LOS SILENCIOS DE LA FATALIDAD
Se llama fatalidad a ciertos hechos negativos que tienen un carácter
inesperado, pues no estaban previstos y las posibilidades de que ocurrieran
eran remotas, nadie los esperaba y cuando aparecen se tienen como fatales. La
fatalidad de un hecho se basa precisamente en su imprevisibilidad. Cuando
decimos que algo es una fatalidad estamos indicando varias cosas: 1) es algo
muy negativo y que normalmente está asociado al sufrimiento. 2) es algo que
podría no haber ocurrido, pero desafortunadamente ha sucedido y 3) se trata de unos
hechos sobre los cuales intentamos dar una explicación, aunque
aparentemente no la tenga. (Wikipedia)
“Algunas personas se
han formado —deformado— de tal manera la conciencia que su mutismo, su falta de
sencillez, les parece una cosa recta: piensan que es bueno callar. Sucede
incluso con almas que han recibido una excelente preparación, que conocen las
cosas de Dios; quizá por eso encuentran motivos para convencerse de que
conviene callar. Pero están engañados. La sinceridad es necesaria siempre; no valen
excusas, aunque parezcan buenas”. (San Josemaría Escrivá,
“Amigos de Dios”).
“El infierno está lleno
de bocas cerradas” (San Josemaría Escrivá)
COMENTARIO
Todas las personas
tenemos que saber hablar y callar, de acuerdo a situaciones y circunstancias
que lo ameriten.
Hablar o callar en
situaciones delicadas y apremiantes, es un arte que procede de la educación que
se ha recibido.
Dios nos quiere
virtuosos y no personas alteradas o desubicadas, sin sensatez ni tino para para
lo que tengamos que comunicar.
Hay situaciones que
exigen en conciencia la urgencia de hablar cuanto antes y no dejarlo pasar para
otra oportunidad. No decirlo a tiempo puede ser fatal.
La
humildad es indispensable para todas las personas
La humildad, que es una gran virtud, la tiene el que
ama la verdad y sabe transmitirla con respeto y delicadeza en los momentos y en
las ocasiones pertinentes.
La persona humilde que
tiene un problema acude rápidamente a quien lo pueda ayudar para salir cuanto
antes de una situación que lo agobio o lo esclaviza.
Esa misma persona si ve
que no puede y no tiene condiciones para llevar adelante un encargo o un
trabajo que le encomienden, si realmente ama la verdad, porque es humilde, lo advierte y da un paso al costado como muestra
de honradez y responsabilidad.
Una autoridad tiene el
deber de decir siempre la verdad, aunque
esta sea dura, tiene que ver la forma de decirla, también con respeto y delicadeza, y no sentirse “dueño” de la
verdad; si se equivoca, debe reconocerlo con prontitud y pedir disculpas.
El arte
de rectificar y pedir perdón
“Es de
sabios rectificar” dice el refrán. Una persona terca y obsesiva, de
pensamiento único, lo más probable es que no sea idónea para ocupar cargos de
responsabilidad.
Se debe conocer bien la
trayectoria de una persona que se presenta para ocupar un cargo de
responsabilidad. Todo debe estar muy claro: su cultura, su carrera, su vida
personal, sus virtudes, sus experiencias y la capacidad para poder realizar,
con entereza y responsabilidad, el trabajo al que se presenta.
El arte
de hablar y de callar.
El ocultar algo que se
debería conocer, en la hoja de vida,
es una grave irresponsabilidad que desautoriza automáticamente a la persona
porque se pone en evidencia la voluntad de engañar.
Se entiende que existen
silencios buenos y responsables como el sigilo sacramental de los sacerdotes,
el silencio de oficio de los profesionales y todo lo que no se debe dar a
conocer de modo irresponsable y que atenta la honorabilidad de las personas.
Todos tenemos derecho a la vida privada y no tenemos porqué ir contándole a los
demás lo que forma parte del fuero interno.
Es importante
distinguir bien los silencios buenos de los malos. Estos últimos son los que
encierran una intención de mentir para desviar la atención de la verdad.
Una persona que es
elegida para un cargo público tiene que ser transparente y honrada en las
decisiones que toma y en su conducta habitual las 24 horas del día. A la gente
hay que decirles siempre la verdad en aquellos asuntos que tienen derecho a
saber. (P. Manuel Tamayo).
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