martes, 9 de agosto de 2016

EL PEOR ERROR DE UN ADOLESCENTE

“Ingrato es quien niega el beneficio recibido; ingrato es quien no lo restituye; pero del todo el más ingrato es quien lo olvida” (Séneca).

“La ingratitud es hija de la soberbia” (Miguel de Cervantes Saavedra).

“Cuando de un hombre habéis dicho que es un ingrato, habéis dicho todo lo peor que podéis decir de él” (Publio Siro).

“La ingratitud es índice de soberbia y egoísmo, cuando no de mala fe.  El que es ingrato se caracteriza porque minimiza o no reconoce el bien le hacen los demás. Se ha acostumbrado a recibir y no dice nada de los méritos y esfuerzos que ha hecho la persona que le alcanza las cosas con tanto cariño.  Los favores que recibe, lejos de inspirarle agradecimiento, le inspiran una cierta molestia. La ingratitud puede provenir de una falta de madurez acompañada de una mediocridad espiritual. El adolescente que está encerrado en su mundo egoísta no sabe reconocer y valorar lo que recibe, no tiene manifestaciones de agradecimiento y de correspondencia. Es una imagen muy triste que produce desconsuelo a las personas que lo aprecian y lo quieren.  Los hijos ingratos deben saber que muchas veces los padres se sacan el pan de la boca para dárselos a ellos. Es necesario decirle cuanto antes, al adolescente ingrato, la verdad sobre la dureza de la vida y que entienda que si la vida le es fácil es porque otros están sacrificándose por él. El centrarse en uno mismo corrompe a la persona, es por eso que  la ingratitud puede destruir las relaciones humanas e impedir que se formen otras nuevas”. (vid. La ingratitud de las personas)


COMENTARIO
El peor error que puede cometer un adolescente es no luchar contra la ingratitud. La falta de agradecimiento y cariño de los chicos a las personas que se han sacrificado por ellos, para que sean mejores, es lo que más les va a doler cuando pasen los años y cuando ya no estén esas personas que se dieron con tanto sacrificio y amor. Además, si no hay una reacción rápida para rectificar y cambiar, van a tener graves problemas en las relaciones humanas que podrían terminar en una fuerte depresión o en una horrible soledad.

Cuando se observa que los chicos: reciben y no dan, se aíslan en sus cosas, no comunican lo que están haciendo, les molesta que se les pregunte, prefieren los amigos a su casa, tratan mejor a quien no les da nada que a los que le dan, se muestran silenciosos y prefieren guardar una distancia que estar cerca de los que lo quieren más, se puede decir que tienen el “cáncer” de la ingratitud y hay que hacerlos reaccionar enseguida para que no se  pierdan, con su terquedad egoísta,  al no recocer y valorar en el presente, el esfuerzo y el amor que ponen los que lo quieren. 


Muchas veces he escuchado decir: “¡Fui un idiota! Por no tratar bien a los que me querían de verdad”  Los adolescentes pueden evitar pasar por esta triste situación de inmadurez, si se les enseña a luchar con tiempo. Existen ejemplos edificantes de chicos que han aprendido a valorar y agradecer a sus seres queridos. Son causa de la felicidad y alegría de todos.  (P. Manuel Tamayo).

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