miércoles, 17 de abril de 2024

 LA EMOCIÓN DE LA PRIMERA MISA

La carrera hacia el altar y hacia el presbiterio

 

La preparación de la primera Misa va unida a la de las ordenaciones. Son meses de ensayos, aprendiendo los movimientos, las rúbricas y varias oraciones de memoria.

Es una instrucción intensa y minuciosa que garantice que cada uno esté muy bien preparado.

 

Las variaciones en la preparación

Como la gente es muy variada surgen también particularidades divertidas propias de la edad, yo me ordenaba a los 26 años, pero había otros que se ordenaban pasando los 50, y les costaba más aprenderse las cosas. El idioma también podía ser un obstáculo para algunos.

En medio de un ambiente familiar que era gratísimo, con las dificultades que podrían aparecer sorpresivamente, había un entusiasmo general con una dosis de nerviosismo que ponía “la piel de gallina”. Lo queríamos hacer todo muy bien y no fallar, pero no se lograba siempre.

Fue muy divertido cuando nos contaron que había un sacerdote recién ordenado que era muy pequeñito. Su primera Misa la tuvo en una Iglesia muy grande. Se revistió en la sacristía y los ornamentos eran también muy grandes, tanto que la casulla que se puso era muy gruesa y llegaba casi a tocar el suelo. Todo fue muy bien hasta que, al entrar a la Iglesia en procesión solemne, en el momento de la genuflexión, desapareció dentro de la casulla y hubo que recuperarlo con las risas y hasta carcajadas de la feligresía.

 

La Misa de la ordenación

Realmente la primera Misa es en el mismo día de las ordenaciones, donde todos concelebramos con el Obispo. Sin embargo, es costumbre celebrar una primera Misa solemne con la familia y los invitados, para agradecerle a Dios la llegada de un nuevo sacerdote y pedirle también por su fidelidad y santidad.

 

Los trabajos previos

Yo había preparado mi primera Misa Solemne muchos meses antes; al margen de todos los ensayos, había que mandar imprimir las estampas y las invitaciones. En esos años no existían los sistemas electrónicos, todo era a base de imprenta y correo.

Muchos de los que se ordenaron conmigo, celebramos una primera Misa  solemne en España, porque todavía nos íbamos a quedar un tiempo más en ese país para hacer nuestro “rodaje” (ganar experiencia en la práctica sacerdotal) y culminar algunos cursos que nos podían faltar para completar nuestros estudios. Luego celebraríamos otra primera Misa solemne al llegar a nuestro país.

Los que no éramos españoles podríamos escoger la ciudad y el lugar para un nuestra primera Misa. La mayoría escogía, lógicamente, un colegio mayor, una residencia, la capilla de una universidad o colegio, etc. Yo escogí la primera obra corporativa del Opus Dei en Bilbao: el colegio Gaztelueta.

Mi primera Misa Solemne en España fue el 8 de Agosto de 1974, era en pleno verano.

 

Asistentes a mi primera Misa

En Gaztelueta había un curso de estudios con chicos de distintas regiones de España. La Santa Misa la celebré en la capilla del colegio, que era bastante grande y espaciosa. Asistieron mis padres que fueron atendidos en todo momento, por el P. Manuel Botas, que viajó de Madrid a Bilbao, y por el matrimonio Otaduy, una pareja de supernumerarios.

El P. Botas fue mi padrino de capa y el P. Juan Francisco Onaindía, (Don Fanfi), que llegó al Perú, cuando era laico, para atender como médico en Madre de Dios (ceja de selva) y Yauyos (sierra), fue el que predicó la homilía.  

Asistieron varios amigos de Pamplona y Logroño. Entre los asistentes estaba el Dr. Francisco Ponz, que luego fue rector de la Universidad de Navarra, también estuvo el profesor Pedro Lombardía, canonista y uno de los pioneros de Navarra.

También asistió Carito Mac Mahón, “la condesa de la sangre y del espíritu” así la llamaba San Josemaría en una de las cartas que escribió en los primeros tiempos, porque esa mujer, de la nobleza, apoyó de un modo incondicional al Opus Dei cuando llegó a la ciudad de Bilbao.

 

Después de mi primera Misa

El P. Manuel Botas nos llevó a mis padres y a mi, a cenar a la casa de la familia Ibarra, donde estaba Carito. Una mansión muy elegante frente al mar.

En esa casa, antes de la cena, nos pasaron una película de 8 mm sobre la Misa de la primera comunión que celebró San Josemaría en la capilla de esa casa, para uno de los hijos de esa familia. Fue una cena muy grata donde el P. Botas y la familia Ibarra contaban a mis padres y a mi, los inicios de la labor del Opus Dei en Bilbao.

La familia Ibarra, por encargo del P. Botas, me regalo un álbum con fotos grandes y a color de mi primera Misa.

Otro día fuimos a cenar a casa de la familia Otaduy que se encargaba de atender a mis padres mientras yo estaba en los ensayos de la ordenación y la primera Misa. Con ellos fueron a conocer Bilbao y conversaron mucho sobre la Obra, les contaron que tienen dos hijos numerarios; uno de ellos, Javier, estudió conmigo en Roma.

Mis papás quedaron muy contentos con las atenciones recibidas y le guardaron siempre admiración y cariño al P. Manuel Botas y a los esposos Otaduy.

