LOS MAYORES CONOCEN EL CAMINO
"Los jóvenes
caminan rápido, pero son los viejos los que conocen el camino"(Papa Francisco en Trujillo).
“La sabiduría de las personas mayores es infinita,
solo necesitan que estemos dispuestos a escuchar con el corazón sus historias
de vida y sobre la vida. Que estemos dispuestos a apreciar la sabiduría que
solo los años les permite adquirir… Conversar
con personas mayores te ayuda a creer en el amor conmás fuerza que nunca”(Jeanne Moreau).
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Los chicos más listos son los que saben ser amigos
de sus padres y de personas mayores de prestigio y virtud.
En los ambientes relativistas, cuando se confunde la
verdad con la imaginación o lo virtual, los consejos ya no se valoran tanto y
algunos chicos creen que los padres o los mayores los están presionando contra
su libertad.
Hoy, algunos educadores y psicólogos exageran
motivando mucho la autonomía personal, para que los chicos decidan por su
propia cuenta sin tener en cuenta el criterio y la experiencia de los mayores.
Con estas medidas desproporcionadas cometen un error garrafal que puede traer
serias consecuencias en la formación de los jóvenes.
El tradicional
ejemplo de las vidas ejemplares
La Iglesia pone en los altares a los santos para que
la gente se fije en ellos y aprendan a vivir del ejemplo que nos dan. Los
santos señalan un camino a seguir igual que Jesucristo. Toda persona que se
acerca a Jesucristo cambia de vida. San Juan Pablo II decía que “Jesucristo es un dulcísimo y un
exigentísimo amigo que si uno se encuentra con Él, no puede seguir viviendo
como si no se hubiera encontrado”.
Los jóvenes
necesitan ser dóciles para ser libres
La educación de toda persona viene de fuera. No es
algo que sale de dentro. Nadie se da lo que no tiene. Más bien de dentro de las personas sale lo que
dice en evangelio de San Marcos: “lo que del hombre sale, eso es lo que mancha al hombre, porque de dentro
del corazón del hombre, proceden los pensamientos malos, las fornicaciones, los
hurtos, los homicidios, los adulterios, las codicias, las maldades, el fraude,
la impureza, la envidia, la blasfemia, la altivez, la insensatez. Todas estas
maldades, del interior proceden y manchan al hombre” (Mc, 7, 20).
Es por eso que la persona necesita ser formada y
debe recibir formación de sus padres y maestros. La religión exige en todo
momento un guía que acompañe durante toda la vida. Por esa razón Jesucristo
funda la Iglesia e instituye los sacramentos para que el pueblo cristiano pueda
caminar de un modo correcto con la ayuda de la confesión y de la Santa Misa.
Caminar sin ayuda es perderse. No existe el
autodidacta. Toda persona necesita dejarse moldear,“como el barro en manos del
alfarero” (Jer 18,1-10). Es grande la persona
que recibe con gratitud lo que la Providencia le alcanza para que pueda cumplir
con su misión, que será siempre salir de sí para darse a los demás. Para esto
se requiere una rica interioridad que se obtiene con el sometimiento a lo más
grande, que puede parecer a los ojos humanos una pérdida de la libertad y es al
contrario. El hombre frente a Dios es “un pincel en manos de un artista” (San Josemaría).
La
presencia del mayor junto al joven
¡Qué importante y
necesaria es la presencia de los padres, maestros y personas mayores buenas
junto a los jóvenes! Los mejores recuerdos y la acción de gracias más honda la
tenemos para esas personas que han puesto, con
su consejo y cariño, los principales cimientos para que nuestra vida vaya
por buenos derroteros.
El éxito de nuestra
vida no se debe a los requerimientos, o
caprichos, de nuestro propio yo. Al
yo lo tendremos que eliminar reiteradas veces porque es un estorbo para la
propia felicidad. Hemos nacido para cumplir una misión de servicio a los demás.
Para poder realizarla tenemos que aprender de las personas que Dios ha puesto
en nuestro camino para que seamos buenos.
La mayor debilidad
del hombre consiste en no conocer la propia debilidad y olvidarse de que toda
fortaleza es prestada. La ayuda no viene de los técnicos sino de las personas
fieles que nos quieren de verdad y buscan lo mejor para nosotros, aunque tengan
errores. San Josemaría Escrivá decía que si no queremos a los demás con sus
defectos, entonces no los queremos.
La vida de una buena
persona se va conviertiendo poco a poco en una vida de acción de gracias por
las personas buenas que se acercaron a él.
Es por eso muy
importante saber seguir el buen consejo de las personas mayores, que caminan
bien y nos indican el camino del bien. (P.
Manuel Tamayo)
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