EL AMOR ES LA CONQUISTA
DE UNA FUERZA ORDENADA Y TONIFICANTE
“El que por falta de
criterio deja suelto sus instintos y pasiones, lo normal es que se venga abajo
si no ve cumplidos sus deseos” (Antonio Fuentes Mendiola “Aprender a Madurar” pp 164).
“El que no aprende a
poner freno a sus impulsos interiores, sobre todo a los impulsos del placer
corporal, pierde su libertad” (Juan Luis Lorda, Virtudes, “Experiencias humanas y cristianas”,
pp. 91)
“Si tratamos el sexo o
cualquier otro bien como fines en sí mismos, pueden distraernos de Dios y
conducirnos al pecado” (Scott Hann, “Lo primero es el amor”, pp. 121)
COMENTARIO
Muchos confunden el amor
con una atracción o un sentimiento fuerte de adhesión hacia una persona. Aunque
la pasión pueda intervenir en el amor, no se puede concluir que el amor es la
pasión que se siente, tampoco la inclinación afectiva.
Los arrumacos sensuales entre el
hombre y la mujer suelen ser pasionales pero no necesariamente son amor. Esas
cercanías podrían llevar a un afán posesivo con un placer desordenado, proclive a caídas contra la virtud de la
pureza, que dejan un sabor
desagradable. Nadie puede negar, en
su justo juicio de conciencia, que
esto puede ser así y que de hecho podría ocurrir con relativa frecuencia.
Entonces ¿cómo hay que hacer para que el amor entre el hombre y la mujer
no tenga estas connotaciones sexuales? ¿es posible un amor casto sin esas inclinaciones? Y si no se dan esas
inclinaciones ¿dónde estaría lo
atractivo del amor?
Para entender lo que es
el amor es necesario elevarse un poco y salir de las pasiones que ciegan; la cabeza debe estar fría para que la
conciencia funcione y pueda descubrir el orden que debe tener todo corazón
humano.
La Sagrada Escritura
habla de una ley del amor. En el Antiguo Testamento aparece el primer
mandamiento. Amar a Dios sobre todas
las cosas, y en el Nuevo Testamento, el mismo Jesucristo
dice: “ámense unos a otros como yo los he amado”. Son leyes para enriquecer el corazón.
Cada persona debe ver en
conciencia si su propio amor coincide con la ley de Dios. Lo que se escapa de ese mandato terminaría
complicando y enredando al corazón:
podría darse una devaluación del amor, con un sentimiento de tristeza y una amargura esclavizante,
que es muy difícil de quitar.
En cambio, cuando se vive
la ley del amor se tiene una fuerza muy grande, de limpieza y pureza, que mueve al hombre hacia el bien, por amor a Dios y amor a los
demás.
Este amor ordenado es el
que hace felices a las personas durante toda su existencia, porque se trata de
la conquista de una fuerza ordenada y tonificante que crece y aumenta cada día ( P. Manuel Tamayo).
No hay comentarios:
Publicar un comentario