martes, 9 de julio de 2019


LAS GRAVES LIMITACIONES DEL ESPÍRITU CACHACIENTO

Cachaciento es un burlón que hace chacota constantemente” (Diccionario)

Guasón es el burlón que no se toma nada en serio” (Diccionario).

Sacar pica es burlarse de alguien o pavonearse de algo para producir envidia en otra persona”
(Diccionario).

“El cachaciento suele burlarse de alguien o mostrarse irrespetuoso por sus rasgos físicos, nacionalidad, creencias, color, estatura, alguna discapacidad…” (Diccionario).

“Cuando alguien toma a juego o a risa el mal o el defecto de otra persona porque en sí es un mal pequeño, comete un pecado venial y leve por su naturaleza. Mas cuando se toma como pequeño ese mal por razón de la persona, como ocurre con los defectos de los niños y de los tontos, que solemos estimar en poco, entonces el que uno se burle o se ría implica menospreciar totalmente al prójimo y juzgarlo tan vil que no ha de inquietarse por su mal, sino que se le debe estimar como objeto de diversión. Y tomada así la burla, es pecado mortal, y aun más grave que la contumelia, porque el contumelioso parece tomar en serio el mal de otro; en cambio, quien se burla lo toma a risa, y así resulta mayor el desprecio y la deshonra” (Catholic net).

“Según todo esto, la burla es un pecado grave, tanto más grave cuanto mayor respeto se debe a la persona sobre quien recaiga la burla. Por consiguiente, la peor de todas es burlarse de Dios y de las cosas propias de El, según se dice en Is 37, 23: ¿A quién has insultado y contra quién has alzado tu voz? Y luego añade: Contra el Santo de Israel. Viene en segundo lugar la burla contra los padres, por lo que dice Pr 30, 17: El ojo del que hace burla de su padre y desprecia a la madre que le engendró será arrancado por los cuervos del torrente y comido por los hijos de las águilas. Ocupa en tercer lugar, por su gravedad, la burla que recae sobre los justos, porque el honor es el premio de la virtud . Y frente a esto se dice en Jb 12, 4: Es escarnecida la sencillez del justo. Esta burla es muy nociva, porque por ésta los hombres son impedidos de hacer el bien, según dice Gregorio : Hay quienes ven brotar el bien en las obras del prójimo y se apresuran a arrancarlo en seguida con mano de mortífera censura” (Catholic net).

Contumelia es un oprobio, injuria u ofensa dicha a una persona en su cara. En la teología católica se llama contumelia a la injusta violación del derecho al honor del prójimo. Puede ser negativa, por omisión del respeto y la consideración debidos o positiva, despreciando al prójimo de palabra, de obra y por signos exteriores. La contumelia es pecado grave por su género y trae consigo la obligación de restituir el honor violado y reparar los daños que se hayan seguido” (Diccionario, Educalingo).


COMENTARIO

Ser divertido, bromista, de espíritu alegre es algo muy bueno y no está reñido con la caridad, ni con un nivel elevado de virtudes y de cultura de un ambiente determinado.

Las personas abiertas y alegres, que saben meterse cariñosamente con los demás, elevan el ambiente para que todos se sientan bien y pasen un momento agradable.

La broma fina y delicada es una manifestación de afecto y estima hacia la persona que recibe la broma, algunas veces se presenta como un reto que busca hacerlo reaccionar positivamente y otras veces es señalarle algo gracioso de su aspecto, que causa risa y divierte a los demás.

Cualquier persona inteligente disfruta con las ocurrencias y las bromas divertidas de un ambiente sano donde realmente se estima a las personas y no pone mala cara ni busca censurar esas intervenciones como desafortunadas.


Las crisis en las relaciones humanas
Cuando la familia, que es comunidad de vida y amor, no funciona, puede crecer rápidamente en las personas, por la falta de seguridad, un “mecanismo de defensa” que es precisamente el “espíritu cachaciento”

Las crisis familiares originan crisis sociales y éstas a su vez se caracterizan por la informalidad. El desorden y el caos de la informalidad calzan perfectamente con el “espíritu cachaciento” del que se siente inseguro y es a la vez un complejo de inferioridad.

El que es habitualmente cachaciento suele tener, en la mayoría de los casos, un problema de personalidad. Quizá no sabe desenvolverse con suficiente soltura.  En un ambiente serio y formal podría sentirse incómodo, entonces se las ingenia para romper los protocolos creyendo que la libertad está en la informalidad, porque es allí donde se siente mejor y podría adquirir cierto “liderazgo”.

La falta de virtud es tan terrible como desconcertante, cuando no se vive como se piensa se termina pensando como se vive. Hoy se ataca lo que es formal como si fuera una estructura obsoleta y caduca. Algo del pasado que debe ser “superado”


¿Cómo salir de esta crisis de maltratos?
Para salir de estas situaciones que reflejan unas relaciones humanas pobres y mediocres es necesario revalorizar las virtudes humanas en la educación de las personas y conseguir que la sociedad sea más ordenada en todos los aspectos. La informalidad es sobre todo una enfermedad y como tal debe ser curada.

Todos deben ser conscientes de la necesidad de una disciplina personal. No se trata de regresiones sino de conseguir ser auténticos. Desarrollar de acuerdo a la verdad y al sentido común.

Una parte del problema se debe al exceso del tecnicismo que ha conducido a las personas hacia un pragmatismo inhumano que, en muchos casos, ha terminado deteriorando la buena relación entre los seres humanos. El Papa Benedicto XVI decía que las relaciones de hoy se han convertido en relaciones de oferta y demanda y se ha dejado de lado la gratuidad, el servicio y la caridad.

Este deterioro notable en las relaciones humanas animaliza a los hombres y surgen conflictos, peleas y guerras por motivos banales. Muchas personas, hartas de sentirse presionadas, por los ataques o acosos de otros, optan por huir o incluso por quitarse la vida.

Es urgente reconstruir la sociedad formando bien a las personas de acuerdo con la verdad. No puede haber ética si no se tiene consciencia del bien y del mal, para que los criterios sean coherentes y respondan a la auténtica antropología del ser humano. Es una tarea urgente de los educadores. (P. Manuel Tamayo).

No hay comentarios:

Publicar un comentario