LA INVASIÓN DE LOS BÁRBAROS
“Los bárbaros ya no
están en las puertas de las ciudades, ni al pie de las murallas: ahora ocupan
influyentes cargos de gobierno. Hacen leyes y moldean la opinión, alimentados
con frecuencia por un auténtico menosprecio de los débiles y los pobres, (Cardenal Robert Sarah, “Se
hace tarde y anochece” p.389).
“Si miramos con un poco de calma lo que está
sucediendo a nivel mundial no podríamos más que concluir que se instaló la
barbarie como estilo de gobierno y en las relaciones internacionales. Y
entendemos por ese término la actitud de la persona o grupo que actúan
fuera de las normas de cultura, en especial de carácter ético, y son salvajes,
crueles o faltos de compasión hacia la vida o la dignidad de los demás” (Alfonso Palacios Echevarría, El País).
« Movimientos típicos de
hombres-masa, dirigidos, como todos los que lo son, por hombres mediocres,
extemporáneos y sin larga memoria, sin “conciencia histórica”, se comportan
desde un principio como si hubiesen pasado ya, como si acaeciendo en esta hora
perteneciesen a la fauna de antaño.» (Ortega y Gasset, “La
Rebelión de las masas” p. 202).
“Los medios de comunicación se han convertido en actores
políticos y económicos cruciales de las democracias contemporáneas. Su poder
reside en su capacidad para influir en el poder: el poder de los gobiernos,
jueces y legisladores; el poder de la política; el poder de decisión de los
ciudadanos. Los medios de comunicación dejaron de ser «intermediarios» o la
cancha de lo común de la democracia (si es que alguna vez lo fueron), para
pasar a jugar la batalla del poder constituir, destituir o instituir... Por eso, más que informar, hacen lobby para sus propios
negocios; más que ejercer activamente la libertad de prensa, defienden la
libertad de empresa.
Los medios, entonces, se convirtieron en voceros de sus amos y
dejaron de ser los voceros de los ciudadanos. Su poder está en que militan y
operan para el relato de hegemonía política que les conviene; operan sobre la
opinión pública blindando unos y atacando otros modos de hacer política,
inventando grietas, polarizaciones, crisis, etc” (Estefanía
Avella Omar Rincón)
COMENTARIO
Parece increíble lo
que estamos viendo en estas épocas cuando ya llevamos recorridas dos décadas
del siglo XXI. Hace años era difícil imaginar una corrupción tan potente y
generalizada en las principales autoridades de un país, o dicho en otras
palabras: que un país sea conducido por verdaderos delincuentes que además son
cínicos.
Los descuidos
producen desórdenes. Cuando el ser humano pierde la brújula, el daño se
extiende en proporciones gigantescas. Nadie como el hombre necesita ser educado
en la verdad, con una formación continua que no acaba hasta que muera. El
abandono de una correcta educación no solo produce limitaciones, genera también
aberraciones, como las estamos viendo ahora.
La barbarie apoyada por un gran sector del poder mediático
Los Bárbaros han
invadido y se han colocado en las primeras filas; muchos medios de comunicación,
con periodistas arrogantes, los apoyan
porque encuentran en ellos negocio y poder. No les importa defender la verdad,
se venden, sin escrúpulos, a razones de conveniencia para sus propias arcas y
van creando grupos económicos que manejan el cotarro brindando “comodidades” a los que llevan la bandera de la
“libertad” absoluta envenenados por el odio al orden correcto para vivir.
Leyes que persiguen, maltratan y destrozan a las personas
Las leyes de hoy
son utilizadas para controlar con el castigo a los que no piensan como ellos.
Las acusaciones no tienen que ver con la verdad de los hechos sino con lo que
conviene que sea “la verdad”.
Tampoco hay
escrúpulos para sembrar “pruebas” y justificar las acusaciones. Por supuesto que
la compasión y el perdón no son políticamente correctos. El No a la impunidad
se impone. Nadie quiere perdonar todos quieren condenar. Los agentes de la
justicia son unos “cazadores” que buscan atrapar a su presa para ganar
prestigio de luchadores honestos contra la corrupción y algunos ingenuos los
consideran héroes.
Los bárbaros de los
tiempos actuales son las organizaciones criminales que se han unido con el
propósito de medrar a costa de los que sea.
Estando cerca la
Navidad, necesitamos ¡a gritos! Que venga el Salvador, Aquel que nos puede
liberar de las esclavitudes de los tiempos actuales. El único que es capaz de
cambiar los corazones de las personas para que sepan amar. Ese Salvador, al que
miran con ironía y despecho los que han perdido el camino, se llama Dios.
Que Dios nos libre
de la barbarie para que el futuro sea próspero y de paz; no de miseria y
desesperación.
¡Feliz Navidad, con
la verdad y la honestidad para obtener la libertad que nos hará felices! (P. Manuel Tamayo)
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