ASESORÍAS TRUCHAS
“En el diccionario castellano trucho significa falso, fraudulento”.
“Se conoce como asesoría al trabajo y el despacho de un asesor, que es una persona dedicada a brindar recomendaciones, sugerencias y consejos en su ámbito de especialización” (Diccionario).
Todo asesor del nivel
que sea, y en cualquier trabajo donde se le haya contratado, debe tener a la
verdad como criterio fundamental para que tenga sentido su asesoría.
La idoneidad de un
asesor la da fundamentalmente su amor a la verdad, su honradez y trasparencia
en el trabajo que está realizando. Antes de aceptar un contrato debe ver bien
quién requiere su asesoramiento y para qué lo quiere.
Un asesor no puede
aceptar asesorar a un delincuente para que siga delinquiendo o a personas que
tienen como criterio una ideología errónea desde el punto de vista
antropológico. En todo caso, para
continuar con su trabajo, debe pedir una rectificación en los criterios que
vayan contra el hombre o contra la sociedad.
De acuerdo a estas
consideraciones al terrorista se le puede asesorar solo para que deje el
terrorismo, lo mismo que al delincuente. No se puede asesorar aceptando
situaciones inmorales, mentiras, violencias que afecten a terceros, o cualquier
ideología que denigre a la persona humana con la corrupción o el odio.
Rectitud
de los asesores y de los asesorados
Los asesoramientos
están para que las personas no se equivoquen y corrijan todo aquello que les
puede llevar al error. La primera corrección recae sobre la persona misma. Cada
persona necesita corregir su vida de acuerdo a la verdad. Para esto están los asesores.
Un asesoramiento sin la
verdad sería trucho e indecente. Sería además una complicidad con el mal.
El asesor debe dar
luces para que el asesorado vea si es correcta su conducta, sus actitudes y la
dirección que debe tener su trabajo para el bien justo de todos.
Lamentablemente en el
mundo de hoy hay asesorías para matar y para robar. Se enseñan estrategias para
aplastar a otras personas, sacarlas del juego, e incluso eliminarlas.
Muchas asesorías
políticas en la actualidad son contratadas para conseguir estrategias y ganar
espacios, licitaciones o negocios, sin tener en cuenta la honradez y la
honestidad de los procedimientos.
Buscan con descaro y
cinismo extender una “legalidad” que es también trucha (falsa y mentirosa) pero que convenza a las grandes mayorías.
Son modos de actuar con
procedimientos que están muy por encima del bien y del mal. Es un empeño en
salir victoriosos, como sea, aunque
el costo social sea muy grande.
Cada persona necesita
un asesor experimentado y capacitado, pero fundamentalmente bueno, para que el
asesorado pueda realizar un trabajo adecuado y bien organizado en beneficio de
personas o instituciones que lo requieran.
Toda persona necesita,
antes de ser asesorada, tener una formación en virtudes humanas para que sus
expresiones y la relación que tenga con los demás, se den en un nivel de credibilidad
y aceptación, porque van acorde con el sentido común y la realidad de lo que se
transmite o se propone.
Una persona bien
formada en los aspectos morales y profesionales, que diga siempre la verdad, sea
justa en sus apreciaciones y responsable en sus actos, inspira confianza y da
seguridad.
Quien es responsable se
presenta y acepta un trabajo cuando ve que tiene preparación para el mismo, y
no lo acepta cuando ve que desconoce lo elemental, o que le falta preparación
para llevarlo bien.
Las asesorías también
sirven para encontrar personas idóneas para los cargos y para encontrar el
sitio que debe tener cada persona. Con la ayuda de un asesor una persona
aprende a situarse bien. (P. Manuel Tamayo).
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