TIEMPO DE FÁBULAS
“Porque vendrá un tiempo en el que no
soportarán sana doctrina, sino que se rodearán de maestros a la medida de sus
propios deseos y de lo que les gusta oír; y, apartando el oído de la verdad, se
volverán a las fábulas” (Timt, 4, 3-4).
“La palabra fábula procede del latín fabŭla, que tiene el mismo origen que "habla". De allí que el
término se relacione con el acto de contar historias, normalmente inventadas,
es decir, de ficción” (Diccionario).
COMENTARIO
Parece que ahora ya no importa tener la
razón o estar en la verdad, aunque se lleven pruebas. En muchas instancias las
cosas están amarradas y muchos funcionan por consignas.
Se concede escuchar al que quiera decir
la verdad para que exponga sus argumentos, pero suele ser, en la mayoría de los
casos “un saludo a la bandera”.
Cuando la suerte está echada ya no hay
argumentos que puedan romper las decisiones que se han tomado. Las consignas
obedecen a posturas políticas o a negociados previamente pactados, donde no se
puede permitir dar un paso atrás, ni siquiera uno al costado. Las decisiones
vienen dadas y están debidamente amarradas. Hay “compromiso” y puede haber
dinero de por medio.
Quienes organizan estos contubernios
ajenos a la verdad son personas que no tienen escrúpulos, porque han dejado de
lado su conciencia. No les importa los demás, lo que quieren es “salvar el pellejo” y beneficiarse todo
lo que puedan.
Es muy probable que todas estas personas
tengan “rapo de paja” y por lo tanto tiemblen cuando se encuentran con una
persona honrada con planteamientos que responden a la verdad. Procuran
bajárselo cuanto antes, no vaya a ser que el honrado les “malogre la fiesta”.
Estos líderes, que son más bien guías de ciegos, conocen bien las
estrategias para engañar con sus grandes fábulas. No les queda otra que apelar
al cuento, que está lleno de mentiras, para apabullar y no dejar que salga a
flote la verdad que los aterroriza. De esa forma consiguen tener dormida a la
gente que les hace caso y terminarán llevándolos al despeñadero, siempre con
historietas ilusas y muy alejadas de la verdad.
Urge desenmascarar con valentía a estos
cuentistas y advertirles a sus seguidores ilusos que están viviendo una
fantasía, aunque los que odian el bien porque fueron “debidamente infectados”
prefieren la fantasía y lanzan diatribas, con
los ojos cerrados, a las personas más buenas. Estos últimos suelen ser los
menos listos.
En estos tiempos que estamos viviendo,
cuando está en crisis la verdad, los cuentistas y sus seguidores se multiplican
por doquier y son como una plaga que es necesario erradicar para que la
sociedad pueda funcionar armónicamente y con coherencia (P. Manuel Tamayo).
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