jueves, 5 de diciembre de 2019


LA UTOPÍA DE LAS REFORMAS

“Reforma es aquello que se propone, proyecta o ejecuta con el objetivo de mejorar, enmendar, actualizar o innovar algo” (diccionario).

Utopía, como tal, es un proyecto ideal, o prácticamente imposible de realizar” (diccionario).
“No esperemos una reforma que venga de arriba como las de la administración del Estado. Las estructuras solo evolucionarán si se sostienen en los santos” (Cardenal Robert Sarah, “Se hace tarde y anochece” p 278).

“Quizás sea bueno entender el sentido de la vida para poder entender por qué deberías cambiar. Nadie puede cambiar a una persona pero alguien puede ser la razón para que una persona cambie” (Pedro Amador)

“Acabar!, ¡acabar! —Hijo, “qui perseveraverit usque in finem, hic salvus erit —se salvará el que persevere hasta el fin.—Y los hijos de Dios disponemos de los medios, ¡tú también!: cubriremos aguas, porque todo lo podemos en Aquél que nos conforta.
 —Con el Señor no hay imposibles: se superan siempre”
(San Josemaría, Camino 656).


COMENTARIO

Los intentos de reforma en la historia han sido motivados por líderes políticos ambiciosos de estar en el poder y sentirse los protagonistas de cambios históricos en sus países.

Señalando y ampliando los defectos de los regímenes vigentes usan toda su artillería con la ayuda de empresas y poderes mediáticos, que también quieren participar de los beneficios que van a obtener si ganan la contienda, para derrocar a quienes estuvieron antes en el poder y hacer los cambios correspondientes.

Los triunfos electorales se celebran como si se hubiera ganado una guerra contra enemigos y gente corrupta. Muchas veces los flamantes elegidos entran a sus puestos con la intención de corregirlo todo metiendo en la cárcel a quienes se beneficiaron antes con el poder; “escobita nueva barre mejor”.
Por otro lado es necesario advertir, lo que nadie podría negar; que las campañas electorales son una suerte de negociado donde cada participante ve con esperanza todo lo que le puede tocar para su beneficio personal.

También hay que decir, en honor a la verdad, que hay honrosas excepciones, aunque lamentablemente éstas son muy pocas entre los que aspiran a ser gobernantes.


La mediocridad humana de los “grandes líderes”
Los emblemáticos líderes de una “democracia” de dádivas y componendas son los que buscan consensos para contentar a todos y tender puentes con cualquiera, como hacen los populistas o los que caen en un irenismo conciliador que no toca fondo.

Hoy también se han multiplicado líderes melífluos, que les importa quedar bien fomentando un pacifismo permisivo que acepta todo y no arregla las cosas de acuerdo a la verdad y al bien real de las personas. Son solo “arreglos” que esconden la basura debajo de la alfombra. Ninguno de estos “lideres” han conseguido hacer las grandes reformas en el mundo.

Los líderes virtuosos
Las verdaderas reformas las pudieron hacer los que supieron contar con personas idóneas, creando una unidad de entendimiento y de trabajo, o los que, al encontrar dificultades humanas, fueron por delante abriendo camino, con iniciativas interesantes y una creatividad admirable.

Los buenos líderes saben que la reforma empieza por cada persona utilizando la falsilla de la verdad. A cada uno le toca luchar para ganar en virtudes y ser honesto. El que tiene orden en su vida, porque hace las cosas bien, estaría capacitado para tener las mejores relaciones humanas. El líder que une no es el que busca “arreglos”, sino el que, de acuerdo con la verdad, consigue la unidad.

La unidad no viene del ejercicio de la democracia, tampoco de los diálogos fatuos o de reuniones inútiles. Se consigue cuando se ama la verdad y las personas se esmeran en ser virtuosas en todos los campos: en la vida privada, en la vida laboral y en la vida social.

La otra forma de auténtico liderazgo es el de la persona capaz de ir por delante, sin protagonismos, con iniciativas o proyectos para el beneficio de los demás.

Son personalidades que influyen con una conducta fuera de serie. Con sus ideas y trabajos suelen encontrar resistencia, por envidias o por gente que piensa que lo que está proponiendo no encaja dentro de los esquemas lógicos de lo que se debería hacer.  Lo que propone podría parecer una locura.

Los santos suelen ser incomprendidos
Esto suele ocurrir habitualmente con los santos, que son incomprendidos por “romper esquemas” con una conducta diferente que parece atrevida y revolucionaria. Sin embargo el número de gente que lo sigue va creciendo considerablemente.  No es el seguimiento de una masa descontrolada y violenta. Lo siguen personas serias que han descubierto valores humanos profundos que dan libertad de verdad.

De allí la devoción que provocan con sus propias vidas. Una devoción que no viene impuesta, es totalmente libre.

Todos los santos han amado la libertad y la llevan en el alma al ser portadores de la verdad que la expresan con el afecto y la estima de una caridad ordenada por el amor de Dios.

Un santo influye en los demás con el ejemplo de su propia vida. Sale de él una gran atracción, que es única e intransferible. Con el tiempo y con mucha paciencia consigue unir a las personas.

Quien se acerca a un santo se siente querido y libre, por una amistad que lo envuelve y que lo protege de todos los males. El santo es el que más comprende sin ser permisivo y el que mejor sabe respetar, e incluso admirar la diversidad de cada uno. 

El santo no cuenta cuentos ni crea utopías idealistas, es tremendamente realista. (P. Manuel Tamayo).

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