LOS TESOROS DEL HOGAR
“Los más jóvenes deben aprender que su
felicidad individual es impensable al margen de la felicidad familiar” (Scott Hahn, “Lo primero es el amor” pp. 125)
“Los ancianos son
una riqueza que no se puede ignorar… muchas veces he escuchado esto: ¿Cómo está usted? Bien
¿Y los hijos, cuántos tiene? Muchos ¿Y vienen a visitarle? Siempre, sí, vienen.
¿Y cuándo vinieron la última vez? Y la anciana, recuerdo una especialmente,
decía: “Por Navidad”. ¡Estábamos en agosto! ¡Ocho meses sin que los hijos
vinieran a visitarla! ¡Ocho meses abandonada! Esto se llama pecado mortal.
¿Entendido?” (Papa
Francisco, audiencia del 4 de marzo de 2016).
“Contad
con vuestros padres. ¡Tienen derecho a sentir que les queréis! Yo los quiero mucho
y rezo todos los días por ellos. Acercadles más a Dios…¿Cómo vamos a hacer una
cosa agradable a Dios si abandonamos las almas de quienes nos han querido tanto
en la tierra? (San
Josemaría Escrivá de Balaguer, Roma 1972)
COMENTARIO
El cuarto mandamiento de la ley de Dios: “honrar
padre y madre” está dirigido a todos los hijos al margen de
las circunstancias que puedan existir en sus vidas. El amor a los padres y a la
familia debe ir creciendo con el paso de los años si es que crece el amor a Dios.
Una persona que ama a Dios sobre todas las
cosas es paternalista con los hechos y por lo tanto con muchas
iniciativas a favor de su familia, donde procurará, en la medida de sus
posibilidades, estar cerca y presente, incentivando a sus parientes para que se
visiten entre ellos y estén siempre comunicados y unidos. Las actividades que
se organicen a favor de la familia son una bendición de Dios.
En los hogares y en la propia familia de sangre
nunca faltan los problemas y las dificultades o limitaciones de los parientes
que hacen sufrir a todos. Son una llamada para estar presentes de alguna
manera. Nunca es escusa pensar que hay otras personas que se ocuparán de
resolver esos inconvenientes. Todos los miembros de la familia tienen
obligación de estar cercanos.
El prestigio de buen cristiano es la buena
relación con la familia, que es a la vez un cimiento seguro para la calidad de
las relaciones con las demás personas. El amor a la familia no crea
incompatibilidad para el amor al prójimo.
El que es buen hijo saca adelante todo, no sesga su caridad
a un solo campo, (ya no sería caridad porque esta virtud no
admite sesgos). El excederse, que
es propio de la caridad, no es un desorden, es, en palabras del Beato Álvaro
del Portillo,: “un río que se sale de
madre” y que puede invadir muchos
campos con el “agua” del amor a Dios.
La
piedad es ingeniosa y admite muchas iniciativas para ayudar y hacer agradable
la vida a los demás. Ese ingenio se nota en la propia familia cuando el cariño
real se traduce en un una actitud magnánima de hechos concretos que llegan a
todos con la fuerza de un amor generoso, que
consigue acercamientos y llena los corazones con una alegría llena de
gratitud. (P. Manuel Tamayo).
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