BROMAS, BURLAS Y “COCHINEO”
ENTRE ADOLESCENTES
“La ironía es una forma de dar a entender
algo expresando lo contrario de lo que se quiere decir o se piensa.
La palabra proviene del griego εἰρωνεία
(eirōneía), que significa ‘disimulo’ o
‘ignorancia fingida’. La ironía es
también el arte de burlarse de alguien, de denunciar, criticar o censurar
algo, pero sin
expresarlo de manera explícita o directa, sino dándolo a entender. En este
sentido, la ironía valoriza algo cuando realmente lo quiere desvalorizar, o, al
contrario, desvaloriza algo cuando en realidad busca realzar su valor” (Diccionario).
“La broma es una
acción o dicho cuya finalidad es divertir o hacer reír enfrentando a una
persona a una situación inesperada o extraña, deformando la realidad, mostrando
como cierto algo que no lo es, etc.” (Diccionario).
“La burla es una acción, ademán o palabras con que se procura poner en
ridículo a alguien o algo” (Diccionario).
“El sarcasmo es una burla
mordaz con la que se pretende dar a entender lo contrario o manifestar
desagrado. El término también se refiere a la figura retórica que consiste
en emplear esta especie de ironía. El sarcasmo es una
crítica indirecta, pero la mayoría de las veces es expuesta de forma evidente.
Ha sido proverbialmente descrito como «La
forma más baja de humor pero la más alta expresión de ingenio», frase que
se atribuye a Oscar Wilde, aunque realmente
se desconoce su procedencia” (Diccionario).
“Cochinear
es fastidiar burlándose continuamente de alguien, es también juguetear de un
modo pesado ridiculizando lo serio” (Diccionario).
COMENTARIO
Si les tomamos un video
(sin que se den cuenta) a un
grupo de adolescentes de un colegio cualquiera, cuando están juntos en grupo, es fácil encontrar momentos de “cochineo”, burlas y jugueteos entre
unos y otros, también influjos (sometimientos) de unos sobre otros, que
podrían darse de modo habitual y algunas veces, sin que nadie lo sepa.
Los adolescentes, que son compañeros, forman un mundo
aparte que es muy importante e interesante analizar. Esto corresponde
lógicamente a los educadores, no a todos los que están en el colegio sino a los
que realmente tienen vocación de educadores y lo son; los demás es muy probable
que sean “dilettantis” (aficionados), que aunque pontifiquen en
temas educativos, están, la mayoría de
ellos, bastante desubicados. Los hay en todos los colegios.
Hoy, lamentablemente, muchos toman la batuta de educadores sin que sepan leer
la partitura de la música que
deberían tocar. Los resultados lo dicen todo. Hay crisis en la educación.
Los mismos alumnos
son los mejores jueces de sus maestros; al cabo de los años, cuando ya se ha salido del colegio, se
cuenta con los dedos de la mano, y quizá sobren,
los que ellos consideran buenos educadores.
El mismo país se
queja del bajo nivel humano y profesional de sus propios maestros.
La extensión del “cochineo”
Para muestra basta
un botón. Cuando tratamos el tema del que nos estamos ocupando encontramos “educadores” que están igualmente
sumergidos en ambientes vulgares donde la burla y el cochineo es lo habitual en
el día a día.
Para algunos, salir
de los ambientes sarcásticos es como traicionar al compadreo de los grandes
amigotes. Es un modo informal de tratarse que se ha hecho extensivo en una sociedad donde hay competencias de viveza y
astucia, pensando que el mejor es el que a costa de minimizar irónicamente a
los demás, consigue ventajas para ser aceptado y avanzar.
Esos modos de
relacionarse deben corregirse desde el colegio, y conseguir que los
adolescentes no entren en esas competencias de burlas y fastidios mutuos, que
vemos todos los días en casi todos los colegios.
Exterminar el “cochineo”
Para ganar la
guerra hay que ganar antes pequeñas batallas y no desanimarse frente a los
obstáculos que, en la mayoría de los
casos, están bastante arraigados. Es un campo en el que hay que entrar para
arreglarlo todo.
Debería tener
prioridad en el ideario de un colegio la conquista de unas relaciones humanas
de respeto y delicadeza de primer nivel.
Profesores y padres
de familia deben unirse para lograr que los alumnos aprendan a querer de verdad
a Dios y a los demás; y que no entren por las vías artificiales de los “cumplimientos” o las “diplomacias” que son de mentira e
hipocresía.
En los colegios se
debe formar no obligar. Conseguir, con un
gran respeto a la libertad de cada uno, que todos quieran.
La libertad no es
una concesión a que cada uno decida o haga lo que le da la gana. La libertad
consiste en enseñar con el ejemplo el bien y la verdad, lo que más vale y eso
tiene en sí mismo un gran atractivo, “El
bien es de por sí difusivo” decía Santo Tomás de Aquino.
No se debe engañar ni
presionar a nadie para que haga el bien. Cualquier asomo de presión termina
complicándolo todo. No basta decir que hay libertad, es necesario comprobar que
realmente todos se sientan libres.
En la casa y en el
colegio se debe proteger la libertad de los chicos, que además son menores de
edad. Ellos serán libres cuando puedan hacer el bien queriendo de verdad con
rectitud de corazón y de intención. (P. Manuel Tamayo). *continuará en el próximo número.
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