miércoles, 31 de agosto de 2016

LOS TESOROS DEL HOGAR

“Los más jóvenes deben aprender que su felicidad individual es impensable al margen de la felicidad familiar” (Scott Hahn, “Lo primero es el amor” pp. 125)

“Los ancianos son una riqueza que no se puede ignorar… muchas veces he escuchado esto: ¿Cómo está usted? Bien ¿Y los hijos, cuántos tiene? Muchos ¿Y vienen a visitarle? Siempre, sí, vienen. ¿Y cuándo vinieron la última vez? Y la anciana, recuerdo una especialmente, decía: “Por Navidad”. ¡Estábamos en agosto! ¡Ocho meses sin que los hijos vinieran a visitarla! ¡Ocho meses abandonada! Esto se llama pecado mortal. ¿Entendido?” (Papa Francisco, audiencia del 4 de marzo de 2016).

“Contad con vuestros padres. ¡Tienen derecho a sentir que les queréis! Yo los quiero mucho y rezo todos los días por ellos. Acercadles más a Dios…¿Cómo vamos a hacer una cosa agradable a Dios si abandonamos las almas de quienes nos han querido tanto en la tierra? (San Josemaría Escrivá de Balaguer, Roma 1972)


COMENTARIO

El cuarto mandamiento de la ley de Dios: “honrar padre y madre” está dirigido a todos los hijos al margen de las circunstancias que puedan existir en sus vidas. El amor a los padres y a la familia debe ir creciendo con el paso de los años si es que  crece el amor a Dios.

Una persona que ama a Dios sobre todas las cosas es paternalista con los hechos y por lo tanto con muchas iniciativas a favor de su familia, donde procurará, en la medida de sus posibilidades, estar cerca y presente, incentivando a sus parientes para que se visiten entre ellos y estén siempre comunicados y unidos. Las actividades que se organicen a favor de la familia son una bendición de Dios.

En los hogares y en la propia familia de sangre nunca faltan los problemas y las dificultades o limitaciones de los parientes que hacen sufrir a todos. Son una llamada para estar presentes de alguna manera. Nunca es escusa pensar que hay otras personas que se ocuparán de resolver esos inconvenientes. Todos los miembros de la familia tienen obligación de estar cercanos.

El prestigio de buen cristiano es la buena relación con la familia, que es a la vez un cimiento seguro para la calidad de las relaciones con las demás personas. El amor a la familia no crea incompatibilidad para el amor al prójimo.

El que es buen hijo saca adelante todo, no sesga su caridad a un solo campo, (ya no sería caridad porque esta virtud no admite sesgos). El excederse, que es propio de la caridad, no es un desorden, es, en palabras del Beato Álvaro del Portillo,: “un río que se sale de madre”  y que puede invadir muchos campos con el “agua” del amor a Dios.


La piedad es ingeniosa y admite muchas iniciativas para ayudar y hacer agradable la vida a los demás. Ese ingenio se nota en la propia familia cuando el cariño real se traduce en un una actitud magnánima de hechos concretos que llegan a todos con la fuerza de un amor generoso, que  consigue acercamientos y llena los corazones con una alegría llena de gratitud. (P. Manuel Tamayo).

No hay comentarios:

Publicar un comentario