miércoles, 24 de agosto de 2016

EL AMOR ES LA CONQUISTA DE UNA FUERZA ORDENADA Y TONIFICANTE

“El que por falta de criterio deja suelto sus instintos y pasiones, lo normal es que se venga abajo si no ve cumplidos sus deseos” (Antonio Fuentes Mendiola “Aprender a Madurar” pp  164).

“El que no aprende a poner freno a sus impulsos interiores, sobre todo a los impulsos del placer corporal, pierde su libertad” (Juan Luis Lorda, Virtudes, “Experiencias humanas y cristianas”, pp. 91)

“Si tratamos el sexo o cualquier otro bien como fines en sí mismos, pueden distraernos de Dios y conducirnos al pecado” (Scott Hann, “Lo primero es el amor”, pp. 121)

COMENTARIO

Muchos confunden el amor con una atracción o un sentimiento fuerte de adhesión hacia una persona. Aunque la pasión pueda intervenir en el amor, no se puede concluir que el amor es la pasión que se siente, tampoco la inclinación afectiva.

Los arrumacos sensuales entre el hombre y la mujer suelen ser pasionales pero no necesariamente son amor. Esas cercanías podrían llevar a un afán posesivo con un placer desordenado, proclive a caídas contra la virtud de la pureza, que dejan un sabor desagradable. Nadie puede negar, en su justo juicio de conciencia, que esto puede ser así y que de hecho podría ocurrir con relativa frecuencia.

Entonces ¿cómo hay que hacer para que el amor entre el hombre y la mujer no tenga estas connotaciones sexuales? ¿es posible un amor casto sin esas inclinaciones?  Y si no se dan esas inclinaciones ¿dónde estaría lo atractivo del amor?

Para entender lo que es el amor es necesario elevarse un poco y salir de las pasiones que ciegan;  la cabeza debe estar fría para que la conciencia funcione y pueda descubrir el orden que debe tener todo corazón humano.

La Sagrada Escritura habla de una ley del amor. En el Antiguo Testamento aparece el primer mandamiento. Amar a Dios sobre todas las cosas,  y en el Nuevo Testamento, el mismo Jesucristo dice: “ámense unos a otros como yo los he amado”. Son leyes para enriquecer el corazón.

Cada persona debe ver en conciencia si su propio amor coincide con la ley de Dios.  Lo que se escapa de ese mandato terminaría complicando  y enredando al corazón: podría darse una devaluación del amor, con un sentimiento de tristeza y una amargura esclavizante, que es muy difícil de quitar.

En cambio, cuando se vive la ley del amor se tiene una fuerza muy grande, de limpieza y pureza, que mueve al hombre hacia el bien, por amor a Dios y amor a los demás.


Este amor ordenado es el que hace felices a las personas durante toda su existencia, porque se trata de la conquista de una fuerza ordenada y tonificante que crece y aumenta cada día ( P. Manuel Tamayo).

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