jueves, 11 de abril de 2019


BROMAS, BURLAS Y “COCHINEO”  ENTRE ADOLESCENTES

La ironía es una forma de dar a entender algo expresando lo contrario de lo que se quiere decir o se piensa. La palabra proviene del griego εἰρωνεία (eirōneía), que significa disimulo o ignorancia fingida. La ironía es también el arte de burlarse de alguien, de denunciar, criticar o censurar algo, pero sin expresarlo de manera explícita o directa, sino dándolo a entender. En este sentido, la ironía valoriza algo cuando realmente lo quiere desvalorizar, o, al contrario, desvaloriza algo cuando en realidad busca realzar su valor” (Diccionario).

La broma es una acción o dicho cuya finalidad es divertir o hacer reír enfrentando a una persona a una situación inesperada o extraña, deformando la realidad, mostrando como cierto algo que no lo es, etc.” (Diccionario).

La burla es una acción, ademán o palabras con que se procura poner en ridículo a alguien o algo” (Diccionario).  

“El sarcasmo es una burla mordaz con la que se pretende dar a entender lo contrario o manifestar desagrado. El término también se refiere a la figura retórica que consiste en emplear esta especie de ironía. El sarcasmo es una crítica indirecta, pero la mayoría de las veces es expuesta de forma evidente. Ha sido proverbialmente descrito como «La forma más baja de humor pero la más alta expresión de ingenio», frase que se atribuye a Oscar Wilde, aunque realmente se desconoce su procedencia” (Diccionario).

Cochinear es fastidiar burlándose continuamente de alguien, es también juguetear de un modo pesado ridiculizando lo serio” (Diccionario).


COMENTARIO

Si les tomamos un video  (sin que se den cuenta) a un grupo de adolescentes de un colegio cualquiera, cuando están juntos en grupo, es fácil encontrar momentos de “cochineo”, burlas y jugueteos entre unos y otros,  también influjos (sometimientos) de unos sobre otros, que podrían darse de modo habitual y algunas veces, sin que nadie lo sepa.

Los adolescentes, que son compañeros, forman un mundo aparte que es muy importante e interesante analizar. Esto corresponde lógicamente a los educadores, no a todos los que están en el colegio sino a los que realmente tienen vocación de educadores y lo son; los demás es muy probable que sean “dilettantis” (aficionados), que aunque pontifiquen en temas educativos, están, la mayoría de ellos, bastante desubicados. Los hay en todos los colegios.

Hoy, lamentablemente, muchos toman la batuta de educadores sin que sepan leer la partitura de la música que deberían tocar. Los resultados lo dicen todo. Hay crisis en la educación.

Los mismos alumnos son los mejores jueces de sus maestros; al cabo de los años, cuando ya se ha salido del colegio, se cuenta con los dedos de la mano, y quizá sobren, los que ellos consideran buenos educadores.

El mismo país se queja del bajo nivel humano y profesional de sus propios maestros.


La extensión del “cochineo”
Para muestra basta un botón. Cuando tratamos el tema del que nos estamos ocupando encontramos “educadores” que están igualmente sumergidos en ambientes vulgares donde la burla y el cochineo es lo habitual en el día a día.

Para algunos, salir de los ambientes sarcásticos es como traicionar al compadreo de los grandes amigotes. Es un modo informal de tratarse que se ha hecho extensivo en una  sociedad donde hay competencias de viveza y astucia, pensando que el mejor es el que a costa de minimizar irónicamente a los demás, consigue ventajas para ser aceptado y avanzar.
Esos modos de relacionarse deben corregirse desde el colegio, y conseguir que los adolescentes no entren en esas competencias de burlas y fastidios mutuos, que vemos todos los días en casi todos los colegios.


Exterminar el “cochineo”
Para ganar la guerra hay que ganar antes pequeñas batallas y no desanimarse frente a los obstáculos que, en la mayoría de los casos, están bastante arraigados. Es un campo en el que hay que entrar para arreglarlo todo.

Debería tener prioridad en el ideario de un colegio la conquista de unas relaciones humanas de respeto y delicadeza de primer nivel.

Profesores y padres de familia deben unirse para lograr que los alumnos aprendan a querer de verdad a Dios y a los demás; y que no entren por las vías artificiales de los “cumplimientos” o las “diplomacias” que son de mentira e hipocresía.

En los colegios se debe formar no obligar. Conseguir, con un gran respeto a la libertad de cada uno, que todos quieran.

La libertad no es una concesión a que cada uno decida o haga lo que le da la gana. La libertad consiste en enseñar con el ejemplo el bien y la verdad, lo que más vale y eso tiene en sí mismo un gran atractivo, “El bien es de por sí difusivo” decía Santo Tomás de Aquino.
 
No se debe engañar ni presionar a nadie para que haga el bien. Cualquier asomo de presión termina complicándolo todo. No basta decir que hay libertad, es necesario comprobar que realmente todos se sientan libres.

En la casa y en el colegio se debe proteger la libertad de los chicos, que además son menores de edad. Ellos serán libres cuando puedan hacer el bien queriendo de verdad con rectitud de corazón y de intención.  (P. Manuel Tamayo). *continuará en el próximo número.

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