21ROSAS ROJAS
Preludio de mejores tiempos
El 9 de julio de 1974 me encontraba en la convivencia de ordenandos, junto a 44 profesionales de distintos países del mundo, en una magnífica casa de retiros, a unos pocos kilómetros de Barcelona, llamada Castelldaura. La casa estaba situada en Premia del mar, en una especie de colina desde donde se podía divisar el mediterráneo, con sus puestas del sol, en el horizonte.
Era verano y hacía un calor terrible. En Lima mis papás hacían gestiones para poder estar presente en las ordenaciones y el 9 de julio de ese año, aterrizaba en Lima, procedente de Chile, San Josemaría Escrivá, acompañado del ahora beato, Álvaro del Portillo y de Don Javier Echevarría. Era la primera vez que San Josemaría venía al Perú por lo que había una emoción desbordante.
El P. Vicente Pazos, que era el consiliario, estuvo antes en Argentina para coger experiencia de la visita que San Josemaría estaba haciendo en ese país. Regresó deslumbrado al ver teatros llenos de gente, más de mil personas, asistiendo a las tertulias del Fundador del Opus Dei.
En Lima se había calculado que la tertulia general podría realizarse en el hall de Los Andes, donde podrían caber, muy apretadas, unas doscientas personas. No se sabía calcular cual sería el número de personas que vendrían a esas tertulias. El P. Pazos, con la experiencia de Argentina, advirtió que los espacios deberían ser mucho más grandes. Entonces se optó por los jardines de Miralba y de Larboleda.
21 años después
El 9 de julio de 1953, llegó el Opus Dei al Perú con el P. Manuel Botas. San Josemaría le había puesto en la primera página de su breviario, antes de salir: “¡Manolo más!”, confiando en su capacidad para hacer crecer y extender el Opus Dei en nuestro país.
El 9 de julio de 1974, cuando llega San Josemaría a Lima, se cumplían 21 años de la llegada del Opus Dei al Perú, era la mayoría de edad en aquel entonces.
Mons. Escrivá se encontró al entrar en la casa de la calle El Rosario, donde se alojó, (la sede de la Comisión regional), una bandeja con 21 rosas rojas, conmemorando la efemérides.
Desde Castelldaura, en el umbral de mi ordenación, pensaba en mi edad y en las circunstancias actuales. Ese mes cumplía 26 años y San Josemaría vio el Opus Dei, cuando tenía “26 años, gracia de Dios y buen humor” como decía él. Y pensaba yo, ahora que me voy a ordenar, está en mi tierra (Lima),San Josemaría. Esta consideración era como una llamada a la responsabilidad para ser un sacerdote “santo, alegre y deportista”, como quería Mons. Escrivá.
Bodas de oro sacerdotales
Ahora, al escribir esta nota, han pasado 50 años. En julio cumpliré 76 años de edad y en Agosto 50 de sacerdote.
Vuelve a repetirse una circunstancia similar: el Prelado del Opus Dei, Mons. Fernando Ocáriz, visitará el Perú este año 2024, en el mes de julio y agosto.
Son coincidencias que me invitan a una reflexión más profunda, en una época donde todos estamos unidos, contemplando detenidamente el carisma que hemos recibido de Dios a través de San Josemaría, ¡Qué responsabilidad!
Semana Santa 2024
En la tertulia con sacerdotes del último Congreso Internacional Universitario (UNIV), celebrado en Roma durante la Semana Santa, el Prelado del Opus Dei les sugería que repitieran la jaculatoria “Omnia in bonum” que significa “todo es para bien” haciéndoles ver que de Jesucristo y de la Iglesia solo pueden venir cosas buenas.
Acontecimientos históricos
San Josemaría ofreció su vida por la Iglesia y el Señor le llamó el 26 de junio de 1975. Fui de la última promoción de ordenados, estando San Josemaría vivo. A los 10 meses de nuestra ordenación San Josemaría se va al Cielo.
Siendo sacerdote joven me tocaron acontecimientos trascendentes que marcaron etapas históricas, en la Iglesia y en el Opus Dei: la elección de Don Álvaro del Portillo, como sucesor de San Josemaría, la elección del Papa San Juan Pablo II, la erección del Opus Dei como Prelatura personal, la beatificación y la canonización de San Josemaría, los nombramientos de Obispo Prelado del Opus Dei de Don Álvaro del Portillo y de Don Javier Echevarría.
Fueron años de roturación y de poner cimientos para lo que vendría después.
En aquellos años y también ahora, caminamos entre corazones y espinas, con una esperanza grande como la que expresaba San Josemaría el día de sus bodas de oro sacerdotales, dos meses antes de irse al Cielo:
“Una mirada atrás, un panorama inmenso, ¡tantos dolores! ¡tantas alegrías! y ahora: ¡todo alegrías, todo alegrías! Porque el dolor es como el martilleo del artista, que quiere hacer de cada uno de nosotros un crucifijo, el Cristo que hemos de ser!”
Un día el P. Amadeo Fuemayor, uno de los mayores del Opus Dei, ya fallecido, se encontraba en un tren de regreso a Pamplona. Había estado en Roma trabajando, era canonista, en la elaboración del nuevo código de Derecho Canónico.
En el tren se sentó a su lado una señora. Don Amadeo viajaba pensando en lo que estaba trabajando. La señora quiso darle conversación cuando el tren pasaba, en ese momento, por un cuartel de la marina. No se le ocurrió otra cosa que preguntarle: “Padre, ¿es usted sacerdote de la Armada?
Don Amadeo, que era muy listo y siempre contestaba con frases precisas, la miró y le dijo: “no señora, no soy sacerdote de la armada…pero sí soy sacerdote de lo que se está armando” haciendo alusión a todo lo bueno que vendría después para el Opus Dei y la Iglesia.
Don Amadeo sabía muy bien que el Opus Dei había nacido “para servir a la Iglesia, como la Iglesia desea ser servida”, algo que San Josemaría repetía frecuentemente.
Lo que se viene ahora
En estos tiempos nos encontramos en el umbral de algo muy grande y maravilloso que está por llegar. Llegarán, Dios mediante, tiempos increíbles, si nos portamos bien.
San Josemaría nos hacía soñar y nos decía que nos íbamos a quedar muy cortos con nuestros sueños. “La redención todavía continúa haciéndose” Se trata de algo muy bueno, como todo lo que viene de Dios.
Es urgente que muchos más se acerquen a Dios, para que no se pierdan y puedan gozar de las maravillas que el mismo Dios nos alcanzará cuando nos esforcemos por estar, cada día, más cerca de Él.
Como decía el mismo Señor en las Sagradas Escrituras: “El que pueda entender, que entienda” (P. Manuel Tamayo).
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