LA ERA DE LOS MALTRATOS
(II)
“Los actos sádicos pueden involucrar
actividades que indican el dominio sobre la víctima: obligar a arrastrarse,
encerrarlo en una jaula, inmovilizarlo físicamente con cadenas, sogas o
esposas, tenerlo atado con los ojos vendados, darle una paliza (pegarle,
golpearlo, azotarlo de distintas maneras), pincharlo, morderlo, quemarlo con
cigarrillos, aplicarle descargas eléctricas con una picana, violarlo, cortarlo,
intentar estrangularlo para dejarlo sin respiración sin llegar a matarlo,
torturarlo de muchas maneras, mutilarlo. Algunos sádicos llegan a matar a la
víctima y otros se limitan a humillarlo, (Wikipedia).
“En los campos de concentración- en el que la vida de un
prisionero valía menos que la de un animal de compañía, y en donde, por muy
extraño que parezca, la muerte no era el peor de los destinos. Y es que en
estos recintos acechaban desde temibles seres enfundados en uniformes que
gozaban torturando durante semanas -y hasta el último aliento de vida- a los
cautivos hasta, incluso, extravagantes doctores nazis que practicaban
inconcebibles y mortales experimentos en personas vivas” (Jesús Hernández, La bestialidad del nazismo).
“La persecución
religiosa constituye
un caso extremo de intolerancia que implica el maltrato, la
violencia, la agresión persistente, y provocar la muerte de un individuo o un
grupo religioso. Usualmente, la persecución de esta naturaleza florece por la
ausencia de tolerancia religiosa o libertad de religión” (Wikipedia).
COMENTARIO
El afán de maltratar
tiene su origen en un complejo de inferioridad de quien a toda costa quiere
sobresalir, sin que nadie le haga sombra,
hundiendo a otro. Trata de buscar que los espacios sean suyos para ejercer
desde allí una suerte de liderazgo abusivo.
Estas “personalidades”
heridas por alguna desavenencia o fracaso humano buscan un éxito que les de crédito,
y encuentran en la agresión un modo
fácil de sacar ventaja para obtener reconocimientos y beneficios.
Minimizar a otro
para sentirse superior buscando el aplauso de terceros, que apoyen su causa, se ha convertido en una mala costumbre que se
ha extendido en los diversos ámbitos de nuestra sociedad contemporánea.
Lo peor es que ese
modo irónico de relacionarse, cuando se
hiere a alguien en su dignidad como persona y se siente mal, constituye un
auténtico maltrato, que no debería verse como algo normal, como una broma entre
amigos. Las bromas que son burla, que hieren y dejan de lado a una persona son
las que hay que eliminar.
El origen de las organizaciones criminales
Además, en esos
ambientes de “cochineo” habitual
surge el “hermanazgo de los vivos”. Una
organización de repartijas, con una
creatividad asombrosa de formas ilícitas para obtener prebendas.
Estas conductas
colectivas de burla, sarcasmo y compadreo vulgar, terminan construyendo a la
larga, lo que hoy llamamos de un modo
ligero y desacertado, una organización criminal.
Las víctimas del cargamontón
Quien es atrapado
por las inquinas y cuestionamientos de esos “líderes del cochineo” se encuentra
dentro de un callejón sin salida y huérfano de apoyo.
Son muy pocos los
que se atreven a defender a la víctima atrapada, porque las mayorías ya fueron
manipuladas por un poder mediático que, con
un cúmulo de juicios temerarios y conjeturas, les ha hecho creer que ese “acusado” debe ser procesado y condenado
de inmediato (razones políticas de
conveniencia y “cortinas de humo” para cubrir malos manejos).
Estas situaciones, que ya se dan en nuestro país, hacen que
todo dependa de los consensos y de las conveniencias de quienes tienen más
poder y sacan provecho de él.
La corrupción del poder
Para muchos el
poder ya no es servir sino servirse, formar argollas y conquistar con diversos
mecanismos una sinergia de
comprometidos con la causa para el beneficio personal o del grupo.
Quienes pertenecen a esas organizaciones
están de acuerdo con los procedimientos que se utilizan para ser fuertes,
aunque incluyan injusticias y maltratos entre los que no se encuentren
alineados.
Existen hoy
verdaderas mafias de poder que incluyen a profesionales de todos los campos: políticos, periodistas, abogados, jueces,
dirigentes deportivos, canales de televisión, periódicos, revistas,
congresistas, ministros de gobierno, policías, etc. Son los que buscan que
sus procedimientos sean “legales”, con discursos moralizadores y proyectos para
el progreso del país. Todo un cuentazo
en el que caen los imberbes y los indulgentes que en el país son legión.
La “ceguera” de los
buenos es un espaldarazo para las organizaciones criminales que llevan la
batuta de muchos proyectos que son puro negociado y se dan en todos los ambientes
de la sociedad. El robo y la mentira campean por todas partes. Las pocas
cosas que salen a la luz pública son solo el hilo de la madeja.
La solución está en
una educación que sea una auténtica formación de la conciencia para que todos
puedan querer el bien y rechazar el mal. No hay otro camino. (P. Manuel Tamayo) *Continuará en el
próximo artículo
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