EL CRISTIANISMO NO ES GLOBALIZACIÓN
“La doctrina cristiana
nos invita a contemplar la grandeza y la bondad de Dios en sus criaturas. No
rebaja a las criaturas para hacer sitio a Dios; por el contrario, son las
perfecciones que Dios manifiesta a través de la creación lo que lleva a
reconocerle como su Autor. Puede decirse que Dios ha puesto su firma, de mil
maneras, en la creación, y que la naturaleza está sellada con un sello divino.
Gran parte de la vida cristiana consiste en encontrar a Dios a través de las
huellas que Dios ha dejado en la creación” (Wikipedia).
“El término globalismo es un neologismo que se refiere a una hipotética ideología que trataría de acabar
con el estado-nación como marco para
la administración política y la referencia de identidad. Se usa notablemente en
ciertos círculos nacionalistas para describir la marcha hacia una especie de estado mundial. Esto
ocurriría bajo el doble efecto de la globalización económica y el internacionalismo de izquierda, razón por la cual hoy en día es un término
ampliamente utilizado por el populismo de derecha y la derecha alternativa” (Wikipedia).
COMENTARIO
El cristianismo nos invita a centrar
nuestra vida en Dios, a confiar en Él y a considerarlo el Señor de la historia.
Nos pide amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.
La globalización nos pide en confiar en
unos hombres que nos van a alcanzar todo lo que necesitemos a nivel mundial,
solo tenemos que estar de acuerdo y poner de nuestra parte todo el esfuerzo
para lograr esta unificación universal. Es una especie de acuerdo o tratado a
nivel mundial que consigue un sistema que funcione para todos.
El cristianismo busca la libertad de
cada hombre librándose de la esclavitud del pecado. Esta libertad solo se puede
conseguir con la verdad y la verdad es Cristo, que viene al mundo para quedarse
en él hasta su culminación.
La globalización invita a un pensamiento
único, a un estar de acuerdo con lo que se propone y por lo tanto habría que
eliminar lo que se considera oposición.
La oposición más fuerte que encuentra el
globalismo es el cristianismo, porque si atendemos a la doctrina cristiana que
tiene su fuente en la Revelación, no estaría permitido el aborto, la eutanasia,
las relaciones sexuales con personas del mismo sexo, y el matrimonio homosexual.
Con el cristianismo interviene
Jesucristo con una prédica que es doctrina para toda la humanidad. No es una
ideología, es la verdad que necesita conocer cada persona para conocerse a sí
misma y entender cuál es su finalidad. La doctrina cristiana se resume en los
10 mandamientos, que también son ley natural porque cada persona los tiene en
su propia naturaleza.
La globalización tiene como moral a lo
que sea conveniente para la realización del plan global sacando la bandera de
la libertad absoluta, que se opone a la ley natural y a los mandamientos
señalados por el cristianismo. Es una propuesta mentirosa porque están
“inventando” una verdad apoyada en la “ciencia” y en consenso mundial. Como si
la verdad fuera consecuencia de la libre elección democrática.
El cristianismo enseña los principios
morales que todo hombre debe reconocer: el amor a la vida desde la concepción y
hasta la muerte, la unión del matrimonio entre un hombre y una mujer para
formar una familia que se instaura como la célula básica de la sociedad, donde
los padres son los primeros y principales educadores de sus hijos.
El globalismo pretende expulsar a Dios y
poner al hombre como centro de la sociedad y que todo gire en torno a él, como
ser libre que debe ser respetado por todos sin ningún tipo de discriminación.
Es pretender que el antropocentrismo global construya un paraíso terrenal, algo
que el marxismo también pretendió.
El cristianismo predica que hay otra
Vida en la eternidad, que es el Reino de los Cielos y que todos estamos
llamados a llegar allí. Jesucristo viene al mundo para predicar el Reino de los
Cielos y a liberar al hombre de la esclavitud del pecado. El hombre es libre
cuando vive de acuerdo con la verdad y tiene claro su fin. La Iglesia recuerda
que todo ser humano debe ser teocéntrico.
El globalismo predica como ideal una
utopía de querer hacer un paraíso sin Dios. Los protocolos que propone son en
el fondo modos de ir contra Dios y la religión, como el marxismo y el
liberalismo absoluto.
Hoy nadie puede afirmar con fundamento
que el marxismo es compatible con el cristianismo, tampoco se puede afirmar que
la globalización lo es. Frente a esta realidad los cristianos no
podemos estar en babia. Urge despertar y reaccionar para que no nos metan
nuevamente en las catacumbas. (P. Manuel Tamayo).
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