALTRATOS (I)
“ Maltrato es cualquier tipo de comportamiento
repetido de carácter físico, verbal, activo o pasivo, que agrede a la
estabilidad emocional de la víctima, de forma continua y sistemática. El
objetivo de dicho comportamiento es hacer sufrir a la víctima mediante la
intimidación, culpabilización o desvalorización.” (diccionario).
“Se
produce el maltrato cuando se dan relaciones de desigualdad, donde uno
tiene el poder sobre el otro y aparecen situaciones injustas y abusiva, cuando se
usa el poder para agredir al otro. En muchos casos estas situaciones no se reparan con el tiempo,
y se pueden agravar cuando terminan apareciendo apareciendo enfermedades
físicas y lesiones mentales que deterioran seriamente la salud”. (Ángel Rull,
psicólogo).
“Acosar es perseguir, con empeño y ardor,
sin darle tregua al reposo, a una persona. El acoso puede darse en cualquier
ámbito y lo puede sufrir cualquier individuo sin distinción social, educativa o
económica. Como tal, el acoso puede ser ejercido por agresores de jerarquías
superiores, iguales o inferiores en referencia a la víctima, a través de la
práctica de actos violentos o intimidatorios constantes sobre una persona, con
el fin de desestabilizar a la víctima creándole situaciones angustiosas.
El acosador es un individuo que acosa, de forma
física, psicológica, o mediante el uso de las tecnologías, bien sea a través
del internet o teléfono. En el caso del ciberacosador,
tiene como propósito vigilar los movimientos diarios de la víctima a través de
las redes sociales –facebook, Instagram,
twitter- y una vez obtenida la información privada comienza su proceso de
acoso, lo que lleva al acoso sexual, u obsesión amorosa, sin poder aceptar un
rechazo por parte de la víctima. Se puede distinguir
diferentes tipos de acosadores, como: acosador laboral, sexual, escolar,
físico. Según estudios psicológicos practicados al acosador, el mismo presenta
un perfil psicológico que destaca: falta de empatía, carencia de sentimientos
de culpa, paranoico, mentiroso compulsivo, manipulador premeditado, entre otras”(Diccionario, significados).
“Bullying es una palabra del inglés que
podemos traducir al español como ‘acoso escolar’ o ‘intimidación’. Como tal, se
refiere a la intimidación física y verbal de que son víctimas los niños y los
jóvenes en la escuela, y que es ejercida por uno o varios
compañeros. La palabra bullying deriva de bully,
que puede ser un verbo con el significado de ‘intimidar’, o un sustantivo que
traduce ‘matón’ o ‘bravucón’. Debido a que es un anglicismo, debe ser escrita
en cursivas. El bullying consiste en la práctica de actos violentos o intimidatorios
constantes sobre una persona. Puede ser realizado por una o
varias personas, con el propósito de agredir, de hacer sentir insegura a la
víctima, o para entorpecer su desenvolvimiento en la clase. Generalmente,
el bullying comienza
con burlas que se van intensificando, volviéndose más pesadas, hasta que, tarde
o temprano, derivan en agresiones, sean físicas o verbales. Las consecuencias de
esto son daños psicológicos y emocionales en el individuo afectado por el
acoso. Suele
ser practicado contra niños o jóvenes que se diferencian de sus compañeros por
diversos motivos, y que tienen dificultades para defenderse o se muestran
sumisos debido a baja autoestima o inseguridad” (Diccionario, significados).
COMENTARIO
Aunque parezca
mentira en el siglo XXI se han multiplicado los maltratos. Las intimidaciones,
el cargamontón y las acusaciones
están a la orden del día. Se ha extendido por todo el mundo una sensibilidad
enfermiza que “psicosea” a una
sociedad que está padeciendo una suerte de neurosis colectiva, donde hay
perseguidos y víctimas, reales e
imaginarios, y donde muchos justos pagan por pecadores y miles de
delincuentes viven libres y disfrazados de moralizadores.
El espectáculo de
las relaciones humanas que se da en el mundo es bochornoso; no predomina la
verdad y el bien sino la conveniencia de una política mentirosa, que se
presenta a diario en muchas autoridades, en los ambientes laborales, en los
ámbitos “educativos” y hasta en algunos hogares donde los maltratos son
habituales.
