jueves, 18 de agosto de 2016

EL CORAZÓN NO SABE MANEJAR

“No quieres sujetarte a la Voluntad de Dios… y te acomodas, en cambio, a la voluntad de cualquier criaturilla”  (San Josemaría, Camino, n. 156).

“Me escribes: “Padre, tengo…dolor de muelas en el corazón” –No lo tomo a chacota, porque entiendo que te hace falta un buen dentista que te haga unas extracciones. ¡Si te dejaras!... (San Josemaría, Camino, n. 166).

“¡Ah, si hubiera roto al principio!”, me has dicho.- Ojalá no tengas que repetir esa exclamación tardía” (San Josemaría, Camino, n. 167).

“La verdad, la belleza y el bien, despojados de su ser, quedan reducidos a lo que “yo siento”, a lo que “me dicen los sentidos”. Con lo que se produce una inversión de la verdad, y hasta los mismos sentimientos se desnaturalizan. Algunos, como el amor, el dolor o el sufrimiento, quedan en una simple experiencia afectiva, en una emoción pasajera que se siente y luego se olvida” (Antonio Fuentes Mendiola, Aprender a madurar, pp. 172).

“Sujetar el corazón, dominar la afectividad, es el camino seguro para crecer por dentro y ganar en madurez….Para guardar limpio el corazón y madurar en el campo de los afectos, es preciso fortalecer la voluntad, en la convicción de que la virtud sólo puede alcanzarse con esfuerzo y gracia de Dios” (Antonio Fuentes, Aprender a Madurar, pp. 174).


COMENTARIO

Muchos creen que el hombre debe dejarse llevar por el corazón y no se dan cuenta que éste puede convertirse en un gran traidor. Si al corazón n o se le da un amor ordenado se venga, se apega y termina llenándose de vileza.

Todas las personas podemos sentir atracción por cosas o por personas. Eso puede ser bueno o malo. No hay que olvidarse que el ser humano está dañado por el pecado y lo que es placentero puede ser al mismo tiempo malicioso y engañoso.

El amor debe ser limpio y honrado, no malicioso. Hay que subrayar sobre todo el amor entre el hombre y la mujer donde existe una atracción y puede haber una tentación dirigida a lo que no es correcto.

La tentación es un engaño porque se piensa que algo malo es bueno y conveniente, o al menos tolerable o excusable y no se ve (o no se quiere ver) el daño que se puede desprender de un amor desordenado. La casuística universal es elocuente (millones de casos). Además suele ocurrir que cuando no se vive como se piensa se termina pensando como  se vive, elaborando teorías llenas de justificaciones.  Hay historias muy tristes que crecieron con un voluntarismo desordenado del que se dejó llevar solo por el corazón.

El que es tentado puede no percibir, en una primera etapa, la maldad de la acción que está realizando, porque procurará, con su voluntarismo, recubrirla de bondad, como si estuviera haciendo una acción urgente y necesaria. El sentimentalismo lo puede cegar, y el hombre cree que su acción el loable.

No es conveniente “rescatar” una bella rosa que está en medio de un pantano. El tentado no quiere ver el pantano y piensa que puede recuperar la rosa y que además su obra sería buena y hasta santa;  necesita que se le advierta para que despierte y vea que va a hundirse en el pantano junto con la rosa.

El corazón del hombre necesita un amor honrado y noble: que esté limpio, libre de pecado, que ame la pureza y el orden, que quiera primero a Dios con manifestaciones verdaderas de amor, después a la familia y a todos los que lo han querido con amor limpio y edificante.  


El corazón no sabe manejar, es necesario emplear la inteligencia para descubrir que la afectividad se ordena primero con el consejo de los papás en la casa y después con la ayuda de otras personas sanas y nobles de la familia o del círculo de amistades. Además cada persona necesita el consejo de algún director espiritual cercano, que lo anime con palabras llenas de esperanza y le facilite la frecuencia a los sacramentos. (P. Manuel Tamayo).

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