EL
PEOR ERROR DE UN ADOLESCENTE
“Ingrato es quien niega el beneficio recibido; ingrato
es quien no lo restituye; pero del todo el más ingrato es quien lo olvida” (Séneca).
“La ingratitud es hija de la soberbia” (Miguel
de Cervantes Saavedra).
“Cuando de un hombre habéis dicho que es un ingrato,
habéis dicho todo lo peor que podéis decir de él” (Publio
Siro).
“La ingratitud es índice de soberbia y egoísmo, cuando no de
mala fe. El que es ingrato se caracteriza porque minimiza o no reconoce
el bien le hacen los demás. Se ha acostumbrado a recibir y no dice nada de los
méritos y esfuerzos que ha hecho la persona que le alcanza las cosas con tanto
cariño. Los favores que recibe, lejos
de inspirarle agradecimiento, le inspiran una cierta molestia. La
ingratitud puede provenir de una falta de madurez acompañada de una mediocridad
espiritual. El adolescente que está encerrado en su mundo egoísta no sabe
reconocer y valorar lo que recibe, no tiene manifestaciones de agradecimiento y
de correspondencia. Es una imagen muy triste que produce desconsuelo a las
personas que lo aprecian y lo quieren. Los hijos ingratos deben saber que muchas veces los
padres se sacan el pan de la boca para dárselos a ellos. Es necesario decirle
cuanto antes, al adolescente ingrato, la verdad sobre la dureza de la vida y
que entienda que si la vida le es fácil es porque otros están sacrificándose
por él. El centrarse en uno mismo corrompe a la persona, es por eso que la ingratitud puede destruir las relaciones humanas
e impedir que se formen otras nuevas”. (vid. La ingratitud de las personas)
COMENTARIO
El peor error que puede
cometer un adolescente es no luchar contra la ingratitud. La falta de
agradecimiento y cariño de los chicos a las personas que se han sacrificado por
ellos, para que sean mejores, es lo que más les va a doler cuando pasen los
años y cuando ya no estén esas personas que se dieron con tanto sacrificio y
amor. Además, si no hay una reacción rápida para rectificar y cambiar, van a
tener graves problemas en las relaciones humanas que podrían terminar en una
fuerte depresión o en una horrible soledad.
Cuando se observa que los chicos: reciben y no dan, se aíslan en sus cosas, no comunican lo que están
haciendo, les molesta que se les pregunte, prefieren los amigos a su casa,
tratan mejor a quien no les da nada que a los que le dan, se muestran
silenciosos y prefieren guardar una distancia que estar cerca de los que lo
quieren más, se puede decir que tienen el “cáncer” de la ingratitud y hay
que hacerlos reaccionar enseguida para que no se pierdan, con
su terquedad egoísta, al no recocer
y valorar en el presente, el esfuerzo y el amor que ponen los que lo
quieren.
Muchas veces he escuchado
decir: “¡Fui un idiota! Por no tratar
bien a los que me querían de verdad” Los adolescentes pueden evitar pasar por esta
triste situación de inmadurez, si se les enseña a luchar con tiempo. Existen
ejemplos edificantes de chicos que han aprendido a valorar y agradecer a sus
seres queridos. Son causa de la felicidad y alegría de todos. (P.
Manuel Tamayo).
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