EL ENORME CARIÑO DE UNA AUTÉNTICA PATERNIDAD
“Cuando Jesús nos enseña el Padrenuestro, nos
hace entrar en la paternidad de Dios y nos muestra el modo para entrar en el
diálogo orante y directo con Él a través del camino de la confianza filial. Es
un diálogo entre el papá y su hijo, de hijo con el papá” (Papa Francisco, Angelus, 28-VII-19).
“Muchas veces vamos por la vida como
si hubiéramos llegado aquí por arte de magia, creyendo que todo lo obtenemos de
nuestros padres es nuestro derecho. Quizás esa sea cierto hasta cierta edad;
sin embargo, cuando ya tenemos conciencia de todo lo que nuestros padres hacen
por nosotros, deberíamos actuar con más consideración y respeto hacia ellos. Por
fortuna, a todos nos llega una edad donde -a la fuerza o por las buenas-, nos
damos cuenta de cómo es la vida real de un ser humano. A algunas personas les
llega con la mayoría de edad, mientras que otros se dan cuenta con un fuerte
golpe de la vida” (Erika
Patricia Otero).
“Los
padres no son perfectos y no esperamos que lo sean. Es cierto que cuando somos
niños idolatramos a nuestros padres, ellos son el reflejo de
la persona que aspiramos llegar a ser; pese a eso, esa visión cambia cuando
llegamos a la adolescencia y comenzamos a entrever sus fallas. Comenzamos a
notar que muchas veces nos piden que hagamos cosas que ellos no hacen, que de
vez en cuando nos mienten, aunque insisten en que seamos honestos con ellos. Es
entonces cuando comenzamos a reprocharles sus
fallas. A esa edad nos sentimos los dueños del mundo y creemos que jamás
sintieron o pensaron como nosotros. Solo en la edad adulta nos damos cuenta de
lo equivocados que estábamos. Si, ellos no son perfectos; pero de hecho saben
mucho más que nosotros tanto por su edad como por sus experiencias. Por eso,
por todos sus dolores y sufrimientos es que tratan de que nosotros hagamos las
cosas que ellos no hicieron, que no cometamos los errores que ellos cometieron;
ellos desean que tengamos una vida que ellos no tuvieron” (Erika
Patricia Otero).
“Todo lo
que tuviste y tienes lo debes a tus padres. Aunque te cueste
reconocerlo o el orgullo no te lo permita, si tienes cierto grado de estudio o
una mejor posición económica e incluso una familia más estable y una casa más
bonita; todo lo debes a tus padres y te voy a decir la razón. Tus padres en
primera te dieron la vida. Muchas veces se fueron a la cama agotados de
cansancio tras cuidarte después de una enfermedad, dejaron de comprarse cosas
que necesitaban para que tuvieras cubiertas tus necesidades. Además de eso,
asumieron deudas increíbles para que fueras a estudiar esa carrera que
deseabas, y aunque fuera algo que no querías estudiar lo hiciste porque de una
forma u otra tenías la certeza que eso te iba a llevar a un mejor futuro. Lo quieras
o no, estás en deuda” (Erika Patricia Otero).
“Hay
personas que no fueron cuidados por sus padres y
en cambio fueron sus tíos, abuelos, u
otras personas los que vieron por ellos. Son personas que dieron bondad, cuidado
cariño, con todos los defectos que tenían. Personas a las que les debes mucho, no
esperes a su muerte para decirle: «Gracias por todo». Ve a verlos, visítalos,
abrázalos y diles cuanto les amas, hoy” (Erika Patricia Otero).
COMENTARIO
En los hogares donde el padre está presente y cercano a los hijos se
sabe fácilmente lo que es el cariño paterno, que además es indispensable para
el crecimiento armónico de una persona. Cuando falta el padre se hace muy
difícil saber en qué consiste realmente ese cariño. Las personas que no ha
recibido el cariño de su padre durante la niñez y la adolescencia tienen, salvo contadas excepciones, bastantes
desventajas para comprender y saber en qué consiste la afectividad de un padre.
Es muy penoso cuando el desarreglo de los padres afecta a la
personalidad de los hijos en su formación afectiva. Esto sucede cuando los
niños tienen un padre o una madre que expresan su egoísmo como si fuera amor.
El deseo de posesión del hijo para su propia satisfacción, sintiéndose
propietarios o dueños. Ese afán egoísta de los padres le quita todo el valor a
la maternidad o a la paternidad.
El amor auténtico es oblativo, de entrega y de sacrificio. El sentimentalismo
egoísta no es amor; la persona que lo
posee está impedida de saber lo que es un amor de entrega y de servicio, que
respeta la libertad de la persona amada. Un padre o una madre egoísta puede que
tengan una noción teórica de lo que es el amor de padres, pero no tienen la
experiencia de la autenticidad amor, que es además una participación de la
Paternidad divina.
Sin una auténtica paternidad se crea en el hogar un vacío muy grande que
es difícil de llenar y la persona que no ha recibido el amor de un padre suele
quedarse afectada, y le costará mucho
entender en qué consiste el cariño paterno, limpio y ordenado.
En el cuarto mandamiento de la ley de Dios, honrar padre y madre, se nos
recuerda la obligación que tenemos como personas de querer a nuestros padres y
a las autoridades vigentes a pesar de sus limitaciones y errores. También se
recuerda la obligación que tienen los padres y las autoridades de querer a sus
hijos y a los súbditos. Toda persona debe vivir la caridad, amor a Dios y amor
a los demás, en todo momento y más especialmente con las personas cercanas.
Cuando vivimos cerca de las personas nos fijamos con facilidad en los
defectos y limitaciones. La sinceridad y honestidad no nos piden señalar los
defectos calificando a esas personas que tenemos que amar. A todos nos toca
amar a personas con grandes defectos y limitaciones. Quien critica a las personas debe escuchar lo
que dice el Señor en las Sagradas Escrituras: “antes de ver la paja en el ojo de tu hermano, repara la viga que hay
en el tuyo” La crítica y la
calificación peyorativa habitual no suele ser de personas inteligentes y es más
bien de personas que no han aprendido a querer.
El amor al prójimo empieza siempre por el cuarto mandamiento del
decálogo. Hoy urge rescatar la filiación
y la paternidad que parecen perdidas. (P. Manuel Tamayo).
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