martes, 19 de marzo de 2019


LA ERA DE LOS MALTRATOS   (I)

“ Maltrato es cualquier tipo de comportamiento repetido de carácter físico, verbal, activo o pasivo, que agrede a la estabilidad emocional de la víctima, de forma continua y sistemática. El objetivo de dicho comportamiento es hacer sufrir a la víctima mediante la intimidación, culpabilización o desvalorización.” (diccionario).

“Se produce el maltrato cuando se dan relaciones de desigualdad, donde uno tiene el poder sobre el otro y aparecen situaciones injustas y abusiva, cuando se usa el poder para agredir al otro. En muchos casos estas situaciones no se reparan con el tiempo, y se pueden agravar cuando terminan apareciendo apareciendo enfermedades físicas y lesiones mentales que deterioran seriamente la salud”. (Ángel Rull, psicólogo).

“Acosar es perseguir, con empeño y ardor, sin darle tregua al reposo, a una persona. El acoso puede darse en cualquier ámbito y lo puede sufrir cualquier individuo sin distinción social, educativa o económica. Como tal, el acoso puede ser ejercido por agresores de jerarquías superiores, iguales o inferiores en referencia a la víctima, a través de la práctica de actos violentos o intimidatorios constantes sobre una persona, con el fin de desestabilizar a la víctima creándole situaciones angustiosas. El acosador es un individuo que acosa, de forma física, psicológica, o mediante el uso de las tecnologías, bien sea a través del internet o teléfono. En el caso del ciberacosador, tiene como propósito vigilar los movimientos diarios de la víctima a través de las redes sociales –facebook, Instagram, twitter- y una vez obtenida la información privada comienza su proceso de acoso, lo que lleva al acoso sexual, u obsesión amorosa, sin poder aceptar un rechazo por parte de la víctima.   Se puede distinguir diferentes tipos de acosadores, como: acosador laboral, sexual, escolar, físico. Según estudios psicológicos practicados al acosador, el mismo presenta un perfil psicológico que destaca: falta de empatía, carencia de sentimientos de culpa, paranoico, mentiroso compulsivo, manipulador premeditado, entre otras”(Diccionario, significados).  

“Bullying es una palabra del inglés que podemos traducir al español como ‘acoso escolar’ o ‘intimidación’. Como tal, se refiere a la intimidación física y verbal de que son víctimas los niños y los jóvenes en la escuela, y que es ejercida por uno o varios compañeros. La palabra bullying deriva de bully, que puede ser un verbo con el significado de ‘intimidar’, o un sustantivo que traduce ‘matón’ o ‘bravucón’. Debido a que es un anglicismo, debe ser escrita en cursivas. El bullying consiste en la práctica de actos violentos o intimidatorios constantes sobre una persona. Puede ser realizado por una o varias personas, con el propósito de agredir, de hacer sentir insegura a la víctima, o para entorpecer su desenvolvimiento en la clase. Generalmente, el bullying comienza con burlas que se van intensificando, volviéndose más pesadas, hasta que, tarde o temprano, derivan en agresiones, sean físicas o verbales. Las consecuencias de esto son daños psicológicos y emocionales en el individuo afectado por el acoso. Suele ser practicado contra niños o jóvenes que se diferencian de sus compañeros por diversos motivos, y que tienen dificultades para defenderse o se muestran sumisos debido a baja autoestima o inseguridad” (Diccionario, significados).


COMENTARIO

Aunque parezca mentira en el siglo XXI se han multiplicado los maltratos. Las intimidaciones, el cargamontón y las acusaciones están a la orden del día. Se ha extendido por todo el mundo una sensibilidad enfermiza que “psicosea” a una sociedad que está padeciendo una suerte de neurosis colectiva, donde hay perseguidos y víctimas, reales e imaginarios, y donde muchos justos pagan por pecadores y miles de delincuentes viven libres y disfrazados de moralizadores.

El espectáculo de las relaciones humanas que se da en el mundo es bochornoso; no predomina la verdad y el bien sino la conveniencia de una política mentirosa, que se presenta a diario en muchas autoridades, en los ambientes laborales, en los ámbitos “educativos” y hasta en algunos hogares donde los maltratos son habituales.


