martes, 4 de septiembre de 2018


EL AUTÉNTICO AMOR AL PAPA

“Recen Por mi” (Papa Francisco)

"Gracias, Dios mío, por el amor al Papa que has puesto en mi corazón" (San Josemaría Escrivá).
“Tu más grande amor, tu mayor estima, tu más honda veneración, tu obediencia más rendida, tu mayor afecto ha de ser también para el Vice–Cristo en la tierra, para el Papa. -Hemos de pensar los católicos que, después de Dios y de nuestra Madre la Virgen Santísima, en la jerarquía del amor y de la autoridad, viene el Santo Padre” (San Josemaría Escrivá, Forja, 135)
“La fidelidad al Romano Pontífice implica una obligación clara y determinada: la de conocer el pensamiento del Papa, manifestado en Encíclicas o en otros documentos, haciendo cuanto esté de nuestra parte para que todos los católicos atiendan al magisterio del Padre Santo, y acomoden a esas enseñanzas su actuación en la vida” (San Josemaría Escrivá, Forja 633).


COMENTARIO

Hoy muchas personas no saben amar y viven confundidas, unas porque piensan que el amor es solo sentimiento, otras porque parten de un criterio subjetivo que nace del amor propio, otras porque lo identifican con la simpatía (me cae bien), y muchas porque lo mezclan con las pasiones, a veces desordenadas, y terminan enredados en un laberinto.

Es por eso que muchas personas no saben ni lo que quieren y muchas otras quieren equivocadamente lo que no conocen.

El amor al Papa no está exento de las limitaciones humanas señaladas en el primer párrafo, a las que hay que añadir las fuertes campañas del poder del mal que han existido siempre por influjo del diablo que ataca lo que es más noble y santo para derribarlo. Esto quizá muchos no lo entiendan bien y se queden con la duda. Es solo cuestión de fe.

Un buen católico que ama a Dios sobre todas las cosas ama, con el mismo corazón al Vicario de Cristo en la tierra, que es el Papa, quien quiera que sea. El católico que ha entendido bien como debe tener su propio corazón ama al Papa actual y no hace comparaciones con los otros.

A cada Papa hay que amarlo en su tiempo y luego ese amor persiste a través del tiempo y es un mismo amor que va creciendo y va amando a los Papas que vengan luego. No se para a considerar como es, ni cómo piensa, ni de donde es; basta que sea el Papa y ya se le ama entrañablemente.

El amor al Papa no procede de un voluntarismo, no es un esfuerzo ciego que uno haga por el hecho de que hay que quererlo. Procede del amor a Dios que habitualmente se lleva en el corazón y ese amor a Dios ordenado mueve las pasiones y los sentimientos en una dirección que engarza perfectamente con los corazones que se encuentran en esa misma dirección. Esa es la unidad auténtica que procede de un amor auténtico de un corazón que tiene a Dios.

Al Papa, y a ninguna persona, se le puede amar “diplomáticamente” con gestos, posturas, cumplidos, manifestando estar en la misma línea y tal vez deseando por dentro algo distinto a ese amor grande que se debe tener.

Las posturas artificiales con sus respectivos silencios no son correctas. Cada uno puede darse cuenta si ama o no ama y si un católico descubre que no tiene amor al Papa está fallando él y no el Papa, ni las circunstancias que acompañan al Santo Padre. El amor de cada uno debe ser real, grande y entrañable. Este amor ordenado es gratificante porque es auténtico y libre. Es más libre el que sabe amar lo que debe amar.

El amor auténtico no solo es respetuoso, hay también un afán grande de alcanzar lo mejor y un deseo de bien que es nobleza y lealtad.

Recemos con amor por el Papa y por la Iglesia como pedía San Josemaría.  Es cuestión de fe y de amor a Dios. “El que pueda entender que entienda” (P. Manuel Tamayo)

1 comentario:

  1. Estimado Padre Manuel:

    Buenos días, mi amiga y yo leemos su blogs pero me gustaría que nos hable del amor a la Iglesia, entiendo el amor al Papa pero a la Iglesia?, hoy por hoy que esta venida a menos por quienes la conforman !!.

    Gracias

    Rene y Yo

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