sábado, 2 de marzo de 2019


LOS MAYORES CONOCEN EL CAMINO

"Los jóvenes caminan rápido, pero son los viejos los que conocen el camino"(Papa Francisco en Trujillo).

“La sabiduría de las personas mayores es infinita, solo necesitan que estemos dispuestos a escuchar con el corazón sus historias de vida y sobre la vida. Que estemos dispuestos a apreciar la sabiduría que solo los años les permite adquirir… Conversar con personas mayores te ayuda a creer en el amor conmás fuerza que nunca”(Jeanne Moreau).


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Los chicos más listos son los que saben ser amigos de sus padres y de personas mayores de prestigio y virtud.

En los ambientes relativistas, cuando se confunde la verdad con la imaginación o lo virtual, los consejos ya no se valoran tanto y algunos chicos creen que los padres o los mayores los están presionando contra su libertad.

Hoy, algunos educadores y psicólogos exageran motivando mucho la autonomía personal, para que los chicos decidan por su propia cuenta sin tener en cuenta el criterio y la experiencia de los mayores. Con estas medidas desproporcionadas cometen un error garrafal que puede traer serias consecuencias en la formación de los jóvenes.


El tradicional ejemplo de las vidas ejemplares
La Iglesia pone en los altares a los santos para que la gente se fije en ellos y aprendan a vivir del ejemplo que nos dan. Los santos señalan un camino a seguir igual que Jesucristo. Toda persona que se acerca a Jesucristo cambia de vida. San Juan Pablo II decía que “Jesucristo es un dulcísimo y un exigentísimo amigo que si uno se encuentra con Él, no puede seguir viviendo como si no se hubiera encontrado”.


Los jóvenes necesitan ser dóciles para ser libres
La educación de toda persona viene de fuera. No es algo que sale de dentro. Nadie se da lo que no tiene.  Más bien de dentro de las personas sale lo que dice en evangelio de San Marcos: “lo que del hombre sale, eso es lo que mancha al hombre, porque de dentro del corazón del hombre, proceden los pensamientos malos, las fornicaciones, los hurtos, los homicidios, los adulterios, las codicias, las maldades, el fraude, la impureza, la envidia, la blasfemia, la altivez, la insensatez. Todas estas maldades, del interior proceden y manchan al hombre” (Mc, 7, 20).

Es por eso que la persona necesita ser formada y debe recibir formación de sus padres y maestros. La religión exige en todo momento un guía que acompañe durante toda la vida. Por esa razón Jesucristo funda la Iglesia e instituye los sacramentos para que el pueblo cristiano pueda caminar de un modo correcto con la ayuda de la confesión y de la Santa Misa.

Caminar sin ayuda es perderse. No existe el autodidacta. Toda persona necesita dejarse moldear,“como el barro en manos del alfarero” (Jer 18,1-10). Es grande la persona que recibe con gratitud lo que la Providencia le alcanza para que pueda cumplir con su misión, que será siempre salir de sí para darse a los demás. Para esto se requiere una rica interioridad que se obtiene con el sometimiento a lo más grande, que puede parecer a los ojos humanos una pérdida de la libertad y es al contrario. El hombre frente a Dios es “un pincel en manos de un artista” (San Josemaría).


La presencia del mayor junto al joven
¡Qué importante y necesaria es la presencia de los padres, maestros y personas mayores buenas junto a los jóvenes! Los mejores recuerdos y la acción de gracias más honda la tenemos para esas personas que han puesto, con su consejo y cariño, los principales cimientos para que nuestra vida vaya por buenos derroteros.

El éxito de nuestra vida no se debe a los requerimientos, o caprichos,  de nuestro propio yo. Al yo lo tendremos que eliminar reiteradas veces porque es un estorbo para la propia felicidad. Hemos nacido para cumplir una misión de servicio a los demás. Para poder realizarla tenemos que aprender de las personas que Dios ha puesto en nuestro camino para que seamos buenos.

La mayor debilidad del hombre consiste en no conocer la propia debilidad y olvidarse de que toda fortaleza es prestada. La ayuda no viene de los técnicos sino de las personas fieles que nos quieren de verdad y buscan lo mejor para nosotros, aunque tengan errores. San Josemaría Escrivá decía que si no queremos a los demás con sus defectos, entonces no los queremos.

La vida de una buena persona se va conviertiendo poco a poco en una vida de acción de gracias por las personas buenas que se acercaron a él.

Es por eso muy importante saber seguir el buen consejo de las personas mayores, que caminan bien y nos indican el camino del bien. (P. Manuel Tamayo)


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