Una locura universal
El narcotráfico, la trata de personas, la pornografía, la prostitución, la droga fácil, los excesos del alcohol, la violencia callejera, los abusos, la matanza de inocentes y la mentira ocupan las páginas de todos los diarios, los noticieros de la televisión y las redes sociales. Cada día ocurre algo distinto. La morbosidad y los sucesos escandalosos se han convertido en un triste espectáculo con millares de espectadores que siguen los sucesos como si fueran una serie televisiva con un rating muy elevado.


Las víctimas de las víctimas
Las víctimas de los maltratos son también los acusados cuando se exagera y se echa más leña haciendo cargamontón.

Se perciben los odios y los deseos de venganza de una legión que motiva el escándalo para sacar puntos de ventaja y ganar, aplastando a quien sea, sin que exista ni un ápice de comprensión y de perdón. Al que busca perdonar lo tildan fácilmente de cubridor o amigo de los blindajes.

¿Es acaso el perdón una debilidad? ¿No tienen todos los hombres derecho a ser perdonados?, como enseña en cristianismo.  Es verdad que muchos no están preparados para recibir el perdón. Urge buscar la manera de conseguir espacios para ayudar a los que están más alejados y llevarlos por la vía del arrepentimiento y del perdón.


Los caminos de la justicia y el perdón
Si todo queda en el castigo y no se intenta recuperar al que se portó mal, la delincuencia seguirá creciendo y extendiéndose a más sectores. Seguir sin hacer nada es admitir la ley de la selva donde termina ganando el más poderoso. Ya nos encontramos con situaciones que son realmente indignantes y deplorables.

La violencia y los abusos hay que detenerlos buscando que se haga justicia. La actividad de represión y control corresponde fundamentalmente a la policía y también a los jueces que dictan sentencias. Ellos deben trabajar con una moral muy alta, sin manipulaciones políticas, con rectitud de intención y sin odios personales o sentimientos de rechazo contra los acusados. Ojalá las autoridades alcancen el nivel de categoría humana necesario para no maltratar a nadie.

Existe un contagio colectivo, motivado por los medios de comunicación y de algunas redes, que incita los deseos de venganza de unos contra otros, para “chancar” al que se acusa sin darle opción a que se arrepienta y se recupere.

Muchas veces se dice: “¡ese merece cadena perpetua, que se muera en la cárcel!” Puede ser que efectivamente merezca esa condena, pero hay que pensar que también tiene derecho al perdón. Perdonar no es querer la impunidad.


Tratar bien a todas las personas
A ninguna persona se la debe maltratar, aunque sea un gran asesino, hay que ver la forma de recuperar en algo a esa terrible persona, tal vez no se pueda, pero no cabe desecharla sin más y mucho menos odiarla.

Es muy desagradable escuchar las acusaciones de unos contra otros en un tono duro y algunas veces amenazante, donde se perciben los odios y deseos de venganza.

Este nivel de dureza y maltrato ocurre también en los altos foros y tribunales con debates sarcásticos de condena, donde se echa más leña al fuego magnificando los hechos, para tener la patente de corso que permita utilizar toda la violencia posible contra el enemigo. Es entonces cuando se emplea toda una bomba atómica para matar un mosquito. Así el daño se extiende a muchos más y el triunfo se celebra por todo lo alto.


La presencia del odio en muchos corazones
Una legión de odio a Dios atraviesa hoy el mundo como un virulento huracán que no amaina. Son tiempos difíciles donde se ven muchas cosas absurdas que no tienen sentido. No es el predominio de la razón sino el de los consensos mediáticos que arrastran mentiras ocultas y contagian odios contra lo que siempre ha sido noble y limpio, las buenas costumbres de una sociedad que quiere crecer con el calor de hogar de las familias unidas que se quieren mucho.

La porquería está en la calle y nadie la quita, pero si alguien se ensucia, lo demandan y se hace merecedor de castigos “conforme a ley”.

Las oficinas que reciben demandas se han multiplicado mientras se van cerrando los confesionarios porque algunos piensan que no hacen falta. Las consecuencias las estamos viendo: una sociedad enferma que ha perdido la cabeza y el corazón. (P. Manuel Tamayo).
*Continuará en el siguiente número

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