viernes, 2 de agosto de 2019


EL ENORME CARIÑO DE UNA AUTÉNTICA    PATERNIDAD
“Cuando Jesús nos enseña el Padrenuestro, nos hace entrar en la paternidad de Dios y nos muestra el modo para entrar en el diálogo orante y directo con Él a través del camino de la confianza filial. Es un diálogo entre el papá y su hijo, de hijo con el papá” (Papa Francisco, Angelus, 28-VII-19).
“Muchas veces vamos por la vida como si hubiéramos llegado aquí por arte de magia, creyendo que todo lo obtenemos de nuestros padres es nuestro derecho. Quizás esa sea cierto hasta cierta edad; sin embargo, cuando ya tenemos conciencia de todo lo que nuestros padres hacen por nosotros, deberíamos actuar con más consideración y respeto hacia ellos. Por fortuna, a todos nos llega una edad donde -a la fuerza o por las buenas-, nos damos cuenta de cómo es la vida real de un ser humano. A algunas personas les llega con la mayoría de edad, mientras que otros se dan cuenta con un fuerte golpe de la vida” (Erika Patricia Otero).
“Los padres no son perfectos y no esperamos que lo sean. Es cierto que cuando somos niños idolatramos a nuestros padres, ellos son el reflejo de la persona que aspiramos llegar a ser; pese a eso, esa visión cambia cuando llegamos a la adolescencia y comenzamos a entrever sus fallas. Comenzamos a notar que muchas veces nos piden que hagamos cosas que ellos no hacen, que de vez en cuando nos mienten, aunque insisten en que seamos honestos con ellos. Es entonces cuando comenzamos a reprocharles sus fallas. A esa edad nos sentimos los dueños del mundo y creemos que jamás sintieron o pensaron como nosotros. Solo en la edad adulta nos damos cuenta de lo equivocados que estábamos. Si, ellos no son perfectos; pero de hecho saben mucho más que nosotros tanto por su edad como por sus experiencias. Por eso, por todos sus dolores y sufrimientos es que tratan de que nosotros hagamos las cosas que ellos no hicieron, que no cometamos los errores que ellos cometieron; ellos desean que tengamos una vida que ellos no tuvieron”  (Erika Patricia Otero).
“Todo lo que tuviste y tienes lo debes a tus padres. Aunque te cueste reconocerlo o el orgullo no te lo permita, si tienes cierto grado de estudio o una mejor posición económica e incluso una familia más estable y una casa más bonita; todo lo debes a tus padres y te voy a decir la razón. Tus padres en primera te dieron la vida. Muchas veces se fueron a la cama agotados de cansancio tras cuidarte después de una enfermedad, dejaron de comprarse cosas que necesitaban para que tuvieras cubiertas tus necesidades. Además de eso, asumieron deudas increíbles para que fueras a estudiar esa carrera que deseabas, y aunque fuera algo que no querías estudiar lo hiciste porque de una forma u otra tenías la certeza que eso te iba a llevar a un mejor futuro. Lo quieras o no, estás en deuda”  (Erika Patricia Otero).
“Hay personas que no fueron cuidados por sus padres y en cambio fueron sus tíos,  abuelos, u otras personas los que vieron por ellos.  Son personas que dieron bondad, cuidado cariño, con todos los defectos que tenían. Personas a las que les debes mucho, no esperes a su muerte para decirle: «Gracias por todo». Ve a verlos, visítalos, abrázalos y diles cuanto les amas, hoy”  (Erika Patricia Otero). 

COMENTARIO
En los hogares donde el padre está presente y cercano a los hijos se sabe fácilmente lo que es el cariño paterno, que además es indispensable para el crecimiento armónico de una persona. Cuando falta el padre se hace muy difícil saber en qué consiste realmente ese cariño. Las personas que no ha recibido el cariño de su padre durante la niñez y la adolescencia tienen, salvo contadas excepciones, bastantes desventajas para comprender y saber en qué consiste la afectividad de un padre. 
Es muy penoso cuando el desarreglo de los padres afecta a la personalidad de los hijos en su formación afectiva. Esto sucede cuando los niños tienen un padre o una madre que expresan su egoísmo como si fuera amor. El deseo de posesión del hijo para su propia satisfacción, sintiéndose propietarios o dueños. Ese afán egoísta de los padres le quita todo el valor a la maternidad o a la paternidad.
El amor auténtico es oblativo, de entrega y de sacrificio. El sentimentalismo egoísta no es amor;  la persona que lo posee está impedida de saber lo que es un amor de entrega y de servicio, que respeta la libertad de la persona amada. Un padre o una madre egoísta puede que tengan una noción teórica de lo que es el amor de padres, pero no tienen la experiencia de la autenticidad amor, que es además una participación de la Paternidad divina.  
Sin una auténtica paternidad se crea en el hogar un vacío muy grande que es difícil de llenar y la persona que no ha recibido el amor de un padre suele quedarse afectada,  y le costará mucho entender en qué consiste el cariño paterno, limpio y ordenado.
En el cuarto mandamiento de la ley de Dios, honrar padre y madre, se nos recuerda la obligación que tenemos como personas de querer a nuestros padres y a las autoridades vigentes a pesar de sus limitaciones y errores. También se recuerda la obligación que tienen los padres y las autoridades de querer a sus hijos y a los súbditos. Toda persona debe vivir la caridad, amor a Dios y amor a los demás, en todo momento y más especialmente con las personas cercanas.
Cuando vivimos cerca de las personas nos fijamos con facilidad en los defectos y limitaciones. La sinceridad y honestidad no nos piden señalar los defectos calificando a esas personas que tenemos que amar. A todos nos toca amar a personas con grandes defectos y limitaciones.  Quien critica a las personas debe escuchar lo que dice el Señor en las Sagradas Escrituras: “antes de ver la paja en el ojo de tu hermano, repara la viga que hay en el tuyo”  La crítica y la calificación peyorativa habitual no suele ser de personas inteligentes y es más bien de personas que no han aprendido a querer.
El amor al prójimo empieza siempre por el cuarto mandamiento del decálogo. Hoy urge rescatar la filiación y la paternidad que parecen perdidas. (P. Manuel Tamayo).



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