Una locura universal
El narcotráfico, la
trata de personas, la pornografía, la prostitución, la droga fácil, los excesos
del alcohol, la violencia callejera, los abusos, la matanza de inocentes y la
mentira ocupan las páginas de todos los diarios, los noticieros de la
televisión y las redes sociales. Cada día ocurre algo distinto. La morbosidad y
los sucesos escandalosos se han convertido en un triste espectáculo con
millares de espectadores que siguen los sucesos como si fueran una serie
televisiva con un rating muy elevado.
Las víctimas de las víctimas
Las víctimas de los
maltratos son también los acusados cuando se exagera y se echa más leña
haciendo cargamontón.
Se perciben los odios
y los deseos de venganza de una legión que motiva el escándalo para sacar
puntos de ventaja y ganar, aplastando a quien sea, sin que exista ni un ápice de comprensión y de perdón. Al que
busca perdonar lo tildan fácilmente de cubridor
o amigo de los blindajes.
¿Es acaso el perdón
una debilidad? ¿No tienen todos los hombres derecho a ser perdonados?, como
enseña en cristianismo. Es verdad que muchos
no están preparados para recibir el perdón. Urge buscar la manera de conseguir
espacios para ayudar a los que están más alejados y llevarlos por la vía del
arrepentimiento y del perdón.
Los caminos de la justicia y el perdón
Si todo queda en el
castigo y no se intenta recuperar al que se portó mal, la delincuencia seguirá
creciendo y extendiéndose a más sectores. Seguir sin hacer nada es admitir la
ley de la selva donde termina ganando el más poderoso. Ya nos encontramos con
situaciones que son realmente indignantes y deplorables.
La violencia y los
abusos hay que detenerlos buscando que se haga justicia. La actividad de
represión y control corresponde fundamentalmente a la policía y también a los
jueces que dictan sentencias. Ellos deben trabajar con una moral muy alta, sin
manipulaciones políticas, con rectitud de intención y sin odios personales o
sentimientos de rechazo contra los acusados. Ojalá las autoridades alcancen el
nivel de categoría humana necesario para no maltratar a nadie.
Existe un contagio
colectivo, motivado por los medios de
comunicación y de algunas redes, que incita los deseos de venganza de unos
contra otros, para “chancar” al que
se acusa sin darle opción a que se arrepienta y se recupere.
Muchas veces se
dice: “¡ese merece cadena perpetua, que
se muera en la cárcel!” Puede ser que efectivamente merezca esa condena,
pero hay que pensar que también tiene derecho al perdón. Perdonar no es querer
la impunidad.
Tratar bien a todas las personas
A ninguna persona
se la debe maltratar, aunque sea un gran asesino, hay que ver la forma de
recuperar en algo a esa terrible
persona, tal vez no se pueda, pero no cabe desecharla sin más y mucho menos
odiarla.
Es muy desagradable
escuchar las acusaciones de unos contra otros en un tono duro y algunas veces
amenazante, donde se perciben los odios y deseos de venganza.
Este nivel de
dureza y maltrato ocurre también en los altos foros y tribunales con debates
sarcásticos de condena, donde se echa más leña al fuego magnificando los
hechos, para tener la patente de corso
que permita utilizar toda la violencia posible contra el enemigo. Es entonces
cuando se emplea toda una bomba atómica
para matar un mosquito. Así el daño se extiende a muchos más y el triunfo se
celebra por todo lo alto.
La presencia del odio en muchos corazones
Una legión de odio
a Dios atraviesa hoy el mundo como un virulento huracán que no amaina. Son
tiempos difíciles donde se ven muchas cosas absurdas que no tienen sentido. No
es el predominio de la razón sino el de los consensos mediáticos que arrastran
mentiras ocultas y contagian odios contra lo que siempre ha sido noble y
limpio, las buenas costumbres de una sociedad que quiere crecer con el calor de
hogar de las familias unidas que se quieren mucho.
La porquería está
en la calle y nadie la quita, pero si alguien se ensucia, lo demandan y se hace
merecedor de castigos “conforme a ley”.
Las oficinas que
reciben demandas se han multiplicado mientras se van cerrando los confesionarios
porque algunos piensan que no hacen falta. Las consecuencias las estamos
viendo: una sociedad enferma que ha perdido la cabeza y el corazón. (P. Manuel Tamayo).
*Continuará en el
siguiente número
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