LA UTOPÍA DE LAS REFORMAS
“Reforma es aquello que se propone, proyecta o ejecuta con el
objetivo de mejorar, enmendar, actualizar o innovar algo” (diccionario).
“Utopía, como tal, es un proyecto ideal, o
prácticamente imposible de realizar” (diccionario).
“No esperemos una
reforma que venga de arriba como las de la administración del Estado. Las
estructuras solo evolucionarán si se sostienen en los santos” (Cardenal Robert Sarah, “Se
hace tarde y anochece” p 278).
“Quizás sea bueno entender el sentido de la
vida para poder entender por qué deberías cambiar. Nadie puede cambiar a una
persona pero alguien puede ser la razón para que una persona cambie” (Pedro Amador) .
“Acabar!, ¡acabar! —Hijo, “qui perseveraverit
usque in finem, hic salvus erit —se salvará el que persevere hasta el fin.—Y
los hijos de Dios disponemos de los medios, ¡tú también!: cubriremos aguas,
porque todo lo podemos en Aquél que nos conforta.
—Con el Señor no hay imposibles: se superan siempre” (San Josemaría, Camino 656).
—Con el Señor no hay imposibles: se superan siempre” (San Josemaría, Camino 656).
COMENTARIO
Los intentos de
reforma en la historia han sido motivados por líderes políticos ambiciosos de
estar en el poder y sentirse los protagonistas de cambios históricos en sus
países.
Señalando y
ampliando los defectos de los regímenes vigentes usan toda su artillería con la ayuda de empresas y
poderes mediáticos, que también quieren
participar de los beneficios que van a obtener si ganan la contienda, para
derrocar a quienes estuvieron antes en el poder y hacer los cambios
correspondientes.
Los triunfos
electorales se celebran como si se hubiera ganado una guerra contra enemigos y
gente corrupta. Muchas veces los flamantes elegidos entran a sus puestos con la
intención de corregirlo todo metiendo en la cárcel a quienes se beneficiaron
antes con el poder; “escobita nueva barre
mejor”.
Por otro lado es
necesario advertir, lo que nadie podría
negar; que las campañas electorales son una suerte de negociado donde cada
participante ve con esperanza todo lo que le puede tocar para su beneficio
personal.
También hay que
decir, en honor a la verdad, que hay
honrosas excepciones, aunque lamentablemente éstas son muy pocas entre los que
aspiran a ser gobernantes.
La mediocridad humana de los “grandes líderes”
Los emblemáticos
líderes de una “democracia” de dádivas y componendas son los que buscan
consensos para contentar a todos y tender puentes con cualquiera, como hacen
los populistas o los que caen en un irenismo
conciliador que no toca fondo.
Hoy también se han
multiplicado líderes melífluos, que
les importa quedar bien fomentando un pacifismo
permisivo que acepta todo y no arregla las cosas de acuerdo a la verdad y al
bien real de las personas. Son solo “arreglos” que esconden la basura debajo de
la alfombra. Ninguno de estos “lideres” han conseguido hacer las grandes
reformas en el mundo.
Los líderes virtuosos
Las verdaderas
reformas las pudieron hacer los que supieron contar con personas idóneas,
creando una unidad de entendimiento y de trabajo, o los que, al encontrar dificultades humanas, fueron por delante
abriendo camino, con iniciativas interesantes y una creatividad admirable.
Los buenos líderes
saben que la reforma empieza por cada persona utilizando la falsilla de la
verdad. A cada uno le toca luchar para ganar en virtudes y ser honesto. El que
tiene orden en su vida, porque hace las
cosas bien, estaría capacitado para tener las mejores relaciones humanas.
El líder que une no es el que busca “arreglos”, sino el que, de acuerdo con la verdad, consigue la
unidad.
La unidad no viene
del ejercicio de la democracia, tampoco de los diálogos fatuos o de reuniones inútiles.
Se consigue cuando se ama la verdad y las personas se esmeran en ser virtuosas
en todos los campos: en la vida privada,
en la vida laboral y en la vida social.
La otra forma de
auténtico liderazgo es el de la persona capaz de ir por delante, sin protagonismos, con iniciativas o
proyectos para el beneficio de los demás.
Son personalidades
que influyen con una conducta fuera de serie. Con sus ideas y trabajos suelen
encontrar resistencia, por envidias o por gente que piensa que lo que está
proponiendo no encaja dentro de los esquemas lógicos de lo que se debería
hacer. Lo que propone podría parecer una
locura.
Los santos suelen ser incomprendidos
Esto suele ocurrir
habitualmente con los santos, que son incomprendidos por “romper esquemas” con una conducta diferente que parece atrevida y
revolucionaria. Sin embargo el número de gente que lo sigue va creciendo
considerablemente. No es el seguimiento
de una masa descontrolada y violenta. Lo siguen personas serias que han
descubierto valores humanos profundos que dan libertad de verdad.
De allí la devoción
que provocan con sus propias vidas. Una devoción que no viene impuesta, es
totalmente libre.
Todos los santos
han amado la libertad y la llevan en el alma al ser portadores de la verdad que
la expresan con el afecto y la estima de una caridad ordenada por el amor de
Dios.
Un santo influye en
los demás con el ejemplo de su propia vida. Sale de él una gran atracción, que
es única e intransferible. Con el tiempo y con mucha paciencia consigue unir a
las personas.
Quien se acerca a
un santo se siente querido y libre, por una amistad que lo envuelve y que lo
protege de todos los males. El santo es el que más comprende sin ser permisivo
y el que mejor sabe respetar, e incluso admirar la diversidad de cada uno.
El
santo no cuenta cuentos ni crea utopías idealistas, es tremendamente realista. (P. Manuel Tamayo).
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