LAS GRAVES LIMITACIONES DEL ESPÍRITU CACHACIENTO
“Cachaciento
es un burlón que hace chacota constantemente” (Diccionario)
“Guasón
es el burlón que no se toma nada en serio” (Diccionario).
“Sacar
pica es burlarse de alguien o pavonearse de algo para producir envidia en
otra persona”
(Diccionario).
“El cachaciento suele burlarse de alguien o mostrarse irrespetuoso
por sus rasgos físicos, nacionalidad, creencias, color,
estatura, alguna discapacidad…” (Diccionario).
“Cuando alguien toma a juego o a risa el mal o
el defecto de otra persona porque en sí es un mal pequeño, comete un pecado
venial y leve por su naturaleza. Mas cuando se toma como pequeño ese mal por
razón de la persona, como ocurre con los defectos de los niños y de los tontos,
que solemos estimar en poco, entonces el que uno se burle o se ría implica
menospreciar totalmente al prójimo y juzgarlo tan vil que no ha de inquietarse
por su mal, sino que se le debe estimar como objeto de diversión. Y tomada así
la burla, es pecado mortal, y aun más grave que la contumelia, porque el
contumelioso parece tomar en serio el mal de otro; en cambio, quien se burla lo
toma a risa, y así resulta mayor el desprecio y la deshonra” (Catholic net).
“Según todo esto, la burla es un pecado grave,
tanto más grave cuanto mayor respeto se debe a la persona sobre quien recaiga
la burla. Por consiguiente, la peor de todas es burlarse de Dios y de las cosas
propias de El, según se dice en Is 37, 23: ¿A quién has
insultado y contra quién has alzado tu voz? Y luego
añade: Contra el Santo de Israel. Viene en segundo lugar la burla
contra los padres, por lo que dice Pr 30, 17: El ojo del
que hace burla de su padre y desprecia a la madre que le engendró será arrancado
por los cuervos del torrente y comido por los hijos de las águilas. Ocupa en tercer lugar, por su gravedad, la burla que recae sobre los
justos, porque el honor es el premio de la virtud . Y frente a esto se dice en
Jb 12, 4: Es escarnecida la sencillez del justo. Esta burla es muy nociva,
porque por ésta los hombres son impedidos de hacer el bien, según dice Gregorio
: Hay quienes ven brotar el bien en las obras del
prójimo y se apresuran a arrancarlo en seguida con mano de mortífera censura” (Catholic
net).
“Contumelia es un oprobio, injuria u ofensa dicha a una persona en su
cara. En la teología católica se llama contumelia a la injusta violación del
derecho al honor del prójimo. Puede ser negativa, por omisión del respeto y la
consideración debidos o positiva, despreciando al prójimo de palabra, de obra y
por signos exteriores. La contumelia es pecado grave por su género y trae
consigo la obligación de restituir el honor violado y reparar los daños que se
hayan seguido” (Diccionario, Educalingo).
COMENTARIO
Ser divertido,
bromista, de espíritu alegre es algo muy bueno y no está reñido con la caridad,
ni con un nivel elevado de virtudes y de cultura de un ambiente determinado.
Las personas
abiertas y alegres, que saben meterse cariñosamente con los demás, elevan el
ambiente para que todos se sientan bien y pasen un momento agradable.
La broma fina y
delicada es una manifestación de afecto y estima hacia la persona que recibe la
broma, algunas veces se presenta como un reto que busca hacerlo reaccionar
positivamente y otras veces es señalarle algo gracioso de su aspecto, que causa
risa y divierte a los demás.
Cualquier persona
inteligente disfruta con las ocurrencias y las bromas divertidas de un ambiente
sano donde realmente se estima a las personas y no pone mala cara ni busca
censurar esas intervenciones como desafortunadas.
Las crisis en las relaciones humanas
Cuando la familia, que es comunidad de vida y amor, no
funciona, puede crecer rápidamente en las personas, por la falta de seguridad, un “mecanismo de defensa” que es
precisamente el “espíritu cachaciento”
Las crisis
familiares originan crisis sociales y éstas a su vez se caracterizan por la
informalidad. El desorden y el caos de la informalidad calzan perfectamente con
el “espíritu cachaciento” del que se siente inseguro y es a la vez un complejo
de inferioridad.
El que es
habitualmente cachaciento suele
tener, en la mayoría de los casos, un
problema de personalidad. Quizá no sabe desenvolverse con suficiente soltura. En un ambiente serio y formal podría sentirse
incómodo, entonces se las ingenia para romper los protocolos creyendo que la
libertad está en la informalidad, porque es allí donde se siente mejor y podría
adquirir cierto “liderazgo”.
La falta de virtud
es tan terrible como desconcertante, cuando no se vive como se piensa se
termina pensando como se vive. Hoy se ataca lo que es formal como si fuera una
estructura obsoleta y caduca. Algo del pasado que debe ser “superado”
¿Cómo salir de esta crisis de maltratos?
Para salir de estas
situaciones que reflejan unas relaciones humanas pobres y mediocres es
necesario revalorizar las virtudes humanas en la educación de las personas y
conseguir que la sociedad sea más ordenada en todos los aspectos. La
informalidad es sobre todo una enfermedad y como tal debe ser curada.
Todos deben ser conscientes
de la necesidad de una disciplina personal. No se trata de regresiones sino de
conseguir ser auténticos. Desarrollar de acuerdo a la verdad y al sentido
común.
Una parte del
problema se debe al exceso del tecnicismo que ha conducido a las personas hacia
un pragmatismo inhumano que, en muchos casos, ha terminado deteriorando la
buena relación entre los seres humanos. El Papa Benedicto XVI decía que las
relaciones de hoy se han convertido en relaciones de oferta y demanda y se ha
dejado de lado la gratuidad, el servicio y la caridad.
Este deterioro
notable en las relaciones humanas animaliza a los hombres y surgen conflictos,
peleas y guerras por motivos banales. Muchas personas, hartas de sentirse presionadas,
por los ataques o acosos de otros, optan por huir o incluso por quitarse la
vida.
Es urgente
reconstruir la sociedad formando bien a las personas de acuerdo con la verdad.
No puede haber ética si no se tiene consciencia del bien y del mal, para que
los criterios sean coherentes y respondan a la auténtica antropología del ser
humano. Es una tarea urgente de los educadores. (P. Manuel Tamayo).
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