LA CONDENA DEL MÁS BUENO
“Pilato les dijo: ¿Qué haré con Jesús
que es llamado Cristo? Le dijeron todos: ¡Sea crucificado! Y el gobernador les
dijo: ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban más diciendo: ¡Sea crucificado! Y
viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y
se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy de la sangre de
este justo, ¡allá ustedes!” (Mt, 27, 22-24)
COMENTARIO
Jesús, que era inocente y el más bueno de todos, tiene que pasar por el maltrato y el odio del hombre pecador. Recordemos que aquí se trata de unas autoridades corruptas que mienten e incitan al pueblo para que los apoye en la condena a un inocente.
Los tribunales, que competían en una
suerte de protagonismo, se movían por motivaciones totalmente políticas. La
verdad les traía sin cuidado. Todos procuraban buscar, a su manera “verdades”
para fundamentar una acusación.
A Jesús lo llamaron impostor, amigo de
publicanos y pecadores. Lo acusaban de haber infringido el sábado haciendo
milagros y de haberse hecho llamar Hijo de Dios. Le pedían demostraciones
extraordinarias, pero Jesucristo no se prestaba para atender a esos caprichos.
Al final después de muchas idas y
venidas y de haberlo maltratado miserablemente, en un juicio amañado,
totalmente singular y atípico, lo condenan sin pruebas para acusarlo y
condenarlo a muerte.
Estaban condenando a un inocente. Para
lograr ese objetivo sin tener mayores problemas manipularon para convencer al
pueblo y que sea el mismo pueblo el que lo condene. Con los medios que tenían fue
fácil sembrar el odio contra Jesús para condenarlo a muerte. Todo estaba
amarrado.
Ni siquiera sirvió compararlo con
Barrabás, el peor de los asesinos. Las grandes mayorías habían decidido ya su
condena.
La historia se repite
Esta historia se repite constantemente.
Lo estamos viendo a diario. Hoy se perdona al peor y se condena al mejor.
Proceden exactamente igual. Todo un aparato de autoridades conchabadas para tener el poder y dominarlo todo, tienen licencia
para cometer, de un modo habitual, las más grandes aberraciones contra la
justicia. Sin que nadie pueda hacer nada.
Condenan al inocente y
sueltan al culpable
Al que deben condenar no lo condenan,
dan un dilata eterno buscando salidas
para la impunidad total y a los que han cometido pequeñas faltas, que no tendrían mayor trascendencia, les
hacen un escándalo y los llaman criminales o personas peligrosas que hay que
evitar.
La democracia cuando no se sustenta en
la verdad es aberrante y terrorífica.
Que se junte un grupo disfrazado de
honradez y trasparencia para mentir diciendo que van conforme a la ley, tengan los cargos que tengan, para
conseguir poder y dominio, es algo que no se puede permitir.
Autoridades corruptas
Hoy estamos viendo autoridades corruptas
en todos los poderes del estado. Las decisiones se toman desde la corrupción y
por eso vemos movidas increíbles donde no está presente la justicia.
La ignorancia y el desconocimiento de la
antropología del ser humano dan cabida a “teorías” que atentan la dignidad de
la persona y el papel que deben desempeñar en la sociedad.
Al hombre lo convierten en un esclavo de
los sistemas con una autonomía para el libertinaje, que es otra esclavitud que
juega con los placeres y pasiones del ser humano.
A los que defienden las virtudes humanas
los llaman retrógrados e incluso discriminadores enemigos de la igualdad de las
personas. Y éstas personas, movidas por ideologías de interés, desconocen por
completo la doctrina cristiana que enseña la Iglesia y que tiene su fuente en
la Sagrada Escritura. La Biblia ya no les dice nada, los diez mandamientos les
parecen anticuados.
Esta ignorancia, bastante generalizada y
la corrupción de las autoridades, vuelve a poner en escena la Pasión y muerte
de Nuestro Señor Jesucristo.
Todo el camino del vía crucis, que
recorren nuevamente, los cristianos fieles al querer de Dios, es el que, a la larga, los sacará de los laberintos
que han creado los sembradores impuros del odio. El camino de Dios es el de la
verdad que nos hará libres. El otro, que llaman políticamente correcto, es el de la mentira y la hipocresía que siempre
termina mal.
El más bueno es Dios y Él nos ha dejado
a través de Jesucristo y de la Iglesia su Palabra que tiene vigencia para todas
las épocas. Urge escucharla y conocerla bien. Está dirigida a cada uno de
nosotros. Allí está nuestra vida y nuestra liberación, (P. Manuel Tamayo).
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