Saliendo de Bilbao llevé a mis padres a otras primeras Misas de algunos compañeros de ordenación.

Aprovechando el viaje de mis padres y la alegría de mi reciente ordenación, no quería perderme la oportunidad, estando tan cerca, de ir a rezar al Santuario de la Virgen de Lourdes con mis papás.

Llegando a San Sebastián alquilé un carro para ir a Lourdes. Me alojé en el Colegio Mayor Ayete y al día siguiente, muy temprano, salimos para llegar a Lourdes antes del medio día. No había tráfico y llegamos muy bien.

 

Rezando en la gruta de las apariciones

Lo primero que hicimos al llegar fue ir a rezar a la gruta de las apariciones, emocionado de tener a mis padres junto a mi, recé el rosario con especial devoción y luego, cautivado por el ambiente de piedad de ese lugar sagrado y bendecido, salí oxigenado espiritualmente y feliz de haber visitado a la Virgen en Lourdes, justo después de mi ordenación sacerdotal. Mis padres también estaban muy felices. Le agradecí a la Virgen y le pedí por ellos.

 

La primera Misa del P. Alfaro en Pamplona

Después de almorzar volvimos a San Sebastián para dirigimos enseguida a Pamplona para asistir a la Primera Misa Solemne del P. Jesús Alfaro.

Llegamos a Pamplona a media mañana, mis padres pudieron conocer parte del campus de la Universidad y el colegio Mayor Belagua, donde fue la Misa de Jesús. A primera hora de la tarde tuvimos el almuerzo y la tertulia. Ese día en Belagua hubo un ambiente de fiesta impresionante.

Estábamos convencidos que 44 sacerdotes recién ordenados podríamos cambiar el mundo; al Padre Alfaro y a mi nos tocaba cambiar el Perú. ¡Qué sueños!

 

Otros recorridos importantes

No podía dejar de ir a Logroño, ahora de sacerdote, donde había estado varios años. De laico, estuve atendiendo la labor del Club Glera de esa ciudad cerca de tres años. Tenía que pasar por allí, para agradecer a todos los que, grandes y chicos, estuvimos en las contiendas apostólicas de esos tiempos que, gracias a Dios, dieron muchas vocaciones. Para mi fueron años inolvidables donde se veía claramente la mano de la Providencia.

Con mis padres visitamos la casa de la calle Sagasta donde vivió San Josemaría. Estaba ocupada por la familia Marraco. Los padres eran supernumerarios y dos hijos: José y Javier son ahora sacerdotes numerarios, del resto de la familia no tengo noticias. Volvimos a Pamplona pronto porque no había más tiempo y tenía una visita pendiente a Santander.

Santander, era el lugar donde me iba a quedar para hacer “rodaje” que todo sacerdote recién ordenado debe hacer para ganar experiencia. Fui en auto con mis padres. El Centro donde iba a vivir en ese verano, se llamaba “Pereda”, era el único de Santander, había también una casa de retiro “Solares” en las afueras de la Ciudad.

Mis padres se alojaron en un hotel. En el Centro, saludé al Padre Rafael Asenjo (ya fallecido), que había asistido a mi primera Misa en Bilbao y conocí al P. Jaime Sánchez, que era más joven y deportista, gran aficionado al ciclismo, también estaba Tato Lucas, numerario mayor, y otros más jóvenes, que ahora no recuerdo.

En Santander dejé las maletas, les expliqué a mis padres lo que iba a hacer en esa ciudad. Alquilé otro carro para llevar a mis papás a Madrid, donde tomarían el avión de regreso para Lima.

 

Un día más en Madrid

En Bilbao el P. Botas me había pedido que, cuando fuera a Madrid, asistiera a la primera Misa del colombiano Juan de Dios Hoyos, en el Colegio Mayor Moncloa. El P. Botas, que también estuvo allí, nos recibió con mucha amabilidad.

Al terminar la Misa nos invitaron al almuerzo. No lo conocía, pero saludé al sub director de Moncloa, que era Antonio Abruña. Él se fue luego al Perú y es el actual rector de la Universidad de Piura.

De Moncloa el P. Botas, llevó a mis padres al hotel y a mi me alojó en su casa. Al día siguiente invitó a mis padres a una Misa que celebré para la administración, luego nos quedamos a desayunar y se armó una larga e interesante conversación, como todas las que organizaba el P. Botas con el extraordinario don de gentes que tenía.

En la madrugada viajaban mis padres. Don Manuel llamó a un sacerdote joven que se había ordenado conmigo para que me acompañara al aeropuerto a dejar a mis padres y me dio las llaves de su carro para que los llevara. Así pude despedir a mis papás, que estaban agradecidos de los gestos del P. Botas.

Cuando se fueron mis padres dejé al que me había acompañado en el Centro donde estaba alojado y me fui a la casa del P. Botas para dejarle el carro y dormir.

Si bien recuerdo habría llegado a las 2.00 am, a la casa del P. Botas, donde estaba alojado y al entrar a mi cuarto, la luz de la lámpara estaba encendida y la cama preparada para que pudiera acostarme. Eran los detalles de Don Manuel.  

Al día siguiente, cuando llegue a Santander me llamó por teléfono para preguntarme cómo estaba y si había llegado bien, sin ningún contratiempo, también me preguntó por mis padres. ¡Cuánto tengo que agradecer! (P. Manuel Tamayo).

 

 

 

 

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