sábado, 13 de julio de 2019



ESTRUCTURAS CADUCAS

365. “Esta firme decisión misionera debe impregnar todas las estructuras eclesiales y todos los planes pastorales de diócesis, parroquias, comunidades religiosas, movimientos, y de cualquier institución de la Iglesia. Ninguna comunidad debe excusarse de entrar decididamente, con todas sus fuerzas, en los procesos constantes de renovación misionera, y de abandonar las estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe.
366. La conversión personal despierta la capacidad de someterlo todo al servicio de la instauración del Reino de vida. Obispos, presbíteros, diáconos permanentes, consagrados y consagradas, laicos y laicas, estamos llamados a asumir una actitud de permanente conversión pastoral, que implica escuchar con atención y discernir “lo que el Espíritu está diciendo a las Iglesias” (Ap 2, 29) a través de los signos de los tiempos en los que Dios se manifiesta. 
367. La pastoral de la Iglesia no puede prescindir del contexto histórico donde viven sus miembros. Su vida acontece en contextos socioculturales bien concretos. Estas transformaciones sociales y culturales representan naturalmente nuevos desafíos para la Iglesia en su misión de construir el Reino de Dios. De allí nace la necesidad, en fidelidad al Espíritu Santo que la conduce, de una renovación eclesial, que implica reformas espirituales, pastorales y también institucionales. 
368. La conversión de los pastores nos lleva también a vivir y promover una espiritualidad de comunión y participación, “proponiéndola como principio educativo en todos los lugares donde se forma el hombre y el cristiano, donde se educan los ministros del altar, las personas consagradas y los agentes pastorales, donde se construyen las familias y las comunidades”. La conversión pastoral requiere que las comunidades eclesiales sean comunidades de discípulos misioneros en torno a Jesucristo Maestro y Pastor. De allí nace la actitud de apertura, de diálogo y disponibilidad para promover la corresponsabilidad y participación efectiva de todos los fieles en la vida de las comunidades cristianas. Hoy más que nunca el testimonio de comunión eclesial y la santidad son una urgencia pastoral. La programación pastoral ha de inspirarse en el mandamiento nuevo del amor (cf. Jn 13, 35).  (Documento Aparecida).


COMENTARIO
La Iglesia, asistida por el Espíritu Santo, nos enseña que todos los seres humanos estamos en un proceso de cambio. Las mejoras exigen cambios y los cambios nos obligan a dejar de lado lo que ya no sirve y que puede convertirse en una rémora para seguir avanzando.
Todos tenemos que dejar modos de vivir o sistemas de vida que ya no tienen vigencia ni sentido. A nadie se le ocurre hoy mandar un telegrama o usar una máquina de escribir en un mundo donde los sistemas de comunicación han mejorado notablemente y son mucho más eficaces que los de antaño. El hombre de hoy, para vivir acorde con los tiempos actuales, se ve obligado a dejar de lado lo que se considera obsoleto.
Entre lo que se debe dejar hay también sistemas, costumbres o modos de organizarse que ya no van con los tiempos actuales porque han aparecido otros más eficaces o menos complicados. Hay medios, que en su tiempo fueron útiles y exitosos que ahora ya no tienen vigencia. A todo eso se le puede llamar estructura caduca.

Lo que siempre tiene vigencia para todas las épocas
La Iglesia también nos enseña que no cabe calificar de estructura caduca a la misma Tradición, que es una de las fuentes de la fe, ni a la Sagrada Escritura. Ambas forman la doctrina de la Iglesia, que tampoco tiene caducidad y tiene vigencia para todos los tiempos. La Iglesia, a través del catecismo, nos enseña, de un modo didáctico y sencillo, la doctrina de siempre. La Iglesia será siempre el Cuerpo místico de Cristo, que nos alcanza los sacramentos que nos vivifican por la presencia del mismo Dios.
El hombre de todos los tiempos, que es dañado por el pecado, (todos deben ser conscientes de esto), necesita de la ayuda de la Iglesia, que es el arca de salvación, porque la finalidad del ser humano no está en la tierra sino en el Cielo. El hombre necesita ser salvado por Jesucristo que ha fundado la Iglesia y ha instituido los sacramentos con esa finalidad. Toda pastoral debe apoyarse en estas verdades elementales, para no sucumbir. Cristo viene a divinizar al hombre, a elevarlo. La Iglesia no está para humanizarlo dejando de lado los medios que Cristo ha traído al mundo para todas las épocas.
La Iglesia no debe cambiar para adaptarse al mundo sino el mundo y cada persona es la que tiene que cambiar para adaptarse, en cada época, al plan de Dios. Hoy el mundo entero, que está revuelto y perdido, necesita con urgencia a Dios. (P. Manuel Tamayo).


No hay comentarios:

Publicar un comentario